Crónicas emigrantes - Dos ejemplos de vida habitan en la Fundación Nutrir | soyperiodista.com
17 de Mayo de 2012
21 Octubre de 2011 | Crónicas emigrantes | Bogotá (Colombia)

Dos ejemplos de vida habitan en la Fundación Nutrir

Foto:Foto: Diego Hernán Pérez / Conexión Colombia
Foto: Diego Hernán Pérez / Conexión Colombia
Leíto es una de las voluntarias más activas de la Fundación Nutrir. La Fundación Nutrir vincula a las madres gestantes con sus hijos para que afiancen lazos familiares. La tienda 'Casi -Nuevo' sirve como opción de ingresos para suplir necesidades de la Fundación Nutrir, doña Delia es quien la atiende. Leíto realiza actividades lúdicas y de recreación para estimular a los niños de la Fundación Nutrir. Doña Delia de Díaz lleva más de 30 años ejerciendo el voluntariado. Doña Delia de Díaz tiene 87 años y es voluntaria de la Fundación Nutrir,
Leíto es una de las voluntarias más activas de la Fundación Nutrir.
La Fundación Nutrir vincula a las madres gestantes con sus hijos para que afiancen lazos familiares.
La tienda 'Casi -Nuevo' sirve como opción de ingresos para suplir necesidades de la Fundación Nutrir, doña Delia es quien la atiende.
Leíto realiza actividades lúdicas y de recreación para estimular a los niños de la Fundación Nutrir.
Doña Delia de Díaz lleva más de 30 años ejerciendo el voluntariado.
Doña Delia de Díaz tiene 87 años y es voluntaria de la Fundación Nutrir,

Doña Delia Díaz camina con dificultad por la acera del barrio Tibaibatá, en el profundo norte bogotano. Desde hace un año debe usar un bastón, pues tuvo que someterse a una cirugía de cadera. La nube blanca de pelo en su cabeza da cuenta de una larga vida, y en su hablar se siente el cariño que siente por la gente que ayuda desde hace más de treinta años.

Ella es voluntaria de la Fundación Nutrir, una entidad ubicada en el nororiente de Bogotá que se dedica a velar por el bienestar de niños y niñas en condiciones de desnutrición extrema. Nutrir, que está celebrando su trigésimo aniversario, tiene programas que van desde el cuidado nutricional de las madres gestantes hasta un comedor escolar para los niños del sector. 

Doña Delia llegó a Nutrir hace cuatro años, cuando se cerró el Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos, donde participó en el voluntariado durante 28 años. Su vida de servicio desinteresado comenzó prácticamente por casualiadad. Un jovencita que pedía limosna cerca de su casa tuvo un accidente y doña Delia la encontró sangrando en la calle. Inmediatamente la llevó al hospital, donde atendieron a la chica. Ese día conoció al grupo de voluntarias e inmediatamente se sintió atraída por la actividad que realizaban.

Para esa época, las dos hijas de doña Delia  estaban en edad escolar y demandaban toda su atención, pero se prometió a sí misma que una vez sus hijas salieran del colegio, ella se convertiría en toda una voluntaria.

Así fue como durante 28 años esta dulce ama de casa se trasladó todos los días al Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos, ayudando en todo tipo de tareas pero sobre todo, dando consuelo a pacientes y a sus familias en sus momentos de angustia y enfermedad.

Desafortunadamente, el hospital cambió su rumbo en 2006, pero eso no acabó con el deseo de ayudar de doña Delia y sus compañeras. Cinco de ellas se pusieron en contacto con la Fundación Nutrir, donde las recibieron con los brazos abiertos.

Allí pusieron en marcha una pequeña tienda donde venden ropa a los habitantes del sector a precios que ellos fácilmente pueden pagar. Es común encontrar chaquetas de invierno por $5.000 pesos, pantalones a $3.000, etc. Toda la ropa proviene de donaciones, la mayoría conseguida por el grupo de voluntarias.

Además, doña Delia se ocupa de enseñarles a las madres gestantes a tejer. El trabajo que realiza es una terapia para las madres que a menudo son menores de edad con unas condiciones de vida como abandono y abuso, que no solo ponen sus vidas en riesgo, también ponen en riesgo el bienestar de los hijos que están por nacer.

Así es como, mientras tejen, estas madres gestantes van creando lazos de amistad. A medida que las cobijas y escarpines que tejen para sus bebés van tomando forma, ellas conversan y aprenden que hay muchas más personas en su situación, que no están solas, y que pueden darles un mejor futuro a sus hijos. Un ejemplo de cómo puede darse esperanza a un grupo de personas sin mucho esfuerzo ni dinero.

Por eso doña Delia no permite que nada ni nadie interfiera con su trabajo. Ni siquiera su marido desde hace 53 años, quien sufre de la enfermedad de Parkinson, pues sus hijas se comprometieron a ayudar a cuidarlo con tal de que ella pueda continuar con su rutina.

Junto a doña Delia trabaja Leíto, como se conoce en la Fundación a Leonor Pardo Ucrós. Ella comenzó como voluntaria el año pasado asistiendo dos días a la semana, pero se enamoró de la fundación y de los niños. Ahora va todos los días, entregada completamente a su trabajo, y los niños la adoran pues se comunica con ellos en un nivel muy especial. Está tan comprometida con Nutrir, que ella misma consiguió entre sus amigos regalos de Navidad para cada uno de los niños de Nutrir, y ayudó a organizar la celebración de su trigésimo aniversario.

Lo que resulta llamativo es que Leíto tiene una discapacidad mental que le impide trabajar o asistir a la universidad. Sin embargo, en Nutrir ha encontrado un espacio donde su capacidad de dar afecto la ha convertido en un personaje fundamental en la dinámica diaria de la Fundación, y ella siente que su vida tiene un sentido. Tanto así, que asegura que si le ofrecieran pagarle honorarios por su trabajo, no los recibiría. Su recompensa está en llegar a su casa todos los días sabiendo que hizo felices a un grupo de niños que, por fuera de la Fundación, enfrentan una realidad de carencia alimentaria y afectiva que ningún infante debería vivir.

Doña Delia y Leíto son dos personas que entendieron que la vida es más grande cuando se hace algo por ayudar a los demás, y que en el mundo hay mucha gente que necesita de nuestra colaboración. Saber que con su tiempo y dedicación alguien vive más feliz es su recompensa. 

Por: Conexión Colombia/

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