24 de octubre de 2014
23 Febrero de 2012 | Crónicas emigrantes | Bogotá (Colombia)

Historias de superación en El Salado

Foto:Fundación SER
Fundación SER
Imagen asociada
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Mientras vivió en el corregimiento de El Salado, el padre de Emiliana María Arias Ponce, siempre le dio buen ejemplo con su trabajo y esfuerzo aun cuando no sabía leer ni escribir. Cuando él murió la familia de Emiliana heredó una casa, una finca y ganado; sin embargo no pasó mucho tiempo cuando en el año 2000 fueron víctimas del desplazamiento forzado, por lo que perdieron y malvendieron sus cosas para poder tomar, cada uno, su propio rumbo.

Emiliana recuerda con alegría cómo era su vida antes de salir de El Salado: “Yo era educadora de 1º a 5º elemental, trabajé 15 años con el municipio y en mi casa tenía un colegio de “banqueta”, desde preescolar hasta tercero elemental, los niños de ahí pasaban a otro colegio allá abajo. Aunque muchos de los que fueron mis alumnos ya son profesionales, todavía me dicen “seño”.

Al salir de El Salado su situación se complicó, pero como estaba preparada para asumir cualquier rol pudo mantener a sus dos hijas, para lo cual primero se desempeñó como empleada familiar. “La situación fue difícil pero nunca anduve pidiendo, sino siempre trabajando, fui lavadora, planchadora y cocinera, sé hacer todas las cosas” comenta.

“Luego aprendí a hacer de todo, ajuares de bebé, pañaleras, canastillas, toldos y duré 10 años trabajando como modista, cocía, pegaba marquillas, hacia suéteres”. Cuando la situación en El Salado se normalizó Emiliana decidió regresar para cuidar a su mamá y con el recurso que había ahorrado pudo adquirir su pequeña tienda “Cambalache”, con la esperanza de poder ampliarla.

Gracias a un convenio entre Fundación SER y Fundación SEMANA, en el año 2010 llegó a El Salado el Proyecto de Reactivación Económica y Seguridad Alimentaria, a través del cual Emiliana logró mejorar su tienda. “Con el dinero que me prestaron compré un horno microondas, compré productos que no vendía como los lácteos, las gaseosas, los cereales, muchas cosas que no vendía, ahora vendo también perros calientes”.

Emiliana asegura que anteriormente la contabilidad que hacía del negocio era desorganizada, por eso el ciclo de capacitaciones del proyecto le ha sido de gran utilidad pues ha aprendido la manera práctica de administrar su tienda y de hacer un seguimiento a la rentabilidad de la misma.

“Tengo mi nevera, tengo mi congelador, mi vitrina, mi tienda está surtida. Ahora gano más, ayudo a mis hijas, antes no tenía para que estudiaran en la universidad y ahora, aunque están casadas, están estudiando por mi ayuda”, explica.

Además con el desarrollo del componente de Seguridad Alimentaria Emiliana pudo implementar su propio patio productivo, a través del cual ha podido incrementar el consumo de verduras. “Yo tenía el azúcar alta pero la he podido mantener con los vegetales que los médicos me mandaron a consumir y ahora que tengo el patio productivo consumo más cantidad”.

La capacitación sobre manipulación y procesamiento de alimentos en la que participó incentivó su esmero de inyectarle siempre nuevas ideas a su negocio, pues ahora contempla la posibilidad de poner a la venta diferentes tipos de alimentos para incrementar aún más sus ingresos. Es así como la familia de Emiliana además de haber recuperado las esperanzas de vivir mejor, ha adquirido mayor organización en sus actividades.

HENRY BALLESTAS RUEDA
Fundación SER

Por: Soy Periodista/

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