Crónicas emigrantes - Calibrando un futuro mejor | soyperiodista.com
20 de Junio de 2013
12 Mayo de 2012 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

Calibrando un futuro mejor

Calibrando un futuro mejor
Foto:Paola Aguilar

 “Uno llega aquí sin nada, sin plata, sin trabajo, uno llega a guerrearla”. Cuenta  Javier Ricardo Gómez Páez, un joven de 25 años que ha dedicado su vida al trabajo informal. 

 

Garagoa es un municipio  situado en Boyaca, un lugar tranquilo, pero con pocas opciones de trabajo o estudio. Javier Gómez creció en un hogar difícil, con problemas de maltrato y pobreza, al vivir situaciones extremas, se dedicó  desde los 13 años a cargar bultos de arena, cuando cumplió 18 decidió ahorrar un mes lo  equivalente a $100.000, con este dinero se viene  a la ciudad de las “oportunidades”, Bogotá.

El  primer día Javier llegó a casa de un amigo en el barrio Perdomo, ubicado en la localidad de Ciudad Bolívar. Manuel, le dice que solo lo puede recibir por 15 días, por que la situación es dura y el sueldo no le da para tanto. Javier cuenta: “mi primer trabajo en Bogotá fue de cotero, me toco rebuscármela, en eso reciben mucha  gente, pero el trabajo es duro, igual yo hice hasta tercero de primaria y no sabia que mas hacer”.

La labor de cotero llevo a Javier a un nuevo rumbo, un “parcero” como él lo llama, le ayudo a conseguir trabajo en el trasporte público, duro 2 años como conductor de bus, lo que ganaba en un inicio le dejaba para pagar la cuota del pase, con el tiempo le tomo mucho amor al trabajo, “ en eso uno si ve la plata, aunque es un trabajo de 5 de la mañana  a 10 de la noche, además de chofer uno si que consigue mujeres y no crea yo me enamore”, dice Javier con lagrimas en los ojos, pues no puede negar que su “negrita”, la mujer que lo acompaña desde hace 4 años, le cambio la vida, además le trajo un gran regalo, Daniela su hija de 3 años.

La vida parecía tranquila, Javier  estaba sacando un préstamo en el Fondo Nacional del Ahorro para una casa, pero el 22 de Mayo del 2010, se sube una pasajera como cualquier otra, “Yo iba bien de velocidad , pero la gente tiene la costumbre de salir de afán y timbran pensando que uno les va a parar automáticamente, la señora empezó a decir déjeme aquí, y yo pare, ella se bajo y una moto se la llevo por delante”, se le nota en la voz quebrada el dolor que esto le dejo, la indemnización supera los $7.000.000, que pago de contado, pues la persona que sufrió el accidente necesitaba una cirugía inmediata, “mire los tombos nunca le ayudan a uno si uno no les  da plata, yo soy claro en mis vainas y no les di ni $1.000, por eso tengo varios partes, pero la conciencia tranquila”, Javier decidió retirarse de esta labor y buscar algo que le permitiera pagar sus   deudas.

“Yo pensé que no iba a salir de esa, pero me puse los pantalones y empecé mi trabajo como calibrador de ruta”. El horario que Javier cumple actualmente es de 5am hasta las 9pm, pero los fines de semana va hasta las 11pm, el transporte le sale gratis, conoce mucha  gente del gremio y siempre lo llevan hasta la 63 con 13, frente al parque de Lourdes, el almuerzo se lo empaca su esposa, “a mi me calientan el almuerzo en un restaurante donde ya me conocen, con eso me toca todo el día, muchos calibradores se gastan la plata en buenos almuerzos y se la pasan tomando, pero cuando uno tiene familia le toca hacer sacrificios, yo no quiero que mi hija pase por lo que yo pase”, trabajando 16 horas diarias y recibiendo entre 100 y 300 pesos por ruta, en las noches lleva  a su casa $30.000, “ la gente a veces no me cree pero de verdad que sin tener estudios en universidad, ni vestir traje elegante, me gano mucho mas que los de la alta sociedad”, Javier sonríe y hace un gesto de orgullo, por que su trabajo le da para vivir cómodamente y pagar las cuotas de la casa que por fin logro obtener.

Él considera que su trabajo actual le aporta mucho a la sociedad, por que se pueden evitar accidentes, si una ruta le lleva mucho tiempo a la otra, esa información puede ser de gran ayuda para que el compañero se vaya despacio y logren un equilibrio, Javier anota en sus planillas los tiempos exactos, tiene un cronometro, un esfero rojo. Con una gran sonrisa dice “no crea el cambio climático también nos afecta, yo traigo mi sombrilla, mi chaqueta, pero si sale el mono toca tener bloqueador y gorrita”.

Él se siente feliz como calibrador, muchas veces es juzgado por su forma de vestir o de hablar, la gente piensa que vende droga, pero sus palabras hacen ver la sinceridad y el esfuerzo de un hombre que tiene un objetivo claro…sacar su familia adelante.

 Debe seguir con su labor, la ultima frase que alcanzo a escuchar es “en la buena mi pez”, su ruta ha sido  bien calibrada, tiempos exactos y amable sonrisa caracterizan a este joven Boyacense, que como muchos vienen a Bogotá buscando un futuro mejor.

 

Por: Paola Yised Aguilar duarte/

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Comentarios

criticoncolombiano

criticoncolombiano

12 Mayo de 2012
8:35 pm

Buena crónica. ¡saludos!

Agidu

Agidu

14 Mayo de 2012
12:24 pm

Mil gracias criticoncolombiano