

Me da melancolía tener que despedirme de las líneas anteriores tanto como de dejar a una niña que me gustó, después de un paseo, y aunque nunca le dije nada, sé que nuestro romance murió en la vía, mientras yo dibujaba con el dedo el trazo de las líneas de la carretera, entre las líneas horizontales del vidrio trasero del Renault, que de por sí traía su tristeza francesa en los suspiros de los ensambladores, impregnados de transparencia baguettiana.
Despedirme de un cuento como cuando dejé aquella piedra en frente de la casa, después de haberla arrastrado durante varias calles.
Dejar el día con la luz del atardecer, acabar las horas y tener que comenzar en otro día sin tener la posibilidad de bajarse del mundo, o que la contemplación encantada del ocaso nos dejara en la eternidad de nuestras vidas.
Lo más triste de morir sería no contemplar sensitivamente nuestros momentos y la melancolía de despedirnos de nosotros mismos en las noches, pues cuando nos levantemos "le lendemain", no volverémos a ser los mismos.
La nostalgia de contar los techos y hallar formas coherentes en la arquitectura o los accidentes geográficos, con la misma alegría que le damos forma a las nubes.
De los más lindos recuerdos de mi grisácea vida, la de allá y la de acá, la de nombrar. Dejo la puerta cerrada, pero mis recuerdos son un pie que se interpone en esa puerta. Cambio de capítulo, pero esas reminiscencias continúan a ser un marcapaginas.
Escribo proyectos y soy un buscador de definiciones en general, defino por alusiones, como aquel que pinta las puertas con ilusiones.
Dentro de los oficios más rebuscados, instalar puertas en París o pintar las cajitas de la Poste de amarillo, son las más apetecidas por el público. Hacer amplias presentaciones de currículos para comprobar que no se es apto para lavar platos o cuidar un edificio, pero sí para contemplar.
Debería mi CV incluir todas mis derrotas, desde el no ser elegido como Pluto en una audición para Disney, hasta el trabajar por tiempo limitado dentro de un Pub, sin poder sentarme a tomar con los clientes.
Explicarme porque el supermercado barato me descontenta, porque los indigentes tienen más dinero para escoger sus productos que yo, quien abrí una cuenta en un banco que me dio 80 euros y después me los quito y me cobró más, porque no sé leer condiciones contractuales.
Quizá las informaciones en retazo de promociones o planes me llevarán a llegar tarde a mis encuentros, pero siempre llegar, sofocado por la cantidad de harapos que cubren mi cuerpo.
Es por eso, que quiero seguir pateando mis piedras a las que llamo recuerdos, sin ser periodista y con torpeza escribir, tropezando con ellas y sabiendo que un día me tendré que despedir en frente de mi casa, por ahora las dejé en frente de la estación del tren justo despues de escuchar "Prochain départ à destination..."


Comentarios
osgir
15 Junio de 2012
5:56 pm
La profundidad del algunas frases saca totalmente la cara por este escrito.
carmen arevalo
15 Junio de 2012
4:04 pm
Pero pateas muy bien!!!!!!, me gusto mucho tu escrito.
andresdelcas
18 Junio de 2012
9:25 am
Carmen,
mi madre me dijo cuando leyó: "Ponte los guayos pa' que patees bien lejos", un saludo.
luisalejandrodiaz
15 Junio de 2012
10:59 am
Muy buen sistema de tropiezos para escribir.
andresdelcas
18 Junio de 2012
9:27 am
:). Si, es una cadena de escritos que tengo. Este hace parte de una despedida de París. Hay uno que explica de donde salieron "las palabras", en un tiempo lo haré público.
moderador
15 Junio de 2012
9:54 am
Bienvenido a Soyperiodista.com. Muchas gracias por su aporte en este espacio de libre expresión. Que su experiencia aquí sea grata y fructífera,
Favián Omar Estrada Vergel.
15 Junio de 2012
9:49 am
Con torpeza escribes, pero eres un poeta.
andresdelcas
18 Junio de 2012
9:24 am
Gracias Favián por tomar el tiempo de leer esto. Es la primera vez que me decido publicar un escrito.