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25 de Mayo de 2013
19 Junio de 2012 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

El déspota del Palacio Liévano

El déspota del Palacio Liévano
Foto:http://colombiaopina.files.wordpress.com

Lo dijo el arquitecto político de Petro, Daniel García-Peña, al renunciar irrevocablemente al gabinete distrital, el alcalde es un déspota de izquierda que no tiene reparos en traicionar lealtades o saltarse la ley a su acomodo para tener figuración política. La mejor definición de Gustavo Petro la da la columnista Aura Lucía Mera[1], es un personaje con gran complejo de inferioridad y por lo tanto actúa como un reyezuelo, que simplemente está jugando al dictador. A lo mejor mentalmente no ha salido del monte. Al que vive mucho tiempo en la maleza, algo se le pega, qué vamos a hacer.

Los 6 meses de gobierno han profundizado la crisis que dejara su correligionario Samuel Moreno y la ciudad se sumerge cada día más en un caos anárquico que colma la paciencia de los habitantes; electo por apenas un 30% de los ciudadanos, Petro está convencido de haber sido ungido por el poder divino y se abroga una representación de las mayorías que jamás obtuvo. Improvisaciones, cortinas de humo, destituciones a dedo, componendas por debajo de cuerda. No en vano Navarro Wolff y García-Peña se abrieron cuando se dieron cuenta de la realidad. Que Bogotá salía de “Guatemala” para entrar en “Guatepeor” [2].

Lo que está haciendo con la plaza de toros La Santamaría es la muestra más clara de las cortinas de humo. Sabe de sobra que los que somos aficionados a la Fiesta Brava somos una enorme minoría. Es un espectáculo visceral que se ama y se lleva en la sangre, o se odia. Pero la revocación del contrato de la plaza, Petro lo sabe muy bien, da votos y recoge aplausos.

Ciudadanos de todas las edades y condiciones se quedan tan tranquilos con los asesinatos, el sicariato, los desplazados y los problemas serios que vivimos, comen carne, pollo, cerdo, pero se escandalizan porque el toro de lidia, nacido para pelear, dé su pelea en una plaza. De todas formas va a morir: como el pollo deshuesado, los vacunos, los porcinos. Sólo que el toro de lidia, tan antiguo como la misma humanidad, tiene la oportunidad de morir en su ley, dando la pelea, mostrando su temple, su casta. Este acto de dictador de pueblo es una simple muestra de que seguirá haciendo lo que le dé la gana con Bogotá [3].

Con ese gesto populista y contrario a las normas vigentes, el reyezuelo pretende ganarse el respaldo de unas mayorías que contrarias a las corridas, jamás han sido obligadas a asistir a ellas; acomoda a sus propios intereses políticos la legislación (Ley 916 de 2004), y la jurisprudencia constitucional para usurpar un poder de veto sobre las manifestaciones culturales de una minoría, es cierto, cuyos derechos también están protegidos en la Carta; el día de mañana arremeterá contra otras minorías porque no respaldan o no son gratas a sus propios intereses.

No es un solo caso, ahora es una pluralidad de desaciertos los que caracterizan esta nefasta administración. Poner en funcionamiento a la brava obras inacabadas, inconclusas, exponiendo a mayores riesgos a los ciudadanos; abogando por los responsables del Cártel de la Contratación o minimizando la responsabilidad de funcionarios del PDA que eran parte de la anterior administración, tomando decisiones sólo por ir en contravía de las políticas nacionales sobre infraestructura, aunque ello signifique afectar más las expectativas de una mejor vida para los capitalinos.

La ciudad es hoy un parche de manchones sucios que se dicen arte callejero, los espacios públicos nuevamente están invadidos por toda suerte de ambulantes que se convierten en cómplices de los delincuentes callejeros, hordas de desarrapados pululan en los sectores más emblemáticos de la ciudad y el alcalde sanciona por twiter a los funcionarios o policiales que acudan en auxilio de la ciudadanía; pese a las cifras, el bogotano vive presa del miedo al atraco callejero, al acoso de los indigentes, a la inamovilidad de la ciudad que cada día se hace más evidente, hay sitios donde el promedio de velocidad es de apenas 7 Km/h.

Es hora realmente de que ese 70% de los bogotanos que no votó por Petro comience a pensar en serio sobre la revocatoria del mandato antes de que la ciudad se convierta en un infierno invivible donde prime la fuerza de los delincuentes y sus mandatarios omitan sus deberes diciendo que son problemas sociales que deben resolverse por vías distintas a la policial y judicial.

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[1] MERA, Aura Lucía. Déspota, reyezuelo o comandante-dictador. El Espectador, Opinión. 19 de junio de 2012. En: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.el...

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

Por: NUEVAS OPINIONES

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Comentarios

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

20 Junio de 2012
3:43 pm

El artículo tiene mucho de cizaña y perverso enfoque

jfl

jfl

20 Junio de 2012
10:21 am

Es cierto todo lo que dice en su artículo. Falta, de pronto, enfatizar la pequeña idiotez de querer expandir la ciudad aún más, antes de reparar la que hay. Esto solo puede ocurrírsele a alguien que está mal de la cabeza. Esperemos que la cirugía le haya dado un poco más de claridad mental al demente que eligieron los pocos bogotanos que votaron. Y sí tiene razón en que el 70% de los que no votamos nos apersonemos de la ciudad que tanto queremos.

Homotauro

Homotauro

19 Junio de 2012
8:25 pm

Aunque todos tengamos macula y algun pecado, ninguno, tan grave como los de este levantado, pese a su formacion academivca, alguien digo sabiamente, también, tiene las manos untadas de sangre. El mono anunque se vista de seda, simio se queda.
Saludos y felicidades, buen articulo colega