

Otoniel quiso saber donde era que ella le dolía. En Ámsterdam, donde le habían dicho que estaban los remedios de amor, detrás de sendas ventanas rojas, lo único que pudo comprobar era que el dolor era ella. Que no era deseo simple de mujer, como decían algunos de sus amigos, o caprichos de viejas costumbres.
De regreso a Roma, llamó a sus amantes, que no eran muchas, porque el presupuesto tampoco era boyante. Tenía abierto cuatro frentes de amor, como solía gritarlo a los cuatro vientos. Los tres los tenía ganados. El último lo estaba perdiendo y se estaba tragando a los demás. Se había proclamado anarquista cristiano. Pero ella seguía doliendo. Hasta en el sueño dolía, y se despertaba llorando de dolor y de rabia.
Al fin Viajó a Berlín, donde vivía su ex mujer, a quien tanto había querido, para preguntarle dónde le dolía él a ella, si algún día le dolió. Pero ella no supo darle una respuesta. A través de Internet, busco a suicidas románticos sin fortuna. La mayoría se inclinó porque ellas duelen en el corazón.
Pero a él no le dolía allí, sino en otra parte que no sabía cual era. Incluso, a veces, pensaba que dolía fuera de él mismo. Que era ella el dolor cuyo radio de acción lo alcanzaba sin medio. Le dolía en todas partes, menos allí, aunque e veces exactamente allí.
Perdidos todos los frentes, decidió volver a buscar a la mujer del dolor. La llamó a su casa para conversarle, y era la primera vez que lo hacía con mujer alguna, que lo había derrotado y que quería estar con ella hasta la muerte. Pero ella había muerto un mes atrás sin saber dónde era que él tanto le dolía.
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Comentarios
Aracataka
24 Junio de 2012
4:55 pm
..merecido lo tenia..
ya que tanto le dolía.
..no alcanzó a descifrarlo,
ya para que le serviría!
..saludoss!
osgir
24 Junio de 2012
2:17 pm
LE DOLERía LA BILLETERA?