

Hace unos pocos días, conversando con mi amiga LM me comentó que sus alumnos de la Universidad X, les daba temor el salir a tomar el autobús en el barrio de sus practicas hospitalarias porque asumían que corrían peligro por el mal prestigio social del sector; pero ella los tranquilizó diciéndoles que lo único que había que hacer era no dar papaya, ya que en cualquier sitio si usted daba papaya corría el riesgo de ser victima de un acto delincuencial en su contra. He aquí el “dar papaya”, la falacia a la que nos venimos acostumbrando los colombianos debido a la inseguridad ciudadana en que se vive.
Dar papaya que es un giro muy colombiano que nada tiene que ver con la Carica fruta, significa brindar la oportunidad, por omisión, de que a una persona le suceda algún evento adverso. Tal acepción cunde en nuestra sociedad como un concepto de advertencia en donde quien de papaya se cataloga como responsable o culpable del evento adverso que le sucedió porque se descuidó, no estuvo alerta todo el tiempo, bajó la guardia, en últimas “dio papaya”.
Pero resulta que esta tergiversación o aceptación de la fatalidad al descuidarnos en nuestro nivel de alerta no corresponde en sano juicio a una concepción civilizada de lo que debería ser una sociedad ídem. Porque en una sociedad civilizada las personas simplemente disfrutan espontanea y libremente de su libertad en cualquier sitio, hora y lugar, sin que ello conlleve riesgo alguno ni tenga necesidad de acudir a un estado de alerta o stress constante so pena de ser vulnerado en su honra, vida o bienes.
Lejos, muy lejos estamos y al parecer nos alejamos cada día más del logro de llegar a ser una nación respetuosa, solidaria y segura. Es derecho de cualquier ciudadano el poder relajar su Psiquis ante la realidad cotidiana y es deber del estado garantizar que ese ciudadano disfrute tranquilamente de todas y cada una de las actividades y sitios de su entorno.
En otras latitudes aun con características de pobreza similar o peor a la de Colombia, no hay necesidad de auxiliarse de la bondadosa fruta para vivir y disfrutar de la cotidianidad sin sobresaltos.
No sé en que momento esta sociedad permeada por múltiples males asumió que todos debemos estar permanentemente alerta como si un premonitorio tsunami o catástrofe nuclear fuera a aparecernos en medio del camino. Pero si apareció en la mitad del camino el cuchillo filoso del asaltante, el tiro inmisericorde del traqueto y el raponazo artero del ladrón.
¿Podrá ésta sufrida sociedad algún otro día volver a disfrutar con tranquilidad una hora o noche cualquiera de un periplo sin sobresaltos por sus calles? Hagamos votos porque podamos hacer nuestros caminos con la tranquilidad que merecemos.
@ikaros50
Macondo. 17072012


Comentarios
andresdelcas
18 Julio de 2012
12:12 pm
super pertinente
luisalejandrodiaz
18 Julio de 2012
10:29 am
Instructiva su nota.
Adri83
18 Julio de 2012
8:51 am
Que mal uso restrictivo el que se nos inculca con la "papaya"...
Francaditalia
18 Julio de 2012
4:54 am
Se nos enseña que :
1- No hay que dar papaya.
2- No hay que dejar pasar cualquier papayazo
jogafi
18 Julio de 2012
12:10 am
Alfredo, buen tema y buena nota.
Es la forma en que nos "envuelven" y nos programa la misma situación y entorno en que sobrevivimos, conviertiendonos en paranóicos y desconfiados, a culpa que cada vez hay mas riesgos y la tendencia es no dar papaya...
Saludo Cordial.
criticoncolombiano
17 Julio de 2012
8:16 pm
Precisamente el Canal Caracol transmitio una película muy interesante el domingo pasado protagonizada por Jodie Foster que ahonda de manera sagaz en el tema de la violencia citadina, de como una parriquiana del común victima de esa violencia asfixiante puede transformarse en un pestañeo en la antítesis de si misma, un ser sedienro de venganza que se toma la justicia en sus propias manos
moderador
17 Julio de 2012
5:20 pm
Nota destacada en Noticiascaracol.com. Gracias por su aporte,