22 de Agosto de 2014
15 Noviembre de 2012 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

Recorrido por la parroquia del 20 de julio

Recorrido por la parroquia del 20 de julio
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En mi niñez, bueno, lo que me acuerdo de ella, sólo logro recordar una visita a este lugar, recuerdo que la plaza principal estaba llena de gente, casi no se podía pasar, sólo recuerdo la parroquia por fuera, creo que nunca alcanzamos a verla por dentro, debió ser por la cantidad de gente que iba y venía,  no sé cuántos años habrán pasado ya, pero la hora de un rencuentro con este antiguo sitio visitado por miles de miles de personas se acercaba.

A lo lejos se escuchaba un sonido bastante familiar pero en esta ocasión, no encajaba, no era el momento. El despertador sonaba estruendoso, el reloj marcaba las 6 de la mañana, había algo que estaba mal; claro, era domingo, el despertador no podía sonar tan tarde siendo entre semana y como era domingo, este día era el que el despertador tomaba su día libre y no se encargaba de agitar a nadie, pero ¿Por qué sonaba esta vez? La respuesta llegó casi al instante, retumbando en lo más profundo del pensamiento se escuchaba claramente “20 de julio”.

 El proceso de levantarse temprano fue arduo, más que de costumbre, pero aun así se logró  el objetivo. Una ducha rápida, un buen desayuno y una despedida a quien probablemente, estando en compañía de Morfeo, no se acordaría del momento de la partida.

No recordaba como se llegaba a la parroquia, ya me encontraba ubicado en la primero de mayo con carrera 10, el resto de trayectoria no la conocía, pero como el que tiene boca a Roma llega; le pregunté a un vendedor de dulces en el semáforo, “dos semáforos y sube, ahí llega” y así lo hice, y así fue como llegué.

Creí que llegar sería fácil, a esa hora no había tanto transeúnte dirigiéndose a la iglesia como esperaba, pero aun así el paso era lento, el mercado comenzaba justo donde comienza la carrera 10ª, sí, llegué a imaginar que el mercadeo iba a ser excesivo pero no de tal forma como lo vi, el paso era lento y el bullicio de los vendedores en su afán de lograr una venta era estresante. Sudaderas, camisas, ropa interior, pantalones y demás, la lista es larga y sí, allí se ofrecía de todo.

Noté que ya iba llegando a la parroquia porque de la nada, los locales que vendían tamales y desayunos, ropas y accesorios se transformaron; ahora veía que se vendían artículos religiosos: pulseras, cadenas, escapularios, estatuillas, novenas y demás. Decenas de decenas de locales y vendedores ambulantes ofreciendo sus artículos de todo tipo.

Llegué a la famosa parroquia del 20 de julio, ¡al fin! La recordaba más grande pero aún así seguía siendo grande. Llegué y lo primero que vi fueron personas en calidad precaria de vida pidiendo limosna a los creyentes, era de esperarse, la lastima y el miedo de no hacer lo correcto son dos papeles que siempre irán de la mano en cuanto a ámbito religioso.

En definitiva la frase “una imagen vale mas que mil palabras” tomó su valor, lo que presencié en este sitio difícilmente se puede compilar con palabras adecuadas, ver la tradición de la familia promedio colombiana, que desde su niñez fue enseñada a asistir a la misa de todos los domingos como lo pide su religión. Un niño lo único en lo que piensa es en divertirse, más cuando hay elementos de distracción, como aquel hombre que con su disfraz de “Barney”  llamaba su atención y los incitaba a que se acercaran y se tomaran una fotografía junto a él. 

Conforme uno iba atravesando la plaza principal de la parroquia iba notando más y más detalles, sobre todo lo que la rodeaba, un padre dando misa en las afueras de ésta, donde decenas de personas lo escuchaban atento, familias enteras que seguían con la tradición, niños queriendo escapar de los brazos de sus padres para poder ir a jugar y a antojarse de todo lo que le parecía divertido.

No sé cuántas personas eran las que pedían limosna, sólo sé que eran bastantes, cada una diferente de la otra: ancianos, enfermos, minusválidos, etc. Pero fue uno de ellos el que logró captar mi atención en todo el recorrido; una señora de edad avanzada se encontraba de rodillas, orando, tal vez para que su condición mejorara o para que ese día le fuera bien, esa imagen se quedó en mi mente intentando descifrar la situación de esta creyente.

Una vez dentro de la parroquia el ambiente era diferente, completamente lleno, apenas había espacio para poder caminar, eso sí, todos siguiendo las instrucciones del padre que dictaba la misa, llegó la hora de comulgar y la fila en la que el padre repartía las hostias era la mas larga, lo curioso es que ante él se ubicaba un guarda de seguridad como si tratara de el ingreso a una discoteca de moda, uno por uno él iba dejando pasar.

En la parte de atrás de la parroquia se encontraba la imagen representativa de la parroquia, el Divino Niño Jesús, el cual es insignia del catolicismo colombiano, este era uno de los principales objetivos de los visitantes, rezarle, orarle y agradecerle por todo lo brindado en ocasiones anteriores, los oradores al culminar sus plegarias se dirigían a la parte principal de la iglesia o a uno de sus costados donde se encontraba una pantalla gigante donde aparecía el padre principal dirigiendo la misa, dándole a los visitante un espacio mas amplio en el que pudieran rezar.

En este sitio se podía apreciar de todo, por ejemplo la ironía ilustrada en la fuerza de seguridad llamada policía, que en lo que iba de recorrido había visualizado a sólo cuatro de ellos, conversando entre si, recostados en la pared frontal de la iglesia mostrando ningún interés por lo que allí pasaba, sólo fue hasta que el comandante del cuadrante llegara para que ellos despertaran y mostraran una actitud “protectora”.

¿Qué papel juega la “lástima” en el contexto visitado? Hay algo en común con todas las religiones del mundo y es que en todas ellas se habla de un fin del mundo, desde tiempos inmemorables se ha hablado del bien y del mal, cielo e infierno y en la vida eterna, se nos enseñó que si no se hacía lo correcto, nuestras almas vagarían por los valles del inframundo lamentando toda mala decisión tomada cuando se estaba vivo ¿Acaso uno no quiere ser salvado de todo ese sufrimiento? Hay quienes creen que yendo a la iglesia todos los domingos y al finalizar de esta dando una moneda a alguien que la pide, ya se están salvando, y hay quienes saben aprovecharse de ellos.

Estamos en el país del sagrado corazón, en el país de “Hecha la ley, hecha la trampa” donde es mas fácil y mejor, pedir limosna en la puerta de una iglesia donde todo el que sale, lo hace con el corazón bondadoso, a tener que trabajar como se debe, bajo la presión de toda una sociedad que anda pendiente de su modo de vida.

Recuerdo que la primera vez que fui a este sitio estaba mas colmado de gente que como lo ví ahora, no es noticia que la religión en todo su ámbito este decreciendo, y me atrevo a decir que la misma iglesia es la que se ha encargado de eso, declaraciones fuera de sentido por parte del Papa, en donde afirmaba que el uso de los métodos anticonceptivos era pecado o sacerdotes pederastas que creen que lo que hacen está bien.

Si ese modo de pensar lo hacen los que se llaman “mensajeros del señor” que se puede esperar de una comunidad que actúa de una forma muy parecida basándose en sus creencias religiosas.

Por: Diego Pantoja Sánchez/

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