02 de octubre de 2014
18 Noviembre de 2012 | Crónicas emigrantes | (España)

(R.E.) Una pena de amor: Leonor ha estallado en mi cuerpo

(R.E.) Una pena de amor: Leonor ha estallado en mi cuerpo
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Vagaba de Sevilla a Guadalajara y de Gudalajara a Madrid recordándola, tomando whisky y armando escándalos en los bares. Era agente comercial y le iba bien. Leonor, su mujer, lo había abandonado hacía un año y había vuelto a Caracas donde tenía un futuro asegurado aunque pertenecía políticamente a la oposición activa del gobierno. La llamaba todos los viernes, antes de tomarse la primera copa, pues ella tenía el privilegio de oler, incluso por teléfono, si había bebido o fumado los dos últimos días. Así que él, cuando podía, no bebía ni fumaba desde el jueves. Ella sabía, incluso, cuántas copas de vino se había tomado con el almuerzo del día anterior.

La trataba bien en sus llamadas cotidianas, la adulaba, la subía al cielo y le pedía que volviera con él. De vez en cuando le recordaba que él seguía siendo su marido. Un viernes que no podía con su alma, su jefe de ventas le escribió una carta de amor para que él se la enviara por Internet. Estrenó una nueva ilusión y se la envío el viernes al medio día, con la esperanza que a las siete, hora de la llamada, el mensaje hubiese hecho su efecto. Pero no hubo reacción alguna. Ni la más mínima referencia a su carta. Al final de la conversación, él le preguntó si había entrado a Internet. Ella dijo que sí, pero no dijo nada más. Lo sacó de quicio. Colgó, y lleno de espanto, ira, impotencia y amor se bebió una botella de whisky en una hora. La volvió a llamar. “maldita zorra", le gritó, “no te vuelvo a llamar nunca más”. Y complemento su venganza telefónica con otras cuantas sandeces.

El sábado siguió bebiendo y el lunes, cuando sintió que ya no podía con su destino, Leonor le había estallado por dentro y lo había invadido todo, le rogó a su jefe de ventas que le escribiera otra carta de amor donde incluyera las respectivas disculpas por el zafarrancho del viernes. “Si ya lo hiciste, aguanta y espera”, le contestó. Y resultó. El martes Leonor llamó. "Vente", dijo, "y si puedes, trae dinero para un coche y la remodelación de la casa". El hombre, alucinado, solicitó un préstamo bancario y partió hacia Venezuela. A los seis meses, le escribió un correo electrónico a su ex jefe de ventas comentándole que vivía en Cúcuta con una hermosa bogotana, y que era feliz. "Se llama Isabel", decía en la póstada, "y es de mi misma estatura".

@arturopradolima

Por: Arturo Prado Lima/

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