24 de Abril de 2014
19 Noviembre de 2012 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

Unas son de cal, otras son de arena

Unas son de cal, otras son de arena
Foto:MASACRE - FERNANDO BOTERO

 Y otras de cal y de arena.  Ante los hechos que mueven  a la opinión pública solo podemos decir que para Colombia es positivo el anuncio realizado por las FARC en el sentido de declarar un cese unilateral de hostilidades por un periodo de dos meses que se vence el 20 de enero; anuncio sorpresivo pero cargado de un significado político y militar que no puede pasar desapercibido para el gobierno nacional. 

En lo político es un gesto que induce a creer en la buena voluntad de las FARC en su anhelo de encontrar la paz para Colombia.  En lo militar se traduce en la clara conciencia de este grupo subversivo de trazar nuevos caminos que nos conduzcan a una verdadera reconciliación nacional.  Cesan de esta manera, por lo menos durante dos meses, las tomas militares a poblados y el consecuente desplazamiento de campesinos;  estos compatriotas podrán dormir en paz y celebrar su noche buena sin los sobresaltos de las bombas, los morteros y los fusiles. 

Una  navidad que hace más de cincuenta años no se vive en Colombia en la tranquilidad de saberse ajeno a un conflicto armado. Por lo menos durante este periodo no escucharemos de muertes, asesinatos y descuartizamientos.  Esperemos que las mal denominadas BACRIM hagan lo mismo y nos regalen una verdadera noche de paz.

Deplorable lo acontecido con la CIJ que de un solo golpe nos rasguña la soberanía nacional quitándonos una considerable extensión de mar territorial;  perdemos importantes ecosistemas, riquezas naturales, paisajes, pesca y territorialidad.  Golpe mortal para el orgullo patrio que únicamente se acuerda de sus regiones cuando las pierde (Panamá), o cuando hace todo lo posible por perderlas (Nariño y Putumayo), o cuando sus vecinos se apoderan de ellas (Leticia).  Nos queda la tranquilidad de  la Isla de San Andrés y algunos Cayos que, por lo pronto, no nos quitarán el sueño y podremos seguir roncando a nuestras anchas. 

Pésimos negociadores nuestros políticos que se sienten felices de ganar lo que ya se tenía sin que ello implique sentir vergüenza de perder lo que ya se había ganado.  Feliz estaría Holguín de entregar una patria nuevamente cercenada y diría sin empacho alguna que “le entregaron una patria y devuelve dos más”.

Como lamentable los trinos de Uribe y Silva que dejan entrever a las claras la clase política que tenemos los colombianos: oportunistas, arribistas, inescrupulosos y pérfidos.  Que no tienen amigos sino cuando de hacer alianzas electoreras se trata y que cuando la brújula del poder cambia nada importa la amistad o la lealtad.  Simples “rufianes de esquina” que ayer nada más se abrazaban jurándose fidelidad eterna y que hoy se lanzan todo tipo de improperios sin que nada les importe la opinión publica nacional.  De la misma calaña tenían que ser para comportarse como gamines que amenazaban con romperles la cara a ******s que no obedecían sus órdenes imperiales. Qué decir de la pelea Santos – Uribe, o la de Uribe Pastrana, o la de Uribe – Klein, o la de Uribe – Polo, o la de Uribe – Córdoba… En fin, Uribe Versus Uribe en esta patria que no hace sino trinar los trinos de Uribe.

Triste y lamentable (cal y arena) el paro de la justicia colombiana que demostró una vez más que lo de menos es la justicia cuando hay argumentos económicos de por medio.  La justicia una empresa que no un derecho; cierto es que la inequidad salarial es evidente y que mientras un puñado de togados se llevan gran parte de la torta presupuestal en ese ramo, otros a duras penas alcanzan unas migajas para mitigar su sed de justicia. Con lo que gana uno de esos peces grandes perfectamente podrían vivir durante tres años, cinco o seis de los pequeños. Cosas de la injusticia en la justicia.

Deplorable la actitud de algunos militares que se cebaron contra la humanidad de un pequeño can y lo utilizaron como polígono.  Admirable y bella la actitud de las mismas tropas que rescataron a este mísero can y ahora es parte del ejercito colombiano. Se salvó Pepito. Quien no se salvó fue ese muchachito que jugaba futbol  y fue ultimado a bala por miembros de la policía nacional. Cal, arena y m…. para estos policías que nos robaron la paz a todos los colombianos pues todos soñaremos con dos balazos en las alas de un ángel que jugaba con una mísera pelota de trapo.  Unas son de cal y otras son de arena, pero como tu no hay, mi Colombia Buena.

peobando@gmail.com

Por: PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA/

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