19 de Diciembre de 2014
11 Diciembre de 2012 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

Un héroe de carne y hueso, ejemplo de vida

Un héroe de carne y hueso, ejemplo de vida
Foto:William Suárez Patiño

En el barrio Nicolás de Federman en la ciudad de Bogotá se encuentra el hogar de paso de la Fundación Colombia Herida y allí me encontré con un personaje que desde ese momento se convirtió en mi ídolo, mi HEROE. Se trata del soldado profesional Juan Gabriel Alean, un joven de 28 años que perdió sus piernas y el ojo derecho por una mina quiebra patas en el cañón del Airona (Urabá Antioqueño).

Hablar con este personaje, más que darle “moral”, como lo dice él, es una buena terapia para todos los que nos quejamos teniendo todas nuestras extremidades completas y el intelecto aun por estrenar.
Alean como lo conocen todos en la fundación, se moviliza por si solo sube las escaleras del edificio va y viene como cualquier persona, y dice que no necesita lastima de nadie.

Pero es que como se mueve y cómo ve la vida luego de perder las piernas se nota la calidad de persona que se engendro, un guerrero y visionario, con metas futuristas y con una idea clara de lo que quiere ser, por que como el mismo lo comenta “Las piernas son tan solo un medio de transporte”.

A pesar de lo sucedido el no ve la perdida de las piernas como algo terrible, sino como una oportunidad mas que le dio Dios y la vida para seguir adelante, asegura que lo primordial para vivir quedo y es el intelecto.

Alean presento pruebas para trabajar en una compañía de seguridad y tiene pensado validar el bachillerato y estudiar filosofía para entender el pensamiento del hombre, tal vez para entender desde su misma tragedia el por qué los hombres se esmeran en hacer daño a los demás, el por qué las guerras y el porqué las consecuencias, vi en este Héroe, una serie de interrogantes que el mismo se va a dar a la tarea de responderse, y de paso enseñarnos a nosotros el valor de la vida y el dolor de la guerra.

Mientras hablábamos hacia movimientos con las manos apoyando la palabra, también sonreía y se mostraba satisfecho de estar vivo. Yo sin parpadear solo colocaba atención a lo que contaba sobre su experiencia, sobre como vio morir a muchos en ese cañón y como le llego su turno. “El 7 de mayo de 2007 a las 10 de la mañana tuvimos un combate con las Farc, el resultado pise una mina, perdí las dos piernas una esquirla me perforo el ojo derecho, me abrió el pulmón izquierdo, casi me quita el brazo izquierdo…uff”.

Unos segundos de silencio…suspiro y movió la cabeza como queriendo borrar esa imagen que llevara consigo por el resto de su vida, pero que tampoco se quedará lamentándose, pues las metas y lo que le espera, es clave para ser útil a la sociedad, que digo, más útil de lo que ha sido entregando gran parte de su humanidad a favor de la seguridad y la libertad de la patria, una patria que nos hace recordar el abandono que sufrió el libertador, luego de entregarlo todo por un sueño el sueño de la libertad.

Luego de este conmovedor encuentro creo que en mí, no habrá dolencia alguna, pues después de ver el ahincó de este valiente guerrero, puedo decir que lo tengo todo y me sobra, que se necesita mucho intelecto y deseos de vivir, que necesitamos ver lo que pasa en la guerra y entender, aunque es difícil creer que sea de intelectuales una guerra que hace tanto daño, pero que no la podemos desconocer, que tampoco podemos dejar en el olvido a quienes nos defienden y nos han defendido, el esfuerzo de nuestros héroes, la ofrenda que hacen por una libertad y una paz que es incierta y que nos hace preguntar ¿Cuánto tiempo, cuantos más deben morir, cuantos más deben ser tan valientes como Alean?, y la respuesta también está lejos.

Mientras tanto como dice Alean, la vida continua…

Por: WILLIAM SUAREZ PATIÑO/

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