30 de Septiembre de 2014
13 Diciembre de 2012 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

Descubiertas las mafias del Bronx gracias a labores de inteligencia

Descubiertas las mafias del Bronx gracias a labores de inteligencia
Foto:Mark Groening

"Luego de ingentes labores de inteligencia, se descubre la existencia de un homónimo del personaje principal de los Simpson que comandaba una banda en la Ele. La Policía Nacional, este 5 de diciembre de 2.012, ingresó al Bronx para desarticular las organizaciones criminales que allí operan: Homero, Manguera, El Mosco, Morado, América y Nacional"

Parecía ser el libreto que se escuchó aquél día en los medios de comunicación colombianos, que pasaban las escenas del Bar de Moe y los decorados donde se retrata al personaje de Mark Groening.

Han pasado, según recuerdo,cerca de dos años, quizás más, desde la vez que en este portal escribía una crónica llamada: Del Cartucho a la Ele: Sitios de Tolerancia del Delito.

Entonces pretendía llamar la atención de lo que hoy en día llena las páginas de los medios masivos de comunicación...¡Finalmente se descubrió que el agua moja!... Corroborando, una vez más, que se oye más no se escucha, se ve pero no se mira.

Quiero reproducir el artículo de entonces, para que juzguen ustedes la noticia digna de un periódico de ayer:

Del Cartucho a la Ele: Sitios de Tolerancia del Delito
 

Con nostalgia recuerdo un programa de televisión manejado por Fernando González Pacheco, nombrado como su manejador, Charlas con Pacheco. A principios de los 80, sí mal no recuerdo, el presentador trajo a la palestra pública a "Comanche", un negro vallecaucano, oriundo de la Sultana del Valle, que luego de trasegar por la indigencia se convirtió en el líder popular de las personas sin hogar. Fue tal la impresión que su historia causó en mí que años después pude conocer muchas historias de vida pérdidas en la indigencia a causa del abandono, el maltrato y, lógicamente, el bazuco.

Para quiénes aún recuerdan aquél negro, alto y bravucón, que ornaba su cuerpo con chatarra, puedo informarles que murió a los 68 años, luego de vivir 50 años en la calle, especialmente en Bogotá, donde tuvo el honor de reinar sobre el grupo de indigentes del Cartucho y el Bronx, la famosa Ele, por algo más de quince años, defendiendo victorioso su trono de múltiples rivales, alcanzando la gloria de morir junto a sus amigos el 04 de octubre de 1996.

Sin embargo, ¿para qué hablar de los miserables sin hogar que sólo son un problema para la sociedad? La gran mayoría pensará, que bien lo dicen algunos ampulosos escritores, dignos de los convites de Vlad III, El Empalador, encarnación natural del personaje de Bram Stoker. Pero, para este humilde servidor, hijos pródigos de la modernidad que los condenó con su desdén a la pérdida irredimible de su humanidad en los laberintos de la adicción. Somos tolerantes con las "ollas" del vicio, con la manera en que algunos cuántos se enriquecen dejando a miles -sino millones-, contando a sus familias, en el fango de la indigencia, en el vivir desesperanzador del vicioso que pretende conseguir a cómo de lugar algunas decenas de miles a diario con los que puedan satisfacer a su amo: "el susto".

Rescatar la memoria de Jerónimo, como decía llamarse el Comanche I, es reclamarle a la sociedad su compromiso con los más de cien mil seres humanos agarrados por el cólico, que pierden a sus hijos, venden a sus hijas y reniegan de su propia humanidad, poniendo su vida en juego por un pan, una mirada o una bicha, que como caballeros andantes de la edad oscura solo valoran su capacidad de "voltiar" con el "pulmón".

Este es simplemente el prólogo de una historia verídica, de los nuevos reyes del Bronx -de la Ele-, despotas negociantes de la muerte.

Espero no rechacen mi invitación de conocer a Manguera y Homero, - negrilla de la actual publicación- desmovilizados de grupos de la muerte que se lucran por cientos de millones de dólares, en el mal llamado microtráfico, a unas escasas cuadras del Palacio de Gobierno; a los dueños de Gancho amarillo, Gancho Morado, Calavera, el Mono, Papá Góngora, un anciano "mataor", en el Sanber; a las Magolas, los Pecosos y los Paisas, -a propósito de estos, han extendido su emporio criminal- en el Cartuchito y el Amparo. Los criminales de Cinco Huecos o la 16.

A los dueños de la capital, que manejan en su nómina oficial a miles de policías, socios y cómplices de los narcopatrones, dueños de la vida en el Centro, el Sanber, el Amparo, Kennedy, Suba, Santa Librada, y como podrán observar, en toda la capital. Muchas de estas historias, quizás todas, ya se han puesto en conocimiento de las autoridades, pero no prosperaron las investigaciones porque hablamos de "don nadies": entes que no se reconocen por un nombre, excluidos de la humanidad por decisión de algunos pocos. De manera que se ha dejado a otros el manejo del problema, a aquellos que los esclavizan, la única ley en la "tierra de nadie" que son las calles de la indigencia.

Solamente me queda la postrera intensión de traerlos como antaño al conocimiento de los colombianos, de los bogotanos, que aducen que ¡aquí no pasa nada!, somos sus progenitores: Usted y yo. Con nuestra apatía, nuestra falsa creencia de que lo único importante son nuestros intereses, y los "desechables" son seres humanos supernumerarios de la existencia.

Si bien es cierto, mi vida en este momento vale poco más de dos bichas; no importa, vale tanto como la suya, si alguno de sus enemigos se acercará a los grupos de sicarios de la Ele o la 4ta. con la intensión de asesinarlo. Es un problema social que cala en lo profundo. No desechen mi invitación de ahondar en un problema de corrupción, que el grupo de investigadores de los portales asociados a esta tribuna, por los apoyos logísticos y económicos de sus empresas podrán establecer de mejor manera que un escritor fantasma.

Como finalizaría Ximénez -En recuerdo de Barbas, el Champion, el Negro, el Enano, Ramiro y otros tantos que han muerto-, Fragmento de Una temporada en el Infierno de Arthur Rimbaud, traducido por Marco Antonio Campos:

"NOCHE DEL INFIERNO

He bebido un buen trago de veneno. ¡Bendigo tres veces el consejo dado! Las entrañas arden. La violencia del veneno tuerce mis miembros, me deforma, me derriba. Muero de sed, me ahogo, no puedo gritar. ¡Es el infierno, la pena eterna! ¡Miren cómo el fuego se alza! ¡Ardo como se debe! ¡Va, demonio!
Había entrevisto la conversión al bien y a la felicidad, la salvación. Puedo describir la visión: ¡El aire del infierno no tolera los himnos! Había millones de criaturas encantadoras, un suave concierto espiritual, la fuerza y la paz, las nobles ambiciones ¿qué sé yo?

¡Las nobles ambiciones!

¡Y todavía en la vida! –¡Si la condenación es eterna! Un hombre que desea mutilarse está condenado ¿no? Yo me creo en el infierno, por tanto, estoy allí. El catecismo se cumple. Soy esclavo de mi bautismo. Padres, ustedes hicieron mi desventura y la de ustedes. ¡Pobre inocente! El infierno no puede atacar paganos, ¡Y todavía en la vida! Más tarde, las delicias de la condenación serán más profundas. Un crimen, pronto, que me despeñe a la nada, según la ley del hombre.

¡Cállate, anda, cállate!... Es la vergüenza, el reproche, aquí: Satán diciendo que el fuego es innoble, que mi cólera es espantosamente imbécil. ¡Basta! Errores que me vienen al oído, magias, perfumes falsos, músicas pueriles. Y decir que conozco la verdad, que veo la justicia: tengo un juicio sano y en orden, estoy preparado para la perfección... Orgullo. La piel de mi cabeza se deseca. ¡Piedad! Señor, tengo miedo. ¡Tengo sed, tanta sed! ¡Ah! La infancia, la yerba, la lluvia, el lago sobre las piedras, el claro de luna cuando el reloj tocaba las doce. El diablo está en el campanario a esa hora. ¡María! ¡Virgen Santa... Horror de mi estupidez".

PD. Pa' que no se diga que aquí no hay chivas: Una feliz navidad para todos, eso sí, un poco adelantada.

A propósito, ya me compré el regalo del..., ¡bueno, del 21!: Una linda mortaja, digna de una momia.

Hasta siempre, por si acaso.

Por: ObservadorLegendario

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