

Es este el país andante de la fragata y la mazorca, del huevo y la morcilla de plaza. Creo que todos hemos experimentado la maravilla de salir de Bogotá. Ambiente rural, con nuevos olores, colores, texturas; esa clase de brisa que usted siente cuando toma el volante de su automóvil, se estrella con el olor del río Bogotá y después, a todo rayo solar, se encamina a las afueras de nuestra ciudad.
De repente Colombia resulta un país prospero, comida por todo lado, infinidad de carros por todas las vías, trancones monumentales y odas a los peatones que se saltean a diario entre el transporte urbano; pese a esto es el país que encarna nuestra raza.
Porque el arroz es más rico con huevo que con comida de mar, porque pese a nuestra realidad, a pesar de tener menos agua en el Caribe Colombia es un país integro en muchos sentidos coloquiales.
¿Sabía usted que se reconoce a un colombiano en el exterior a metros? Camine por la ciudad que camine, viaje al aeropuerto más apartado pero siempre va ver a un hermano colombiano a metros; porque somos alegres. Podemos estar “jodidos” pero alegres.
En los aeropuertos es muy común ver maletas llenas del tan codiciado chocorramo, o las chocolatinas Jet, maizitos y toda esa lista de exquisiteces gastronómicas que encontramos en la tienda de la esquina, porque pese a todo, pensamos en todos. Siempre estamos con la idea en la cabeza de hacer conocer nuestra patria, y eso es bueno es gratificante para las industrias.

