27 de Noviembre de 2014
14 Diciembre de 2012 | Crónicas emigrantes | (Francia)

Del campamento gitano al futuro Campus Condorcet

El profesor y yo reaccionamos con la misma curiosidad al ver el muro en láminas de zinc que se interpuso en nuestro ángulo de observación cuando avanzábamos por una avenida de la zona más desindustrializada de la ciudad Aubervilliers. Nuestro grupo continuó su camino por el otro lado de la calle, siguiendo la prolongación del muro, sin prestarle atención.

Fernando Quintas es profesor de Bellas Artes en Lisboa y su especialidad es el arte contemporáneo integrado al urbanismo. Nos paramos en ese punto de la avenida Georges Sand porque creímos que detrás del muro se tapaba un basurero a cielo abierto. Era difícil determinarlo. No se oía ruidos al interior pero tampoco se respiraba mal, y las lonas plásticas y cartones que alcanzan a sobresalir por la parte superior de éste mostraban un cierto ordenamiento.

Fueron en realidad unas debiluchas columnas de humo que emanaban de esos montículos de materia prima lo que nos llevó a observarlo. “Es una invasión”, le dije al profesor. “Usted cree? me contestó. No es posible que alguien pueda vivir ahí y menos en Francia”.

Nadie en ese momento y por ahí pudo sacarnos de la duda. El paisaje era insípido,  apenas formado por unos terrenos baldíos y galpones alineados de fábricas en espera de demolición. Una estación de bus a la que le habían volado el asiento era la única prueba de que ahí sí existía una vida urbana que ligaba a esa desolada zona con el resto de la ciudad de Aubervilliers y con el bullicioso centro de la ciudad de Saint Denis, de la cual está separada por una calle.

A esa altura, la avenida Georges Sand se parece más una calle del Tercer Mundo y no a la moderna y bien trazada avenida en que se va convirtiendo a medida de que va avanzando por ella, hasta llegar a un vasto terreno en donde nos alegra el ruido de máquinas excavadoras y el gritos de los obreros en plena fiebre constructora. Es ahí, en ese punto, en donde se levantará el Campus universitario Condorcet. Es ahí en donde se opera el milagro urbano : el nacimiento de un polo dedicado a la educación superior, a la investigación científica y a la cultura, sobre una amplia zona industrial que hace tiempo desapareció del mapa de la ciudad.

A partir del año 2017 Campus Condorcet deberá surgir como un complejo de edificios de aulas de estudio y auditorios, en torno de la flamante y nueva Plaza “Frente Popular”, ya se ven ahora los nuevos edificios de vivienda y oficinas y la nueva estación de metro que los alcaldes de Aubervilliers, Saint Denis y París inaguraron en diciembre para la gloria de los nuevos habitantes y de 15 mil estudiantes que se calcula vendrán a estudiar aquí.

La cultura como motor de desarrollo urbano

El objetivo de nuestra expedición ese día era el de observar la apariencia que empieza a tomar un sector desindustrializado, olvidado, que poco a poco renace en el espacio urbano con la llegada de una nueva institución educativa y cultural.

El coloquio “Universidad, arte y territorio”, que había organizado en la mañana el artista y fotógrafo colombiano Ivan Segura Lara, profesor de la Universidad Paris 8 en Saint-Denis, al que habíamos asistido el profesor Quintas y yo, además del arquitecto español Ernesto Echaverría Valiente, urbanistas, sociólogos y estudiantes de Paris 8, nos recordó la historia de Alcalá de Henares, que se trazó como ciudad a comienzos del siglo XV en función de la construcción y crecimiento de su famosa universidad.

Si bien Aubervilliers y Saint-Denis son tan antiguas como Alcalá de Henares, su prestigio no les viene del saber sino de su industria. Aubervilliers está situada en la periferia norte de París y hasta finales de los años sesenta fue como Saint Denis uno de los centros industriales más importantes de la región parisina (textiles, talla de piedra y mármol, perfumerías, laboratorios farmacéuticos). Aubervilliers y Saint Denis fueron por ello los destinos de inmigrantes polacos, rusos, portugueses y republicanos españoles a comienzos del siglo XX. Hoy el 30 por ciento de sus habitantes son marroquíes, argelinos, turcos, senegaleses y malíes.

Aubervilliers no cuenta con la magnífica basílica de estilo gótico de Saint Denis que alberga los restos de los reyes de Francia, pero se beneficia de su proximidad, así como se beneficia de su cercanía con el gran “Stade de France” inagurado para el Mundial de 1998 y en parte también con uno de los más grandes centros de educación superior de la región parisina, la Universidad París 8.

Pese a este potencial, el lugar en donde ahora se construye el Campus Condorcet es una zona con concentración de barrios periféricos que registran altas tasas de desempleo y desescolarización. Esa depresión social y económica ha gestado focos de violencia a sólo pocos metros de París.

Con la instalación del Campus Universitario Condorcet se pretende poner fin a ese tipo de marginalidad. El interés entonces de Aubervilliers y Saint Denis es favorecer la implantación de instituciones culturales como motores de desarrollo. Este ejemplo de renovación urbana lo acaba de dar también la ciudad de Lens, situada en el norte de Francia en la que fuera una de las zonas de minas carbón más rica del país. El Museo del Louvre instaló ahí por primera vez una antena fuera de París, en Lens, la ciudad más pobre de Francia y se espera que su llegada lleve a la región el turismo y la cultura y a través de ellos la redinamización de su economía.

La fotografía de paisajes urbanos en mutación

Para dejar una huella de esas mutaciones urbanas en el tiempo, nada mejor que la objetividad de una imagen fotográfica. Ese es el trabajo del colombiano Ivan Segura Lara especializado en fotografía documental con una gran atención hacia los paisajes urbanos en mutación.

Eso es lo que explica la vinculación del fotógrafo con el proceso de renovación en la zona donde se levantará el Campus Universitario Condorcet. El fotógrafo es aquí el testigo de esa evolución, su lente se instala por meses en el que en principio es un terreno baldío, hasta que surge la nueva construcción. Segura Lara  sigue el cambio en detalle, desde la fundaciones del edificio hasta la altura que le sea posible fotografiar con un trípode sobre una tarima, para luego culminar como la obra, con una composición fotográfica en panorámica.

Esta fotografía se caracteriza por su frontalidad para evitar el efecto de perspectiva que no tiene cabida en la foto documental.

Ivan Segura se inspira en los alemanes Bernd et Hilla Becher, que dedicaron su vida desde los años 50 a fotografiar zonas industriales abandonadas en Alemania, Inglaterra, Bélgica y Francia. Los Becher trabajaron la foto en blanco y negro, el mejor soporte de la foto documental, y siempre fotografiaron de manera frontal para darle realismo al objeto. La pareja dejó para la historia miles de clichés de minas de carbón, depósitos de agua, molinos, silos, hornos , plantas metalúrgicas, galpones que fueron desapareciendo del paisaje urbano al mismo ritmo que desaparecían las industrias.

En el 2005 Iván Segura se había destacado ya con una exposición fotográfica de las más bellas salas de lectura de las bibliotecas de París. Figuran entre ellas la sala Labrouste de la antigua Biblioteca Nacional de la calle Richelieu, la Biblioteca de la Sorbona, la Biblioteca Santa Genoveva, la Biblioteca de la Asamblea Nacional, la Biblioteca del Arsenal.

En el año 2006 El Museo Carnavalet dedicado a la historia de París le compró una parte de ese trabajo para enriquecer su propio fondo fotográfico, uno de los más completos que se tiene de la capital francesa junto con el fondo de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF).

Al regreso de nuestra expedición por esta zona limítrofe de Aubervilliers y de Saint Denis en plena mutación, confrontada a la desindustrialización, el profesor Quintas me hablaba del mejoramiento urbano que le dio a Lisboa el Pabellón de la Utopía construído para la Exposición Universal de 1998. En esos momentos vimos surgir de nuevo el famoso muro en láminas de zinc, pero ahora un tropel de hombres, mujeres y niños se formaba en torno suyo.

Fue ahí cuando comprendimos que detrás del muro se amontonaban las viviendas de decenas de familias de gitanos rumanos, como las que ahora recorren toda Europa en busca de terrenos aledaños a las grandes urbes en donde poder estacionar sus caravanas, a las que luego les colocarán prolongaciones en lonas de plástico y cartones, el tiempo de unas semanas, unos meses o años de sedentarización.

La instrucción universitaria contribuyó al desarrollo espacial de Alcalá de Henares. El Anfiteatro de Lisboa transformó un terreno baldío en un atractivo turístico para la ciudad. El Campus Condorcet deberá arrojar los mismos beneficios a las ciudades de Saint-Denis y Aubervilliers.

Las ciudades europeas intentan así borrar del mapa espacios urbanos conquistados por la miseria dándoles una segunda oportunidad ya no a través de la industria sino del conocimiento y de la cultura. Se borra así la decadencia urbana en ciertas zonas, aunque lo único que realmente se logre es desplazarla pues ésta siempre  parece resurgir en cualquier otro punto de la ciudad.

 

 A bientôt

MH Escalante

 

 

Por: Francaditalia

Cómo le pareció esta publicación?
Su voto: Ninguno (9 votos)

Opiniones

1

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión. Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí

Comentarios

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

14 Diciembre de 2012
8:51 am

La cultura es un buen camino, gracias por compartir esa experiencia, qué bueno. Las fotografías son muy expresivas.