21 de Agosto de 2014
2 Enero de 2013 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

Urgente. Urgente: Quebré... Quebré

Urgente. Urgente: Quebré... Quebré
Foto:quiebra

Pasó el 31 de diciembre y llegó la oportunidad de realizar el Balance General del año que terminó.

Normalmente las empresas colombianas al llegarse el final de un año realizan el cierre de las actividades contables y la elaboración de los Estados Financieros del período fiscal. Con ellos se puede establecer matemáticamente si efectivamente se cumplieron los objetivos propuestos, que en la lógica del capitalismo no es diferente a evaluar si los rendimientos alcanzados, la utilidad, respondió a los programas ejecutados durante el año.

Nada diferente es lo que debe ocurrir con la vida de un hombre -acepción, si me permiten, de la especie humana-, que como una empresa de capital debe verificar si cumplió con las metas propuestas al iniciar enero.

Permítanme, entonces, socializar con ustedes, mis amigos y amigas, el somero análisis del 2012, visto desde mi perspectiva, deformada talvez por el cristal de la mediocridad de mi edad madura, según diría José Ingenieros -amado escritor de mi juventud, odiado espécimen de mi vida actual.

Sin más preámbulos, he aquí mi exposición:

1. Terminó el 2012 sin pena ni gloria, viéndolo desde el punto de vista económico, porque en su agónico andar concluyó con 9 meses de paro forzado a causa del desempleo. Con nostalgia evoco cuánta animosidad -ansia, para ser sinceros-, escuché el pasado 20 de julio al presidente Santos anunciando cuando instalaba las sesiones ordinarias del Congreso que había alcanzado más del 70 % de resultados en sus metas para el empleo. 1750000 nuevos puestos habían sido creados de los 2500000 fijados.

- ¿Dónde?... ¿Qué, qué?... ¿Cuándo?... ¿Cómo?... ¡Carajo, no me dí cuenta!...

Las preguntas que el discurso del mandatario crearon en mí, los velados reproches personales que demostraban mi ineptitud manifiesta.

Hoy, luego de tragar la amargura, pienso que malentendí el resultado del Ejecutivo y reconozco que ya no formo parte del ejército mendigo de desocupados: ¡Los oficios de subsistencia que disfrazan el hambre de mi familia son la prueba reina que no me encuentro en la lista de desempleados!...

- ¡Dios bendito, soy un miembro formal de la economía!

Cuando salgo de mi casa a laburar, como diría el argentino, con mi chaza de cigarrillos y dulces de a 100, uniformado con mi casaca que reza en resplandecientes letras blancas: "Mínutos a 100", en el frente. "Todo Operador", en la espalda; o, tal vez, cuando en los albores de la madrugada camino por la Carrera 86 rumbo a la plaza de Corabastos en el Occidente de la capital, amarrándome el lazo -cabuya, mejor dicho-, que utilizo a la usanza del cinturón del fisiculturista, para alzar las pesadas cargas que hacen de mí un Cotero reputado, son las pruebas de que soy un empleado; que ocupo uno de los 2500000 nuevos cargos creados por el Gobierno.

- ¡Qué bien! Santo Dios, reconozco en mí al líder que en un arrebato de orgullo abandonó su refugio en la empresa privada, donde ocupaba su tiempo elaborando cartas, ingresando información, sirviendo tintos y lamiendo botas, para aventurarme en busca de nuevas oportunidades laborales, que me han traido al cargo que ahora ostento: Empresario de Servicios Generales, con especialización en oficios animales. Una labor que me recuerda diariamente mi origen primitivo. Mi competencia directa son los bueyes y las mulas...

Uno menos de los 2500000 desocupados. ¡Gracias, presidente!

2. ¡Bienaventurados los humildes porque ellos gozarán el reino de los cielos" -dice el Evangelio.

Hoy, al terminar el 2012, reconozco que estoy llegando a un punto culmen en mi parte espiritual. Este año ha sido propicio para mi crecimiento religioso y es parte de mi camino en la trascendencia espiritual: Desde mi temprana infancia ninguna época fue más propicia para estar cerca de Dios.

Diariamente le pido al Dios del Cielo que me permita alcanzar los pesos necesarios para colocar un pan en la mesa. Rogándole sinceramente por la salud de mi familia, porque es el único médico que me asiste. Implorándole para que me oculte de la policía, para que no me retengan acusándome por el crimen que a diario cometo, el peor delito, la pobreza. Los amigos de verde oliva, a veces manzana, que cumplen con su misión constitucional al llevar a los parias como yo a la Unidad Permanente de Justicia, con el ánimo de verificar los antecedentes que a mano tienen.

¡No es malo! La UPJ se terminó convirtiendo en un punto de reunión y encuentro, al que tarde o temprano asisten los miserables como su interlocutor.

Eso sí, cada día Dios me enseña nuevas maneras de ganarme el pan, la mayoría de ellas al filo de la legalidad. No se les haga raro encontrarme en una céntrica calle bogotana vendiendo películas de estreno en DVD o el software pirateado de alguna de las grandes empresas informáticas. Labores que me acercan cada vez más al reino de los humildes.

Vieran ustedes, ¡cómo son las cosas! Mi precaria situación financiera, mundana en el sentido más estricto de la palabra, ha sido el camino que me reunió una vez más con la Iglesia abandonada, de la que tantos años estuve ausente.

3. El año que terminó hace un par de días fue el propuesto por mi limitado intelecto para concluir mis asuntos judiciales: Con él esperaba dar término a la posibilidad que mis deudas culminarán con el remate de mis bienes, mejor dicho, con el único bien que poseo, o poseía.

¡Así fue! Luego de años de luchas judiciales, uno, fue rematado por orden judicial el apartamento de mi propiedad, gracias a la deuda de algo más de 12 meses que tenía con una entidad bancaria, aunque habían transcurrido en vano doce años de cautividad, esclavizado a una Hipóteca abierta de cuantía indeterminada, que mientras tuve trabajo cancelé con la puntualidad de un inglés.

- ¡Bueno! - dije entonces - ¡Ya pasará!... Lo que es pa uno es pa todos. -Iniciando de una vez mi batalla personal para que mis antiguos empleadores cancelarán mi liquidación laboral, a la que tengo derecho por una década de servicio; esperando que se me reconocieran las cesantías y demás prestaciones sociales, y -¿por qué no?- la entrega de las Certificaciones de Ley que me permitieran reingresar al mercado...

¡Ah descontento!

Mi pesar y desconsuelo fueron los logros obtenidos. Se atravezó en mi camino "la justa causa" abanderada por Asonal Judicial y su lucha sindical, para extorsionar -¡perdón, perdón!: exigir- al Gobierno Nacional, el cumplimiento de la Ley 4 de 1992, de Nivelación Salarial. Que como dijera un Juez Civil Municipal, exhortando a las bases sindicales, en las instalaciones de los juzgados de la Avenida Jiménez con 10: "precluiría luego de 20 años de su promulgación"...

¡Que susto!... La ley precluye y no sabía. La Constitución Nacional de 1991 ha precluído, murió por el paso de los años y no lo conocíamos... ¡No hay Constitución!...

- ¡Tiene razón!

De esta manera puedo comprender el silencio del Congreso Nacional, de los medios masivos de comunicación, de los abogados litigantes, del Gobierno Nacional, del Ministerio de Trabajo -de manera especial- y de la sociedad civil, donde me incluyo, que en los dos meses de paro no exigimos el trámite del Incidente de Desacato de Sentencia Judicial, porque luego del paro judicial -valga la redundancia- de 2008, la Corte Suprema de Justicia -dizque en nombre del pueblo-, interpretando la Ley -parece que es su oficio-, sentenció en su jurisprudencia que la Justicia es un servicio público esencial. Según la fallecida Constitución de 1991, que no puede interrumpirse, ni cesar actividades, Artículo 56 de la "precluida" norma.

Aún hoy espero que la Justicia laboral ordinaria conozca de los alegatos del Ministerio de Trabajo para dar cumplimiento a la sentencia judicial. Asonal sigue extralimitándose y tal vez seguirá en las vacaciones interrumpidas por su "ánimo conciliatorio" del pasado diciembre, para el pago de "la vagancia" -discúlpenme, ¡no se que me pasa!. VACANCIA-. El Consejo Superior de la Judicatura seguirá ciego, sordo y mudo, sin inciar los procesos contra los miles de trabajadores que, violando la Ley, sumieron al país en crisis...

- ¿Cuál Crisis?... ¡Aquí no ha pasado nada! -dicen conmigo la mayoría de conocedores de los nobles ideales de la entidad gremial.

¡Tienen razón!

Colombia es un Estado Social de Derecho, donde priman los principios de igualdad y equidad, por lo que deseo someter a valoración de mi escaso público, solicitar al Congreso Nacional se legisle para que en Colombia se establezca en la Ley 599 de 2000 que no existen el Hurto, la extorsión, la concusión, el cohecho, y los demás que no se ajustan a la realidad. -Estos últimos no necesitan de tal distinción, ya son inexistentes.

Asimismo, debiéramos tramitar el perdón a los homicidas con móviles pasionales, con la dispensa de las víctimas de tan atroz delito -por ahora-, que existen a lo largo y ancho del país.

-¡No desespere!... No es una estupidez de este viejo. De pronto es que estoy sufriendo "un mal viaje" por la yerba que reemplazó mi tratamiento para el dolor y que encuentro en cada calle bogotana, a diferencia de las farmacias que expendían mi anterior medicamento. Y que gracias -mis más infinitas gracias- al Paro judicial y a la negligencia de las EPS debí recurrir.

¿Por qué no debe penarse el hurto?

Soy padre de familia y por la necesidad, para mejorar mis ingresos y la calidad de vida de mi familia, debo robar. Mi derecho es trabajar, establecido en la Constitución ausente, pero el estado y la sociedad me han negado la posibilidad de hacerlo. Por lo tanto, me asiste el derecho de atracar y presionar con cualquier persona, o con la sociedad entera, al Gobierno Nacional que cumpla con su deber.

Un simil bastante simple de los dos meses de paro.

A mi me robaron: Me robaron la posibilidad de reclamarle al Estado su obligación de Administrar Justicia para que mis empleadores reconocieran mis derechos adquiridos... Me robaron la paz, al dejar en libertad a los asesinos y ladrones, porque no hubo manera de procesarlos... Me robaron los valores, porque al observar en libertad a los asesinos de mi hermano, hermana, padre, madre, hijo, hija, ..., o cualquiera otro cercano a mis afectos, empecé a maquinar venganzas; a armarme con changones, trabucos y cuchillos, para proteger a los mios; a tramar distintos escenarios en donde poder aplicar la justicia divina del "Ojo por ojo, diente por diente", sin temer en las consecuencias del estamento... ¡Sí, me robaron!... Espero el Estado que debía salir en mi defensa.

¿Por qué no penar la extorsión?

Porque nuestro gobierno la perdonó. -Debieran enjuiciarlos, según mi humilde parecer.

Pregunto entonces, ¿cuál diferencia hay con los terroristas que nos colocaron como objetivo de sus incursiones con el ánimo de lograr su cometido?

En el asunto de los homicidios con móviles pasionales, nuestros jueces, fiscales, auxiliares judiciales, secretarios, magistrados y demás funcionarios de la Rama, son los idolos de barro de los sindicados.

¡Venga le cuento: El fin fue bueno, el medio malo!

- ¿Qué mal les hice?... ¿Por qué debo morir aquejado de dolor?... ¿Habría tenido alguna posibilidad de sanar?... ¿Por qué mi hijo murió?... ¿La medicina lo habría curado?...

Estas dudas eternamente me amargaran. Mi cerebro las tendrá hasta el mismísimo momento en que mi alma esté cruzando el umbral de la sepultura... ¡Nada puedo hacer! La rígida maquinaría legal fue obstruída por la acción del sindicato y las EPS acostumbradas a actuar únicamente bajo la presión de los jueces, con deshumanizado ímpetu, propio de las Corporaciones, evadieron los tratamientos de alto costo que debían prolongar mi vida, postergaron indefinidamente, "hasta que cese el paro", las milagrosas cirugias, dándome solo una copiossa dosis de Acetaminofen, que si hubiera consumido en una sola ingesta tal vez si habría logrado curar mi dolor...

¿No se? ... Posiblemente debería morir para que los empleados de la Rama Judicial obtuvieran la esperada respuesta a sus "justas" exigencias. Mi muerte si al caso es incidental, una con móviles pasionales, porque soy el obstáculo, el instrumento de presión para que le gobierno nacional se obligará a firmar los acuerdos.

4. Como me ocurrió, el país perdió parte de su propiedad. La casa que me albergó por espacio de una década fue dada al mejor postor por los buenos oficios de los jueces, garantizando mi pecunio el crecimiento económico de la Banca. Mi nación contribuyó a la legalidad, acatando una sentencia nada justa, entregándole una gran extensión de mar territorial al país Nico.

¡Es la ley!... La justicia... ¡Mi ramera, mi esposa,... mi madre!...

Basta ya de disertaciones improcedentes para una conclusión ya visible:

¡QUEBRÉ!

¡MI BARCO SE HUNDIÓ!... ¡FRACASÉ!

PD. Por la extensión de este texto presento a ustedes mil disculpas. Abusé de su tiempo. Por tal razón, omito aquí los aspectos propios de mi existencia como bogotano. Pero, para que no se diga que soy un seguidor de Petro, mi alcalde predilecto, y con el perdón de las comunidades LGBT -No por mi alcalde o su cohorte, tampoco por Holman, ¡faltaba más!-les pido formalmente disminuyan su campaña propagandística que están logrando confundirme:

¡Imagínense!... Esta mañana mientras halaba el costal de mazorca, izándolo en un movimiento rutinario, me entretuve pensando en lo cómodo que sería realizar mi trabajo con un ajustado Legis negro, con faldita rosada para no dejar ver mis miserias y camisa ombligera de apliques fucsia...

¡Dios mío!... ¡Me jodí!... Viejo, feo, pobre y sin marido... ¡No fregue!... Otra vez a mis recorridos juveniles por el Teatro Atenas o el Esmeralda Putsy Cat, pero ahora de levante... ¡Qué cosas mis amores!...

¡FELIZ AÑO 2013! y Hasta Siempre

Por: ObservadorLegendario

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Comentarios

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

3 Enero de 2013
7:05 pm

Siempre es urgente hacer un cambio