02 de Septiembre de 2014
6 Enero de 2013 | Crónicas emigrantes | (Estados Unidos)

Cambios en los EE.UU.

Cambios en los EE.UU.
Foto:A Berenson

Barack Obama acelera la formación de su próximo Gobierno, que incluirá suficientes caras nuevas en los cargos más relevantes como para darle un giro significativo a la política de Estados Unidos en el segundo mandato, que comienza el 20 de enero.

Las grandes decisiones en EE UU las toma el presidente, que posee, sobre todo en el área de las relaciones exteriores, instrumentos suficientes como para ejercer como cabeza del poder ejecutivo. Desde esa perspectiva, los cambios que pueden esperarse son los que el propio Obama ha ido adelantando en su campaña electoral.

Pero, en un país con tan amplio campo de intereses y responsabilidades, la contribución de sus colaboradores y ministros, que aquí se llaman secretarios, es con frecuencia determinante. Baste recordar el papel de Dick Cheney en la Administración de George Bush, de James Baker en la de George Bush padre o de Henry Kissinger en la de Richard Nixon. Sin llegar a tener un impacto similar, la presencia de Hillary Clinton en el primer mandato de Obama ayudó a que su política exterior se saldara con lo que generalmente se reconoce como un éxito.

Llenar el vacío dejado por Clinton, que ha decidido tomarse un descanso antes de enfilar nuevas misiones –probablemente, la Casa Blanca en 2016-, no va a ser fácil. La primera candidata, la actual embajadora de EE UU en la ONU, Susan Rice, anunció el jueves que renuncia a sus aspiraciones para evitar que el debate sobre ella distraiga al presidente de otras más relevantes y urgentes objetivos.

El nombramiento de Rice hubiera dado lugar, con toda seguridad, a un duro proceso de confirmación en el Senado, donde deben de ser ratificados la mayor parte de los altos nombramientos. Los senadores republicanos más influyentes en política exterior, entre ellos John McCain, habían anunciado que se opondrían a Rice por sus supuestas distorsiones sobre los hechos que provocaron la muerte en Bengasi del embajador de EE UU en Libia y otros tres diplomáticos el pasado 11 de septiembre.

La embajadora admitió entonces esa nueva versión y explicó que su interpretación anterior había estado apoyada en los escasos datos de inteligencia de los que se disponía en aquel momento. El asunto está aún bajo investigación, y la secretaria Clinton tendrá que comparecer ante el Congreso el próximo día 20 al respecto.

Pero el hecho es que esa polémica, alimentada diariamente por la cadena Fox, convirtió a Rice en un personaje polémico que le prometía a Obama un arranque tormentoso de su segundo mandato. No hay detrás de esto un debate de carácter ideológico. La preferencia de Obama por Rice no era porque la embajadora fuera la opción más izquierdista –de hecho, defendió la guerra de Irak-, sino porque era la más innovadora. Rice es una mujer joven, afroamericana y de reconocida energía.

En su lugar, Obama tendrá que quedarse, probablemente, con el actual presidente de la comisión de Relaciones Exteriores del Senado, John Kerry, un contrastado especialista y consumado político, pero demasiado convencional: ex candidato presidencial y ocupante de un escaño senatorial desde hace 27 años.

Kerry es hoy el favorito, pero su designación plantea dos problemas considerables. Su traslado al Departamento de Estado obligaría a convocar elecciones para su puesto en el Senado por Massachusetts, donde un republicano, Scott Brown, tiene todas las bazas de resultar vencedor. Ahora, que las elecciones del 6 de noviembre han permitido a los demócratas mejorar su posición en el Senado, para Obama es un tormento tener que dar marcha atrás.

El otro inconveniente de la salida de Kerry es que tendría que ser sustituido al frente del comité de Relaciones Exteriores por el actual número dos entre los demócratas, Bob Menéndez, un senador de origen cubano a quien no se ve con los mejores ojos en la Casa Blanca y que sería un obstáculo insalvable en cualquier cambio de política hacia Cuba.

Si esas razones obligaran a descartar a Kerry, el siguiente en la lista es el actual consejero de Seguridad Nacional, Thomas Donilon, un hombre que se ha ganado en estos años toda la simpatía del presidente y que seguirá siendo un peso pesado de la próxima Administración, ocupe el cargo que ocupe.

Además del Departamento de Estado, se quedarán vacantes posiciones tan vitales como el Departamento de Defensa o la CIA. También se considera probable la sustitución del actual fiscal general, Eric Holder, algo quemado por algunos episodios de estos años, el consejero de Seguridad Nacional y el jefe de Gabinete, lo que significa una completa remodelación del Gobierno.

Para el Pentágono, el nombre que más suena actualmente es el de Chuck Hagel, un antiguo senador del Partido Republicano. Obama siempre ha pensado en conservadores para ese puesto. En 2009 dejó ahí al secretario de Defensa de Bush, Robert Gates, y cuando éste se retiró, lo sustituyó por uno de los demócratas más conservadores, Leon Panetta, su actual ocupante. Hagel es republicano, pero no precisamente un ultra. Se opuso duramente a los neo con durante su estancia en el Capitolio y ha ofrecido siempre fuerte resistencia al lobby proisraelí, que seguramente actuaría contra su nominación.

De los movimientos en esas dos carteras principales pueden depender los demás. Aunque descartada para el Departamento de Estado, Rice puede aún ser nombrada consejera de Seguridad Nacional, cargo que no requiere la ratificación del Senado. Con lo que Donilon podría quedarse al lado de Obama como jefe de Gabinete.

Para la CIA, después de la escandalosa retirada del general David Petraeus, se manejan dos opciones: el actual director interino, Michael Morell, un veterano en Langley sin significación política, o John Brennan, un hombre de confianza de Obama actualmente en el consejo de Seguridad Nacional.

Por: Alejandra Berenson Fisher/

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Comentarios

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

7 Enero de 2013
9:15 am

Buena nota estimada colega