24 de Abril de 2014
7 Enero de 2013 | Crónicas emigrantes

¡Auxilio policía, me ataca la policía!

¡Auxilio policía, me ataca la policía!
Foto:galería goole edita el autor

 Para los que   siguen    contándole a la ciudadania Bogotana  cuentos  del más allá para  defender a un tipo ido y de más acá,  pongo a disposición de mis colegas esta nota que, como es de suponer, no ocupa  lugar alguno en  TWITER  alguno   de la casta de   burócratas con unifrorme o sin el.

"Aroldo José Villanueva, de 52 años, es licenciado en ciencias sociales, politólogo y funcionario de la administración de Gustavo Petro. Actualmente trabaja en la oficina de control interno del Instituto Distrital de Participación y Acción Comunal. El pasado 23 de diciembre por poco lo atracan en pleno centro de Bogotá. Cuando fue a denunciar el hecho a un CAI cercano, dice, se negaron a recibir su reclamo y, al contrario, terminó detenido esa noche en la UPJ de Puente Aranda. En diálogo con El Espectador, contó en detalle su calvario, un relato tan escabroso que este diario prefiere publicarlo así, en sus propias palabras.

“Esta odisea comenzó el domingo 23 de diciembre. Mi jefe me pidió unas cosas —nosotros tenemos una oficina en el centro de Bogotá, una cooperativa de transporte en la calle 23 con 13—. Apenas terminé me fui caminando hacia mi casa, ubicada en Teusaquillo. Hacia las 6:30 p.m., por el sector de La Rebeca, me salieron dos tipos con un puñal y una navaja. Estaba atracado, pero justo llegó una moto de la Policía y se los llevaron. Los uniformados me dijeron que en media hora o una hora llevaban a los tipos al CAI para que fuera y los denunciara por el porte de armas y el intento de atraco.

Cuando llego a la estación de Policía no estaban ni los delincuentes ni los motorizados, sólo un uniformado identificado con el número 30676 que me dice que no los puedo denunciar porque el atraco no se llevó a cabo. Exaltado le respondo que conozco mis derechos y que como funcionario de la Secretaría de Gobierno del Distrito es mi deber denunciar lo que había pasado. El tipo me dice: ‘Ah, ¿muy bravo? Ahora que llegue el camión te monto a ti’. Yo le respondí indignado: ‘Entonces gánate la lotería’.

Cuando llega el camión los vecinos que me conocen le dicen al policía que la estaban embarrando conmigo, que a mí casi me atracan y que de víctima no podía pasar a sospechoso por denunciar. Él respondía que le importaba un carajo, y a lo que llegó el camión, a punta de empujones me subió. Sabía que estaban violando mis derechos porque hasta el año pasado fui miembro del Comité de Derechos Humanos de la localidad de Puente Aranda. Me puse como carne de cañón. Pero si hubiera sabido lo que iba a vivir allí no lo habría hecho y hubiera entregado mis cosas a los vecinos. Yo soy harlista, tengo chaqueta, canguro, correa, guantes y gafas marca Harley Davidson. Y todos los domingos me visto así.
Durante el recorrido comienzan a pasearme por todos los CAI de la localidad de Santa Fe. En el camión se monta de todo: habitantes de calle, infractores, borrachos y sospechosos.

A todo el que iba subiendo lo atracaban tres sujetos, entre los que estaban los dos que intentaron robarme. Más de 40 personas que se subieron al camión fueron asaltadas. A mí me quitaron un celular y $250.000.

Cada vez que pasábamos por un CAI le decía al uniformado que abría y cerraba la puerta del camión que me dejara hablar con el comandante, que nos estaban robando, pero la respuesta eran golpes y golpes.
Los tipos que nos robaron me señalaban y me decían: ‘Allá adentro me las paga’. Se referían a cuando llegáramos a la Unidad Permanente de Justicia (UPJ) de Puente Aranda. Fue terrible. Ahí la que mandaba era la delincuencia. Asustado, mientras estaba en el camión logré comunicarme con mi casa con el segundo celular, que no me robaron. Uno que camuflé. Hasta llamé a una amiga que es procuradora de familia, Yaneth Suárez Caballero.

También le conté a un hijo mío que es abogado en Barranquilla y le di las placas de los agentes y del móvil en el que me conducían. Igual, ninguno de ellos pudo hacer mayor cosa.

Dentro del camión, durante esas siete horas —entre las 6:30 p.m. y la 1:30 a.m. del 24 de diciembre— viví un atraco colectivo con complicidad de unos policías. Eso lo denuncié ya a la Fiscalía. Allí no se cumplen los procedimientos policiales, a nadie requisan, o por lo menos no a estos tipos que atracaron a más de 40 personas. Esto es inaudito. Es como un paseo millonario. Y no es la primera vez que ocurre. Hay denuncias sobre denuncias de que eso pasa durante el recorrido siniestro y macabro mientras usted llega a la UPJ de Puente Aranda.

Una vez allí le informé a un policía lo ocurrido, que nos habían atracado en el camión. Otras de las víctimas también corroboran mi denuncia, pero no me dejan escribir ni dejar constancia en la minuta de lo que pasó. Terrible.

Lo que sigue es el primer paso de la humillación. Cuando lo reseñan a uno lo desnudan y le quitan los cordones. Después te dicen que no puedes entrar con ciertos objetos: USB, gafas, celulares, esferos, y solamente te dejan ingresar el chip del celular, pero no te dan acta de decomiso ni permiten el uso de locker. Apenas reclamo, un policía en una bata me empieza a pegar puños en la cara y con el bolillo. Él es el que me roba mis cosas: las gafas, el cinturón y todas las cosas de Harley Davidson.

Lo que ocurre en las UPJ es inhumano. No podía creer lo que me estaba pasando. Lo peor estaba por pasar. En esas UPJ se vende y se consume droga. Yo ya conocía la UPJ de Puente Aranda. Había ido en calidad de funcionario para velar por los derechos humanos. Ahora estaba como sospechoso, ¡por denunciar! Increíble. Cuando finaliza el proceso de identificación allí y cuando nos iban a llevar a los pabellones me resisto porque sabía que si entraba al mismo lugar con mis atracadores, a quienes denuncié una y otra vez, mi vida podía correr peligro. Habría sido una calamidad.

Entonces me aferro a una reja y comienzan los policías a darme bolillo. Yo les decía que no y les explicaba. Ellos insistían, bolillo en mano, ‘para arriba, para arriba’. Hasta que por fin aparece una mujer policía y me pregunta qué me pasa. Ella decide abrir un calabozo del primer piso y hasta las 2:30 a.m. me quedo ahí solo. Luego comienzan a llenar mi pabellón con más de 250 personas, la máxima capacidad permitida, y es cuando empiezo a ver de todo: droga por todas partes. Y la policía no hace nada.

Lo más inhumano es cuando se empieza a llenar y uno les pide a los policías un baño. ‘Necesito dar del cuerpo’, les digo y su respuesta no se me olvida: ‘Hágalo como quiera’. Entonces les digo: ‘Pero estas unidades sanitarias que están ahí son para el servicio de uno’. Sólo hasta la mañana siguiente le permiten a uno hacer uso del baño, lo cual es violatorio de los derechos humanos. Al final de la noche ese pabellón estaba lleno de ¡mierda! y orines. Imagínese el olor que había. Es la infamia más grande que puede pasar un ser humano. Lo peor es que ahí adentro comienzan unas lealtades al estilo Al Capone.

Si usted quiere dormir un rato le dicen que lo cuidan, pero por plata. Aparece como un capo en el pabellón al que toca darle plata. Si quieres consumir droga, lo puedes hacer sin problema. La gente paga $1.000, $2.000, $5.000, hasta $10.000, por un ‘pase’. Es el comercio más asqueroso que hay allí en ese momento. Y sobre las 6 de la mañana, uno ya con ganas de salir, le empiezan a decir que a las 7, que a las 8, que a las 9, y la gente ya muerta del hambre cae en otra trampa: allá le venden a usted un tinto con un pedacito de pan y de salchichón por $5.000. Una actividad que tampoco es legal y que también la denuncié.

Finalmente a las 11:30 de la mañana del 24 de diciembre nos dieron salida. Empieza uno a hacer fila y sale como ganado. Se firma un libro y luego la odisea es para recuperar las pertenencias cuando ni siquiera me hicieron un acta de las cosas que me quitaron. Cuando reclamé mis cosas nada más encontré un celular. Por eso los denuncio por hurto. De inmediato le comenté a un sargento del robo. Me identifiqué como funcionario público, pero ellos son ciegos porque es la ley del bolillo, las patadas, los puños y la vulgaridad.

El uniformado me dijo que me fuera para mi casa y que al día siguiente fuera al mismo CAI del Centro donde me montaron al camión para denunciar. Yo de pendejo fui el 25 de diciembre.

Y entonces me ponen a dar vueltas: que fuera a Medicina Legal, luego que a Paloquemao, después que a una URI en Puente Aranda. Ahí un señor de la Fiscalía me dijo: ‘A usted le están tomando del pelo para que se le pasen todas las secuelas que tiene de golpes en su cuerpo. Vaya a su EPS’.

Le agradecí. Arranqué para Colsánitas y de inmediato me dieron incapacidad porque no podía ni caminar. También me remitieron de nuevo a Medicina Legal y allí un médico legista determinó que la incapacidad debía ser por 12 días.

Es que me golpearon en la cara, costillas, manos, piernas. Jamás me había pasado algo como esto en mis 52 años de vida. Por eso no dudo en denunciarlo. Yo soy licenciado en ciencias sociales, politólogo con una maestría en administración pública y he trabajado en la Personería, la Contraloría y la Secretaría de Gobierno de Bogotá. He sido jefe de servicios generales, jefe de presupuestos de la Contraloría Distrital, jefe de recursos humanos. Ahora me desempeño como profesional especializado en el Instituto Distrital de Participación y Acción Comunal, Idpac, que maneja todo lo que tiene que ver con las Juntas de Acción Comunal.

Tengo tres hijos: uno abogado, una psicóloga y una médica. Mi familia estaba asustada en un principio cuando les dije que iba a denunciar lo que me pasó. Les hice entender que como funcionario del gobierno distrital era mi obligación hacerle saber a las autoridades de estos abusos, de lo ocurrido con el camión, de lo que vi en la UPJ, de cómo los más mínimos derechos humanos no se me respetaron y, al parecer, no se respetan en estas unidades. En todo este calvario, los golpes, los bolillos, el maltrato, vi casos de corrupción, nepotismo, abuso de autoridad, negación de la justicia, incumplimiento de la sentencia constitucional del debido proceso, consumo y venta de estupefacientes y microtráfico de drogas.

Les digo más. No voy a claudicar en mi denuncia. Estos señores deben responder por sus acciones. La Procuraduría y la Fiscalía deberán evaluar lo ocurrido. Tengo las placas de tres de los policías que me agredieron. Pero en total fueron seis. Tengo todas las pruebas que acreditan estos abusos. El informe de mi EPS, la incapacidad de Medicina Legal, el registro de las llamadas en donde informaba lo que me estaba pasando en el camión, en fin. Además, como servidor del Distrito conozco mis derechos. Es absurdo que yo que voy a judicializar a unos delincuentes que por poco me atracan termine después atracado en el camión de estacas de la Policía. Y que, además, no me hayan dejado denunciar esto en el CAI ni en la UPJ ni en ninguna parte.

Voy a ir hasta las últimas consecuencias. Estoy esperando a que regrese el alcalde Petro, a quien conozco, para entregarle una carta con todos los detalles de lo que me ocurrió. También le mandaré esta denuncia al comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, general Luis Eduardo Martínez; al secretario anticorrupción; al Defensor del Pueblo; al Ministerio Público. Esto que me pasó no le puede pasar a la gente que por confiar en las autoridades, por acudir a la denuncia de unos delincuentes, termine tratada como el peor de los bandidos. Esto no puede pasar”. 

EXTRAIDO DE " EL ESPECTADOR. COM " EDICIÓN DE HOY

DIOS NOS TENGA DE SU MANO 

Buen día 

OSGIR

Por: osgir

VOTOS: 9
Cómo le pareció esta publicación?
Su voto: Ninguno (9 votos)

Opiniones

18

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión. Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí

Comentarios

ObservadorLegendario

ObservadorLegendario

7 Enero de 2013
5:39 pm

...¿Qué sucedió entonces?
¡Nada!... Una traba de locura en un camión imaginado, golpeado por un policía inexistente, llevado en un recorrido fantasmal, atracado en el carro de la Justicia por unos "niches" de la 19, que en la lógica del relato nunca fueron retenidos. Despojado de mis pertenencias por un joven amigo, que por suerte hizo conmigo el recorrido de regreso, luciendo su chaqueta recién conseguida, fruto de su trabajo. Rumiando mi venganza que jamás pudo cumplirse.
El que me golpeó, jamás se subió al camión... ¿Quién fue?
El hijo de su madre, a quien le debo mis más sinceras disculpas por las bajezas que su ilustre simiente procreó en mí... ¡Qué disculpas ni qué -//*****/*-/-++*-///*/, más le valdría no haber parido a ese.... /*/--*-*---/-*+++
+****/*--*** **-*-*-**... -descanse!

ObservadorLegendario

ObservadorLegendario

7 Enero de 2013
5:23 pm

Qué triste historia, no la creería si no la hubiera vívido en carne propia 7 años atrás. Me ocupaba de mi oficio de mendigo y un policía me detuvo, me dijo amablemente: "ábrase triple h.p.". Le informé que no se equivocará conmigo. A lo que respondió: "Espere que pase el camión"... Efectivamente paso y con mis huesos al recorrido de 7 horas, de CAI en CAI. Atolondrado por el golpe en la cabeza que me dí contra el armazón de madera, al ser invitado a ingresar con una patada estilo Van Damme, del uniformado. En el periplo el consabido robo y la ingesta en dosis estrambóticas de bazuco y marihuana, maduritos apenas, que me hicieron olvidar mi primer viaje a la UPJ.
Una vez allí, con lágrimas de infelicidad, seguramente por el "mal viaje" de mi primera traba, le pedí al amable agente ...(Cont)

ObservadorLegendario

ObservadorLegendario

7 Enero de 2013
5:29 pm

Me permitiera una llamadita. "Que en menos de 10 minutos, le juraba por mis hijos, haría llegar al mismísimo General Castro Castro, director entonces de la Policía Nacional. Me miro socarronamente y me dijo: ¿por qué, si usted nunca ha estado acá?...
Asi fue. De nuevo al camión y a las 2 o 3 de la mañana el camión se detuvo conmigo y seis o siete mendigos más, que me acompañaron en el viaje de regreso, a unas cuadras de donde fui amablemente invitado al tour.
Al día siguiente, las denuncias en los camiones blancos por la pérdida de la Libreta militar. ¿Para qué perder tiempo en el dinero y la chaqueta? De ahí a la UPJ:
¡Usted no está en el reporte!... Aquí no hay camiones...Su cédula no fue radiada... ¡A usted no lo conozco!... ¿Mire que a los mentirosos se les crece la nariz?... (Cont)

antonin

antonin

7 Enero de 2013
12:55 pm

Este "vacilòn" es como para no creer... va por lana y sale trasquilado.
La "culpa" es de los ladrones por ponersen a robar en el camiòn de la policia... eso no se hace,no señor.
Ala... ¿y despues de todo,quienes fueron los que robaron?

osgir

osgir

7 Enero de 2013
1:09 pm

HOMBRE , NO HABÍA CAIDA EN CUENTA. QUÉ FALTA DE OPORTUNIDADES TIENE EL HAMPA QUE TIENE QUE SOMETERSE A ROBAR EN LOS CAMIONES DE LA POLICÍA.

PODRÍA ABRIRSE UN SITIO PARA QUE ORBEN CON TRANQUILIDAD ASÍ COMO SE ABRIÓ PARA LOS MARIHUANOS.

OISTE ? petriski?

osgir

osgir

7 Enero de 2013
11:18 am

VOY A LAMARA AL ALCALDE DE RAMIRIQUÉ HABER SI ME CONTESTA?

colext

colext

7 Enero de 2013
10:39 am

Elespectador o el especulador?

osgir

osgir

7 Enero de 2013
11:10 am

LA NOTICIA TAMBIÉN SALE EN "El TIEMPO".

ESCRIBANO13

ESCRIBANO13

7 Enero de 2013
10:31 am

La verdad lo siento, pero eso - como el bien dice - le pasó por pendejo.¿En qué realidad cree que vive?. Este señor tiene "más puestos que un bus" y todos avalados por las buenas leyes de honorabilidad y servicio comunitario, que en un país de leguleyos y poder descentralizado no aplican cuando es víctima de la médula de la corrupción. Entra uno como cerdo y sale como salchichón.

osgir

osgir

7 Enero de 2013
11:11 am

LO DEL CERDO ES PARA EL QUE VA A SALIR ?

EL SALCHICHÓN ES PARA EL QUE VA A VENIR?

luifernd

luifernd

7 Enero de 2013
9:40 am

Dr Osgir: ¡Dios ¿Qué hacer cuando la sal se corrompe? Pues ¡Acudir al Chapulín Colorado!.Felicidades!!!

osgir

osgir

7 Enero de 2013
11:06 am

O al Petrolín revaciado.

eugenio miltorres

eugenio miltorres

7 Enero de 2013
9:26 am

¿Y la culpa de eso la tiene Petro?, No me extraña que esto no sea el COLMO de echarle la culpa al alcalde de Bogotá de todo lo malo que pasa en ella . El castaño ya pasó,solo el oscuro prevalece. Quien lo creyera! .

osgir

osgir

7 Enero de 2013
11:05 am

Me cuentan que el ALCALDE ES EL JEFE DE POLICIA DE LA CIUDAD.

Claro, si es ALCALDE.

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

7 Enero de 2013
8:54 am

Siendo intermediario del diablo diría: Los que mandan nunca saben de lo que hacen los que se suponen mano derecha de un jefe. En esta vida hay de todo como en todos lados, buenos y malandros. Pero ya sabía por un familiar, cómo se vulnera la dignidad de las personas, tanto de los policías corruptos como por los pícaros que van en el camión.

osgir

osgir

7 Enero de 2013
11:09 am

Si. Olvidé que al tipo no lo encuentran para contarle nada.

Mariclare

Mariclare

7 Enero de 2013
7:18 am

Cuidado porque de pronto te demandan por contradecir las estadísticas de PETRO.

osgir

osgir

7 Enero de 2013
11:06 am

CÁLLATE QUE ME DESPERAS.