30 de octubre de 2014
7 Enero de 2013 | Crónicas emigrantes | (Francia)

En India, "los violadores se sienten libres de ceder a sus pulsiones"

En India, "los violadores se sienten libres de ceder a sus pulsiones"
Foto:Manifestaciones en India/Foto AFP

En india, “los violadores se sienten libres de ceder a sus pulsiones”

Por Célia Mercier
Corresponsal de Libération en Bangalore

Es una noche fría en Nueva Delhi, la neblina envuelve a la ciudad. Bajo un puente de un desnivel yace una pareja desnuda, ensangrentada. La mujer está inconsciente y parece perder toda su sangre. El hombre intenta pedir ayuda pese a tener la pierna derecha fracturada.

Ningún vehículo se para, los transeúntes se abren para evitarlos. La policía por fin termina por llegar, pero los agentes se gastan media hora en discutir sobre cual será la jurisdicción a la que le corresponde el caso en vez de pensar en llevar las víctimas a un hospital.

El instigador. Ese es el calvario interminable que Awindra Pandey, 28 años, decidió hacer público ante las cámaras de la cadena Zee Tv. Este joven informático era el amigo de Jyoti Singh Pandey, cuyo nombre fue revelado ayer a la demanda de su familia. Estudiante de Fisioterapia de 23 años, la joven violada y torturada al interior de un bus, antes de ser arrojada a la calle con su amigo, murió el 29 de diciembre a causa de sus heridas en un hospital de Singapur donde había sido trasladada.

La agresión brutal de la que fue víctima esta joven, ha provocado manifestaciones de indignación en todo el país. La crítica mordaz a la policía, que tardó demasiado en permitir que reciba asistencia médica, ha disparado otra ola de cólera en la ciudadanía, en el mismo momento en que el proceso contra los presuntos asesinos debía comenzar hoy ante una “corte de justicia rápida” creada a raíz de este caso.

El jueves pasado cinco hombres, entre ellos el chofer del bus, instigador de la banda, fueron formalmente inculpados. Se les acusa de secuestro, violación y muerte. Un sexto acusado, de 17 años de edad según su carnet escolar, deberá ser juzgado por un tribunal de menores, pero antes se le hará un examen óseo para determinar su edad exacta. Los agresores pudieron ser detenidos gracias a unas cámaras de vigilancia en el lugar. Los colegios de abogados de la capital  ya han anunciando por su parte que no aceptaran defender a los acusados, mientras que miles de manifestantes han pedido para ellos la aplicación de la pena de muerte.

La agresión de Jyoti, ocurrida el 16 de diciembre, es un caso entre muchos. Los periódicos de la India están llenos de noticias sobre violencias sexuales y en Nueva Delhi, denominada “la capital de la violación”, estos crímenes se cometen en un ambiente de apatía general. “Cuando conocimos la noticia sobre esta joven hasta dudamos en ir a cubrirla”, confesó un periodista de la prensa internacional.

Sin embargo el caso de “la hija de la India”, como la ha llamado el Primer ministro, ha desencadenado pasiones. Desde el momento en que la prensa publicó la noticia, los estudiantes y activistas salieron a la calle, se crearon de inmediato páginas en Facebook para denunciar esa violencia y se organizo un “sit-in” al frente del Palacio presidencial para interpelar al gobierno y abuchear a las autoridades, acusadas de laxismo.

“Hay una recrudescencia de violaciones y como mujeres nos sentimos desamparadas”, denuncia Rubi Shakravarti, actriz de teatro y militante. “Cuando la víctima va a una comisaría tiene que hacerle frente a policías indiferentes, y lo peor es que es ella la más humillada pues la policía le hace comprender que (si la violaron, ndt) es culpa suya. Algunos políticos llegan incluso a decir que las mujeres deben vestirse de manera decente. Así estan diciendo que ellas se lo buscaron! Y la justicia es muy lenta, se puede esperar ocho años antes de que un veredicto haya sido pronunciado y para ese momento los criminales ya están en libertad bajo cauciones que pagaron al comienzo de los procesos. En India existe un problema de impunidad, los violadores se sienten libres de ceder a sus pulsiones. En Uttar Pradesh hay unos dirigentes locales que son ellos mismos violadores! Qué justicia podemos esperar?”. Rubi Shakravarti, que vive en Bangalore, confiesa que no se siente en seguridad cuando tiene que ir a la capital. “A mi hija le propusieron un muy buen trabajo en Nueva Delhi pero yo le prohibí ir, no quería que viviera allá. Es demasiado peligroso”, comenta la actriz.

Según Rubi, el problema de las violaciones está ligado a la liberación de las mujeres, mal soportada por algunos hombres en una sociedad que todavía es patriarcal. “Las mujeres han tenido que luchar para ser reconocidas en este sistema. Hoy en día ellas trabajan, son independientes financieramente. Yo pienso que existe una forma de miedo en los hombres. La violación sirve para dominar a la mujer, para someterla completamente, para mostrarle quién es el amo. Esos hombres enfermos que van en busca de violar a una mujer tienen también un complejo”, dice.

Heroína. En Nueva Delhi la represión a las manifestaciones, algunas veces infiltradas por vándalos, ha logrado fragmentar el tamaño de la cólera ciudadana ante esta violencia. Pero en el caso de la joven Jyoti, los medios se ampararon de la noticia publicando grandes titulares y, cuando su verdadero nombre aún no había sido revelado como lo exige la ley de protección a las víctimas, cada periódico le atribuyó uno : La Luz, “Nirbhaya… la sin miedo…” Jyoti se convirtió en heroína nacional.

Sin embargo, la amplitud de estas reacciones está ligada al perfil de la víctima. Una estudiante de clase media. Su padre, venido del Uttar Pradesh en los años 80, vendió sus tierras para pagar sus estudios. La joven proyectaba irse a trabajar al extranjero para conseguir un buen salario y ayudar a sus padres. Jyoti se vestía a la manera occidental y solía ir al cine en la noche. Toda joven urbana podía identificarse con ella pues simbolizaba la juventud de la India.

“Si se hubiera tratado de una mujer de servicio doméstico la cólera habría sido igual?”, escribe Priyanka Porbujari en el Boston Globe. “Lo que prendió la chispa no es la violación en sí misma sino la barbarie con que se cometió”, dice un joven habitante de Nueva Delhi.

Barras de hierro.  Esa trágica noche del 16 de diciembre a la salida de la película “La Odisea de Pi”, Awindra debía acompañar a su amiga Jyoti hasta la casa de sus padres. Pero los rickshaws (moto taxis) que pasaban a esa hora no aceptaron recogerlos. Entonces, cuando un bus se vino a parar frente a ellos decidieron subirse en él pese a los malos presentimientos del muchacho. Los pasajeros eran unos borrachos que empezaron a agredir a la joven con comentarios obcenos, insinuándole que debía tratarse de una mujer fácil por aventurarse a salir con un hombre a esas horas de la noche. Jyoti protestó y se defendió, lo que hizo que los hombres se lanzaran sobre ella con barras de hierro. En ese instante los dos jóvenes comprendieron que habían caído en una trampa. El bus no estaba de servicio y el chofer los llevaba por una ruta hacia el infierno.

Durante dos horas y media, mientras que el bus recorría las calles de la ciudad, la joven fue violada una y otra vez por cada uno de los seis hombres. El chofer, Ram Singh, un viudo alcohólico y violento, vive en un barrio invasión de Nueva Delhi. Esa noche conducía el bus privado de su compañía, utilizado para el servicio escolar. El hombre había embarcado en su periplo a su hermano de 26 años, conductor ocasional y empleado de limpieza de buses, y a unos amigos, un profesor de gimnasia de 20 años, un empleado de buses de 28 años, un vendedor de frutas de 19 años y a un menor de 17 años.

Este último habría violado a Yjoti en dos ocasiones, antes de librarse a actos de barbarie contra ella. El hombre la habría violado con barras de hierro oxidadas, que fueron las que le causaron las heridas en el abdómen y que le provocaron finalmente la muerte días después. Luego los agresores arrojaron a la pareja desde el bus e intentaron atropellarla. Awindra buscó salvar a su amiga halándola hacia el lado de la calzada, tras haber permanecido tendida y agonizante en medio de la vía, ante la indiferencia general en esa fría noche de diciembre.

 

Libération, enero 7 de 2013

Traducido del francés por MH Escalante

Por: Francaditalia

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Comentarios

luifernd

luifernd

10 Enero de 2013
9:44 am

Mi estimada FRANCADITALIA, estos vicios criminales se han tornado en malas costumbre mundiales.Felicidades!!!

Aracataka

Aracataka

9 Enero de 2013
9:37 pm

..lo deja a una sin palabras! :-(

eugenio miltorres

eugenio miltorres

8 Enero de 2013
11:10 pm

A estos señores y señoritos violadores,por la presion de la multutud indignada,les espera la pena capital,antes de que espabile un tuerto,seran historia.
un cordial saludo Franca

osgir

osgir

8 Enero de 2013
8:39 am

Mucha meditación atrofia los resortes morales.