22 de octubre de 2014
23 Enero de 2013 | Crónicas emigrantes | (Estados Unidos)

Bienvenida la izquierda en EE.UU.

Bienvenida la izquierda en EE.UU.
Foto:CNN

 

La izquierda norteamericana ha dado la bienvenida a su campo al presidente Barack Obama, enganchado súbitamente a la causa progresista en el discurso de inauguración de su segundo mandato después de cuatro años intentando navegar sin demasiada fortuna las turbulentas aguas del bipartidismo y el consenso.

“Tenemos que actuar, sabiendo que nuestro trabajo será imperfecto. Tenemos que actuar, sabiendo que las victorias de hoy serán solo parciales”, dijo Obama, para regocijo de los progresistas, cansados de la parálisis causada por su constante inclinación al pacto. “Medicare, Medicaid y Seguridad Social [los más importantes programas públicos de ayuda a los pobres y la clase media] no lastran nuestra iniciativa, nos fortalecen”, aseguró el presidente, para satisfacción de quienes temían que ahora cediera a la presión conservadora para reducir a toda costa el déficit del estado. Los mejores presidentes de EE UU son aquellos que, contracorriente, arriesgaron, apostaron fuerte y triunfaron.

Obama abrazó la más ambiciosa de las reivindicaciones de la izquierda moderna, la lucha por el medio ambiente, mencionó por primera vez en la historia en un acto de investidura los derechos de los homosexuales y trasladó el sueño revolucionario de los padres fundadores a las actuales necesidades de igualdad y justicia social. En medio de la desorientación ideológica que caracteriza el tiempo presente, esta fue una contundente apuesta por un determinado modelo de sociedad.

El presidente ha conseguido lo que parecía imposible, que sus seguidores recuperen la esperanza de cambio con la que nació su candidatura y que se perdió en el duro trasiego de la gestión de gobierno. Incluso la derecha moderada, aunque discrepe con algunas de las ideas expuestas, agradece que el país tenga un proyecto y un horizonte hacia donde dirigirse.

La característica más destacada del primer mandato de Obama fue la prudencia, una virtud apreciable en cualquier ámbito de la vida, y también en la política, sobre todo, tratándose de un presidente de Estados Unidos, en la política exterior. Pero la prudencia no suele hacer historia, y a esta nación le gusta pensar a lo grande, las gestas heroicas, construir la historia.

Desde hacía tiempo se le reclamaba a Obama una gran visión. Los mejores presidentes de EE UU son aquellos que, contracorriente, arriesgaron, apostaron fuerte y triunfaron. Los intelectuales dubitativos y atormentados son apreciados en otras latitudes y en otros círculos, pero no en una nación que aspira siempre a ser la primera en todo.

Obama ha tardado en entender que sus compatriotas, aunque apreciaban el trabajo hecho hasta ahora, echaban de menos la determinación, el coraje, el atrevimiento que han tenido otros líderes. Con muchas menos condiciones, Ronald Reagan consiguió, a base de osadía, una comunión sentimental con los ciudadanos que lo convirtió en un presidente muy querido.

Obama puede intentar ahora lo mismo desde la izquierda. Tiene a favor una sociedad que ha evolucionado en los últimos años hacia posiciones más progresistas, y él ha sabido verlo a tiempo. Tiene en contra una difícil realidad económica y política –deuda, débil crecimiento, polarización- y, sobre todo, una personalidad naturalmente inclinada al diálogo. Obama tendrá ahora traicionar su propio carácter para construir un legado, pero ese es un extraordinario incentivo para cualquier sacrificio. @aleja_berenson

 

Por: Alejandra Berenson Fisher/

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