27 de Noviembre de 2014
24 Enero de 2013 | Crónicas emigrantes | (Francia)

La guerra de Francia en el desierto de Malí

La guerra de Francia en el desierto de Malí

El gobierno francés comenzó la semana con su atención puesta en dos puntos de la geografía mundial : en Berlín, donde la canciller Angela Merkel celebró los 50 años del Tratado de amistad franco-alemán en compañía del presidente François Hollande, que para la ocasión viajó con la totalidad de su gabinete ministerial y 400 de los 577 diputados de la Asamblea Nacional, - todos participaron luego en una asamblea plenaria en el Bundestag con sus homólogos alemanes - , y en el norte de Malí, donde los soldados franceses libran ahora una guerra abierta contra grupos de yihadistas que, según había dicho París, amenazaban con tomarse Bamako, la capital, antes de finalizar el mes de enero.

Se sabía que al gobierno socialista le esperaba un año de batallas en el plano fiscal, económico y social para frenar la recesión que se teme llegue a Francia y agrave la vida cotidiana de los franceses, pérdida del empleo, aumento del costo de vida, pérdida de la capacidad de consumo. Pero, cuando François Hollande anunció que Francia iba a librar una verdadera batalla en Malí en el sentido literal del término, los franceses se reservaron sus comentarios. Hollande los tranquilizó diciendo que era urgente desarticular los comandos de yihadistas que se han ido apoderando de una parte del desierto del Sahara, al norte de Malí.

Los sondeos de hoy indican que 2 de cada 3 franceses apoyan la decisión del presidente Hollande. Se comprende que la sociedad francesa no vea con buenos ojos el auge de islamistas radicales y menos en Malí, que hasta hace pocos años era una de sus destinaciones turísticas preferidas, en donde viven además 6 mil franceses. 

Lo que pareció contradictorio en Berlín es que a la misma hora en que François Hollande y Angela Merkel celebraban las Bodas de Oro del “Tratado del Eliseo” que firmaron Charles de Gaulle y Konrad Adenaouer en 1963 para marcar el fin de la Segunda Guerra Mundial que dejó justamente millones de muertos a las dos potencias, Francia se hubiera tenido que ocupar de los partes de guerra que le llegaban de sus tropas desplegadas en Malí, como si el tiempo le demostrara que el lenguaje de las armas y de la guerra sigue siendo el único mecanismo eficaz para instaurar la paz.

A esta hora, cerca de dos mil soldados franceses entran en el desierto de Malí, un terreno que les es desconocido aunque se lo hayan estudiado, a miles de kilómetros de distancia de su país, para enfrentar a un enemigo integrado en el paisaje, hábil, dueño de los códigos del desierto, que se mueve con toda libertad por las fronteras porosas de la franja del Sahel, que va desde el Océano Atlántico hasta el Mar Rojo, a todo lo ancho y largo de este territorio que atraviesa siete países africanos , entre ellos Malí. El Sahel une a Africa de centro y sur con el Africa del norte, los países del Maghreb, y es una de las zonas más ricas en yacimientos de petróleo y gas en Argelia,  y en uranio en la República del Niger que comparte fronteras con Malí.

Hace dos semanas Francia envío a Malí sus primeros aviones de caza para bombardear las zonas en donde se concentrarían los yihadistas y proteger la entrada por tierra de sus soldados. Sin embargo nadie puede precisar en este momento el tiempo que será necesario quedarse allá aunque François Hollande haya prometido que esta intervención será algo quirúrgica : llegar, atacar, limpiar y salir.

Nadie sabe tampoco si Francia tendrá que quedarse sola en esta encrucijada en Malí. Angela Merkel hizo saber a François Hollande que pese a la inquebrantable amistad franco-alemana su país no participará en esta guerra. La Canciller se limitó desde el Bundestag a desearle “mucha suerte”, y por intermedio de sus ministros prometió colaborar con el envío de material médico y de instructores militares para que trabajen con los franceses en la formación y entrenamiento de los militares malíes.

Pero ese es otro problema para Francia. El ejercito malí está mal preparado y sin material. Sin embargo y pese a su poco rendimiento se espera que en pocas semanas esté suficientemente listo para que pueda asumir él mismo el control de esta parte del desierto del Sahara, con la ayuda claro de otros países africanos de los cuales también se espera que acepten integrar una gran fuerza militar internacional de defensa.

Los yihadistas en el Sahara

Algunos de los jefes yihadistas que dirigen los comandos en el norte de Malí serían los últimos vestigios del desaparecido Grupo Islamista Armado (GIA) que surgió a comienzos de los años 90 en Argelia, tras la derrota del Frente Islámico de Salvación (FIS) en la primera ronda de las elecciones presidenciales de 1991. El FIS denunció en ese entonces que les habían robado las elecciones. Argelia los expulsó de la vida política por juzgar que sus postulados religiosos de carácter integrista se acomodaban mal en un Estado laico, y luego se dedicó a aniquilar los comandos del GIA con una represión feroz que abrió las puertas a una guerra civil que dejó miles de muertos. Argelia aún guarda las secuelas de esa guerra.

Los líderes islamistas que pudieron escapar a la represión del ejército argelino y de los grupos paramilitares que se formaron, buscaron refugio lejos de Argel, la capital, se fueron hacia el sur del país, a un desierto que les ofrecía libertad de movimiento y en donde también se encuentran grandes yacimientos de gas y petróleo. La frontera porosa entre Argelia y Malí facilitó más tarde su implantación en el norte de ese país. La extensión de Malí, con 1,2 millones de K2 para solo 13 millones de habitantes terminó por facilitarles el trabajo.

Los yihadistas se habrían afirmado desde el 2005 en esa zona, la cual se ha convertido en el epicentro de sus operaciones hacia toda la región del Maghreb y Europa. Se cree que se dedican principalmente al comercio transnacional de la droga proveniente de América del Sur y de Asia Central, al tráfico de personas, los emigrantes que aspiran a entrar clandestinamente en Europa y al comercio y tráfico de armas, las que salen y entran de Libia antes y después de la caída de Khadafi en el 2011. En el año 2008 el “Paris-Dakar” tuvo que dejar Africa e irse a América de Sur pues los equipos en mayoría europeos, terminaron por tomar en serio las amenazas de “kidnapping” que les hicieron llegar los yihadistas desplegados en la zona.

A través de las armas como medio de intimación y de la Charia como doctrina religiosa que regula los actos públicos y privados de los hombres, los yihadistas han logrado instaurar un dominio casi absoluto en la zona. Los primeros afectados han sido los Tuareg, un pueblo de nómadas que reivindica un territorio compartido por tres países, Malí, Niger y Argelia. Los Tuareg han sido obligados a sedentarizarse y Argelia además de desconocer los particularismos de su cultura, los ha privado de los beneficios económicos que arrojan los yacimientos de hidrocarburos situados en territorios ancestrales de losTuareg.

En abril de 2012 los Tuareg terminaron por declarar su propio estado independiente en el norte de Mali, llamado en su lengua de orígen bereber, Azawad. Los Tuareg han entrado así en un proceso de islamización radical fomentado por la presencia de islamistas argelinos. Pero el ambiente explosivo en esa región no para ahí. La pregunta es qué podrá hacer Francia para evitar que los argelinos laicos radicados en Malí sean objeto de retaliaciones por el hecho de tener la piel más blanca que el resto de los habitantes de la región...

Los costos de la guerra

Francia ha dicho que la intervención en Malí se imponía como una obligación de colaboración y de asistencia a un país amigo, ligado a ella por razones históricas (fue su colonia de 1883 hasta 1960) y desde el primer día de intervención la clase política apoyó de forma casi que monolítica una causa nacional compartida. Sin embargo ya comienzan a aparecer las primeras grietas.

El excandidato presidencial del Front de Gauche, Jean-Luc Mélenchon habla de los costos de la guerra. Para él, el mantenimiento de las tropas francesas en Malí le costarían al país cerca de 2 millones de euros diarios.

Sin embargo el Ministro de la Defensa Jean-Yves Le Drian, se ha negado a entregar cifras. La prensa habla de 700 mil euros solamente, menos que el 1, 8 millones de euros diarios que cuesta mantener a las tropas francesas en Afganistán y menos aun que lo que se gastó el ex presidente Nicolas Sarkozy en la intervención en Libia (febrero 2011), 369 millones de euros para 227 días de combates según el informe que presentó después el Ministerio de la defensa.

Hay otros que además de los gastos, también denuncian los verdaderos motivos de esta intervención militar. El Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) y algunos sectores del Partido Comunista Francés (PCF), se refieren a una guerra post colonial, cuyo propósito no es el de “defender los derechos del hombre en Malí” sino de proteger los intereses de las multinacionales francesas instaladas en la región. Niger vecino a Malí es rico en uranio, la base de la alimentación de las 19 centrales nucleares que generan la energía en Francia.

Algunos comienzan a preguntarse si esta situación no degenerará en una guerra indefinida. Entre tanto los lideres americanos, ingleses y alemanes parecen apoyar a François Hollande pero sólo por su noble iniciativa, defender a Europa del islamismo radical. Por eso el nuevo temor de Francia es tener quedarse sola en Malí. Su esperanza, que una fuerza internacional conformada por los ejércitos de Mali, Burkina Faso y Tchad pueda asumir rápidamente el control y la soberanía de la zona.

Pero los corresponsales de la prensa francesa en Malí comienzan a denunciar casos de abusos que implicarían al ejército malí. Se habla de represalias contra los habitantes de ciudades expuestas a la presencia de los yihadistas, particularmente en las ciudades de Ségou y Diabili. La gente denuncia ejecuciones y vejaciones contra civiles acusados de pertenecer o de ser simpatizantes del islamismo radical.

Este es el giro que toma ahora la intervención militar francesa en el norte de Malí. Francia observa y sigue, conformándose por el momento con avanzar sola, sin contar con la ayuda de las potencias amigas, incluída la que esta semana brindó con ella para celebrar 50 años de paz y de concordia mutua.

A bientôt

MH Escalante

 

Foto : Explosión en Gao/ Pascal Guyot, AFP

Por: Francaditalia

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Comentarios

eugenio miltorres

eugenio miltorres

24 Enero de 2013
11:05 pm

"El amor y el interes fueron al baile un dia y mas pudo el interes que el amor que me tenia".
Todas las guerras son monedas de dos caras,en la una la hipocresia se disfraza de nobles propositos,en la otra la defensa de los intereses economicos de particulares se disfraza de causa patriotica.
Total de totales la guerra es matar a unos para que otros vivan bien,y lo curioso es que los paises pagan los costos, los mas pendejos mueren y los particulares se quedan con el botin .Colorin colorado,el cobre está pelado.

antonin

antonin

24 Enero de 2013
12:30 pm

Las guerras no conducen a ninguna parte... son atraso para los pueblos inmersos en ella.
La salida pacifica a todo conflicto es la mejor soluciòn.
En los tiempos modernos las guerras se hacen por intereses creados,sino pregunteselo a los yankees.
Franca, te saludo con cariño

osgir

osgir

24 Enero de 2013
4:14 pm

Y EN LOS TIEMPOS ANTIGUOS POR LOS INTERESES A CREAR.

luifernd

luifernd

24 Enero de 2013
8:43 am

Buena nota FRANCADITALIA.Felicidades!!!

osgir

osgir

24 Enero de 2013
7:40 am

Alguien es un MALI.....to AQUÍ.