24 de Abril de 2014
31 Enero de 2013 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

Una vez más, borrón y cuenta nueva

Una vez más, borrón y cuenta nueva
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Luego de haber sido hotel, restaurante y de estar en el abandono total, la casona El Refugio del Tequendama será convertido en museo de biodiversidad de fauna y flora.

Construida cien por ciento en roca e inspirada en las murallas de Cartagena, nació, hace 89 años, la estación terminal del Ferrocarril de La Sabana, hoy conocida como casona del Salto del Tequendama.

Como estación funcionó hasta 1950 cuando la casona fue vendida y transformada en El Refugio, un hotel ostentoso que contaba con habitaciones de primera y segunda clase, cada una con baño y chimenea, un gran restaurante en el salón principal, albercas y lavaderos, dos sótanos, un balcón a 170 metros de altura del río y un ascensor que descendía, a través de las rocas, al lecho de la vertiente.

Luego, en 1970, veinte años después, fue vendida de nuevo y convertida en un restaurante. Esta vez, el sótano era el bar, y el salón principal, el gran comedor. Pero en la década de los años 80 la contaminación del río Bogotá obligó a su cierre y la casa se perdió en el olvido.

Entonces, comenzó una época de misterios alrededor de la catarata que flanquea la casa, desde donde personas, agobiadas por el desamor, las deudas y los problemas familiares, saltaron hacia el “valle de la muerte”.

Uno de los desencantados que se tiró al vacío fue Luis Eduardo Rodríguez, un hombre de 36 años que tomó la trágicadeterminación luego de asesinar a su hija de 6 años y agredir a su esposa. Su caso ocupó una página de El Tiempo, en 2006.

En Marzo de 2012, John Edison Mojica, técnico automotriz de 24 años, tomó la decisión de encender su moto y saltar poco después de haber tenido problemas con su novia.

Sucesos como estos hicieron de la casa un lugar de fantasmas que asustan en la noche y un escenario de mil historias de terror.

José Ignacio Pareja, guaquero y chamán llanero, le contó a El Tiempo su experiencia como vigilante en aquél tenebroso lugar. Jura haber visto una serpiente que se convirtió en princesa indígena, espíritus que rompían crucifijos y un hombre sin cabeza que lo vigilaba.

El renacer

La casona cuenta con cuatro pisos. En el primero aún están las albercas y los lavaderos; en el segundo, los dos sótanos; en el tercero, el salón y el balcón principal; y, en el cuarto, aún se conserva el altillo presidencial.

La condición estructural de la casona no permite el ingreso al cuarenta y cinco por ciento del lugar. Las escaleras, las ventanas, los pisos y las puertas son cien por ciento hechas de madera y se encuentran totalmente podridas. Su color rosado, adquirido en 1950, está quedando en el olvido.

Hoy ni el Gobierno, ni el distrito, ni el municipio de Soacha, ni la Gobernación de Cundinamarca se han preocupado por la recuperación de la casona. Pero, aún hay esperanza, hay personas de buenas intenciones.

Hace seis meses, en cabeza de María Victoria Blanco y de su fundación Granja el Porvenir comenzó la restauración de la Casa. La idea del proyecto, según Luis Carlos Cárdenas guía turístico del lugar, es mantener su diseño arquitectónico y su originalidad, además, de convertirla en un museo de biodiversidad de fauna y flora.

Para Victoria, la dueña de la casa y directora de la fundación, la única esperanza es que hayan buenos corazones que se unan a la causa pues en varias visitas que ha tenido de extranjeros, éstos le han dicho que el lugar tiene un gran potencial.

Juan Rodríguez, turista cartagenero y quien tuvo la oportunidad de visitar la casona, señala que es importante que el país se apropie y lo convierta en patrimonio cultural, y que causas como las de restaurar un lugar abandonado como este son las que vale la pena apoyar.

El futuro de la casa es incierto, se necesitan 1600 millones para lograr la restauración y los fondos que recibe la fundación son de las donaciones que visitantes y pequeñas empresas deciden aportar. José Agustín Beltrán quien cuida los carros hace 25 años sólo espera que con la finalización del proyecto se logre captar la atención de la gente y poder tener la visita de muchos más turistas.

Los encargados del cuidado de la casona luchan para que las leyendas y mitos sobre lo paranormal no afecten a los pocos turistas que deciden aventurarse a visitar el lugar.

Por: Gigi Mendoza

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Comentarios

ladypapa

ladypapa

3 Febrero de 2013
5:37 am

Felicitaciones por tu nota y ojalá alguien tome cartas en el asunto y saquen provecho no solo de la casa, sino de la zona en general que es maravillosa.

MARPET

MARPET

1 Febrero de 2013
8:32 pm

GIgi, buena cronica, me produjo una nostalgia muy bogotana.Solo una anotacion, el Salto del Tequendama, ha sido desde tiempos ya Lejanos sitio de suicidios.
Incluso,la leyenda dice que Los Muiscas, preferian tirarse al vacio del Salto, que convertirse a la religion catolica.
Cordial saludo,
Marpet

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

1 Febrero de 2013
11:42 am

Muy buena investigación amiga