

En cualquier esquina de Berlín, pero sobre todo en la Alexanderplatz, Bert tendía su manta y esparcía sus terrones, sus tierras oxidadas, sus ladrillos oscuros, en fin, pedazos del Muro. De eso vivía, de vender nostalgía o vergüenza, como lo quieran ver los compradores del mundo.
Con el tiempo, los vendedores de nostalgia o vergüenza aumentaron dramáticamente. Turcos, kosovares, rusos y peruanos para cuya comunidad inmigrante el gobierno había creado una división especial de policía para su control, se dedicaban al negocio.
Bert venía del este alemán. Según su estado de ánimo, su mercancía era lo uno o lo otro: nostalgia o vergüenza. Veinte años después, la nostalgia se impuso a la vergüenza. El Muro solo había cambiado de estado: ahora era invisible. La cacareada reunificación no era más que una anexión de la Alemania del este por la Alemania del oeste.


Comentarios
ARTURO PRADO LIMA
22 Febrero de 2013
11:29 pm
Gracias por su cometario.
Un abrazo
MARPET
21 Febrero de 2013
8:53 pm
Cordial saludo, es parcialmente cierto, ALemania federal "anexo" al Republica Democratica ALemana, pero hay que considerar, que esta, fue una utopia de la Urss.
Muchos del oeste consideran que el pago en impuestos fue muy alto por la "anexion".
Saludes
Marpet