

Cuando Dios con su control remoto baja poco a poco la intensidad del sol y la oscuridad baja por los techos de mi calle, las ventanas del edificio de enfrente se van encendiendo como televisores.
Cada una, en un canal diferente y todas presentan cada noche los programas de la rutina de la vida; que simplemente me recuerdan que ella es como un álbum de fotos, con situaciones diferentes donde hay alegrías y tristezas, sueños y nostalgias, amores y odios, compañías y soledades.
A veces me asomo en mi propio televisor y recorro con la mirada los televisores de enfrente, y como no alcanzo a escucharlos, en ocasiones mis pensamientos me hacen escuchar dentro de mi mente, como si tuviera audífonos, las interpretaciones que le doy a cada programa que voy viendo y a veces también me escucho decir en un tono apenas audible palabras que quisiera que ellos, mis vecinos de enfrente, si alcanzaran a escuchar o no.
Palabras que a veces son como premoniciones porque a fuerza de vivir frente a frente, casi se adivinan cuáles son algunos de sus próximos movimientos porque una vivienda no es una ciudad donde nos refundimos por sus infinitas entrecalles siendo uno más entre los demás.
Como lo hacemos todos, porque todos tenemos una cierta rutina expuesta, en las noches de nuestros hogares,hasta que cerramos las cortinas, o bajamos las persianas o apagamos la luz.
Esas palabras son a veces de acompañamiento, palabras que caminan en la oscuridad queriendo que nadie las vea y cruzan al frente mis buenos deseos, mis reflexiones, mis desengaños, mis preocupaciones y a veces también, por qué no, mi disgusto o mis más recónditos y ajenos deseos.
Sus figuras algo borrosas me son conocidas, aunque en su mayoría son todos unos desconocidos, y me resultan familiares porque es imposible ver todas las noches a toda mi propia familia.
Son las ventanas encendidas de noche, del edificio de enfrente y soy también consciente de que para muchos de ellos, cuando también dan un vistazo, queriendo o sin querer, pasajero o reposado, mi ventana también les resulta un televisor.
Esta noche al mirarlas encendidas en la oscuridad, escuché en los audífonos de mi mente, mi voz baja diciéndoles adiós, porque mañana me mudo de vecindario y de cierta manera,muy en fondo, sé que las voy a extrañar.
Alfonso Acosta Caparrós
alfonsoacostacaparrós@gmail.com


Comentarios
ESCRIBANO13
21 Febrero de 2013
10:15 pm
Parecen múltiples ojos de gigantes insectos que nos miran, sin saber de dónde venimos,quienes somos, ni como ni donde vamos a terminar..