31 de Julio de 2014
25 Febrero de 2013 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

Las quijotadas de Sancho

Las quijotadas de Sancho

Estamos en la segunda década del siglo XXI; quizás conocer algunas historias de don Sancho, el inmortal Sancho, como le dicen sus amigos, el carro-mulero más famoso del que se tenga noticia por estos lares del caribe colombiano no sea más que acercarse a una parodia de la realidad que nos agobia desde hace mucho tiempo. Parodia producto de la sarta de injusticias y problemas que azotan a un pueblo que no ha podido enderezar los entuertos de las contradicciones existentes entre lo que se predica y lo que no se hace; es decir, la negación de los derechos de las personas y la negación de las obligaciones de un gobierno amnésico y excluyente.

Sancho no es ningún español; no es omnipotente, sino un impotente ante las adversidades de esta urbe cartagenera. Con sus ojos críticos y su locuacidad características, este carro-mulero cartagenero narra a sus amigos y colegas de oficio sus percepciones de una ciudad sitiada por los bucaneros de la corrupción en los consabidos “concervezatorios” de todas las tardes en la tienda del barrio, no sin antes reírse hasta la saciedad de las ocurrencias y dicharachos de este Sancho caribeño.

Como siempre pasa con todo lo que pasa en estas salitrosas tierras, sus análisis no serán tenidos en cuenta por ningún encopetado dirigente, pues él no sabe cómo llegar a tan alta personalidad. Sancho conoce la basura, el escombro, el estiércol de su mula desgarbada y todo aquello que aparentemente no sirve; es un experto, por eso no se acerca a ellos ni para épocas de elecciones. Tampoco acompaña a ningún caballero de “luenga figura”; va solo con su mula. Él socarronamente con sus dicharachos y refranes hace alusiones precisas a la cotidianidad de una ciudad inmóvil y sin liderazgo que sucumbe estoicamente sin levantar su voz de protesta.

En estos “calamitosos tiempos” los análisis de Sancho, ícono de todos los que trabajan en sus carretas tiradas por jumentos, mulos o caballos de la costa caribeña, ese enjuto carro-mulero que trasiega por calles y avenidas de nuestra ciudad es el representante perfecto de aquellos a los que le han quitado la penitencia de hablar. Sí, este Sancho es nuestro. Trabaja de sol a sol, pero se dedica con sorna y socarronería a criticar de todo y a todos. A pesar de ser así, criticón, siempre lo tienen fregado y nunca se le tiene en cuenta para la toma de grandes decisiones. Es uno más del montón. Un número para El DANE.

En su imaginario permanece latente la “mamadera de gallo” de todo buen costeño. Siempre lleva una sonrisa en su rostro y por eso dice que lo tienen jodido, porque creen que la pobreza es felicidad y no hay que acabarla, pues los pobres se morirían de tristeza y entonces dónde se encontraría la felicidad.
Para Sancho, sin ser una persona leída ni entendida en cosas de política, los paraderos de Transcaribe no son ningunos molinos de viento, son unos elefantes blancos enormes que se han comido grandes cantidades de dinero del erario del Distrito y la Nación. Hermosos elefantes productos de la incapacidad administrativa y la corrupción que como encantadores de la realidad convierten todo en nada. Sancho no lucharía nunca contra ellos, porque desaparecería en un santiamén y sería una cifra más en un país donde las desapariciones son el pan de cada día y sus hijos y su esposa lo necesitan.

Asimismo, para Sancho “Las fuerzas Vivas de la ciudad” son lo que son, fuerzas Vivas. Tan vivas que ante cualquier oportunidad electoral sacan a uno de sus integrantes para que se lance a cualquier puesto de poder y cuando llega al sitial se olvida de los que lo llevaron y comienza a “vivir” de los bobos que lo eligieron. Esas si son Fuerzas vivas, dice con una risa estentórea mientras se seca las espumas de la cerveza que le queda en la boca.

Sancho saca a relucir su humor en reiteradas oportunidades, expresando que el fleteo y el crecimiento del pandillismo se debe a la falta de “mano dura” del director de la policía. Porque “Mico-mandante” no aplica las estrategias necesarias para contrarrestar la violencia y la inseguridad como debería hacerse, con mano dura con los delincuentes. Además, nunca capturan a los que cometen los delitos, sino a los más pendejos.

Así, Sancho se bebe su par de cervezas y entre chiste y mamadera de gallo se deja llevar por una realidad acuciante que lo hace ser uno de tantos inconformes en una ciudad donde todo desaparece por arte de encantadores. Sancho no teme ningún fracaso. Si se quiere corroborar lo anterior lea el periódico de la ciudad todos los días para que vea como lo insólito se convierta en verdad y la verdad en algo insólito.
* Docente de Lengua castellana y literatura del Distrito de Cartagena en la Institución Educativa Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de Comunicación Oral y escrita de la Fundación Universitaria Tecnológico Comfenalco.

 

Por: Edinson Pedroza Doria/

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Comentarios

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

25 Febrero de 2013
3:57 pm

Buen simil para demostrar los podéres políticos de la ciudad. Trabajan y trabajan y no se ve el verdadero efecto.