23 de Septiembre de 2014
25 Febrero de 2013 | Crónicas emigrantes | (Colombia)

¿Qué es ser colombiano? Sin principio ni final

¿Qué es ser colombiano? Sin principio ni final
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Esto no es un cuento, tampoco un relato y mucho menos una crónica es una simple representación de una realidad que acosa aproximadamente unos 40 millones de personas mientras que otra minoría las mira desde lejos, a esa minoría las llamaremos “sabandijas”. No hay moraleja ni final, cada quien establece lo que quiere y se ubica dónde quiere.

Colombia es como un circo de barrio pobre, un barrio donde solo hay pavimentada media vía principal y el resto está cubierta de tierra amarilla pisada por la fuerza de la costumbre, asaltada por la maleza la cual es lo único que crece de manera constante gracias a la humedad de las casas mal construidas y el clima inhóspito pues como dicen por ahí, “donde hay pobreza no hay ni dios ni misericordia”.

Lo que llama más atención es el circo ubicado a un costado de la vieja edificación donde queda la junta de acción comunal, con una carpa vieja donde no hay necesidad de cubrir los rotos con retazos pues se perdió la esperanza de unir algo que desde hace mucho está roto descosido por el sol y el agua. Unos caballitos de metal con unos viejos rieles dan movimiento a figuras oxidadas con pintura por secciones colores sobre colores que siguen la lógica “de lo que hay” tres vueltas por 500 pesos y si se atora el mecanismo no se devuelve el dinero, así llega la innovación y tecnología a los pobres.

El dueño del circo es un veterano de guerras, de guerras con la diabetes. Olvidado por el sistema de salud renunció a la esperanza más básica del ser humano y ahora solo espera el día que su cuerpo llegue a ser tan dulce que no lo levante de la cama, desafortunadamente ese día no llega mientras tanto hace presentaciones en el circo donde presenta un perro bailarín que viejo, el cual recogió de la calle entre una canasta de cachorros abandonados en la ciudad por algún dueño que solo quería a la madre mas no a los bastardos.

El otro integrante es un payaso viejo y alcohólico que vive con sus cuatro hijas la primera alcanzó a terminar la secundaria, la segunda logró llegar a octavo, la tercera solo hizo la primea y la última, bueno la última esta no sabe leer ni muestra interés en aprenderlo, los días de las muchachas pasan entre asear la carpa, mirar los espectáculos repetidos y al final perderse mirando como los focos alrededor de la carpa se va quemando uno a uno. Volviendo al payaso, su vida no es mucho más entretenida, cada dos días hace el mismo show con los mismos chistes después busca su taburete y se sienta a pelear con una botella de aguardiente barato hasta que esta lo noquea al otro día amanece con su maquillaje corrido, lagrimas secas y oliendo a orín.

Los días del circo pobre están contados, pero como toda pesadilla no se sabe cómo empezó ni cuándo va a terminar.

El letrero que dice “últimos días” fue olvidado por todos, hasta por el mismo letrero. La esperanza es la misma pero la realidad no promete mucho, lo curioso es el hecho que algunos visitantes que van al barrio pobre al ver un circo que lleva tanto tiempo y ofrece funciones a diario llega a la conclusión que este barrio es el barrio más feliz del mundo, incluso siendo desigual y miserable.

 

Por: andrés lugos/

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Comentarios

luifernd

luifernd

25 Febrero de 2013
5:13 pm

ANDY BELT:La desesperanza como la esperanza se construyen de idéntica manera:LA PERSONA ESCOGE POR CUAL DISYUNTIVA CAMINAR, UD ESCOGE LA PRIMERA, YO LA SEGUNDA.Ahí está la diferencia.Felicidades!!!

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

25 Febrero de 2013
4:10 pm

Buen tema para reflexionar.

osgir

osgir

25 Febrero de 2013
11:20 am

LO AMARGO DE TODO ESTO ES QUE TERMINA SIENDO ALGO DULCE COMO LA MUERTE LENTA.