



Todavía pareciera que no sabemos definirnos como colombianos, apenas acertamos a recordar la frase aquella de Jorge Luis Borges, sin conocer bien su origen que se remonta a un cuento suyo, “Ulrika”. En su breve relato, él se presenta como colombiano, al narrar su encuentro con ella en la ciudad de York.
Resumimos aquí la narración de Borges, terminando esta serie de 5 artículos, invitando a los lectores a regalarnos su opinión sobre cuál pudo ser la intención del escritor, en su historia, al presentarse como colombiano y la de María Kodama, su esposa, para rememorar al personaje eternamente en su tumba.
En el cuento el protagonista es un hombre célibe entrado en años, para quien un ofrecido amor es un don que ya no espera. Pero visitando un Museo, en Noruega, conoce a UlriKa, milagro que -piensa- tiene derecho a imponer condiciones y le hace recordar su adolescencia en Popayan.
Ante Ulrika, ella “de furioso oro” y con “aire de tranquilo misterio”, el personaje de su relato se presenta como Javier Otálora, profesor de la universidad de Los Andes, en Bogotá, aclarando que es colombiano, a lo que ella pregunta de un modo pensativo:
¿Qué es ser colombiano?,
No sé – responde él- Es un acto de fe.
-Como ser noruega –asiente ella.
Antes Ulrika ha dicho que “Inglaterra fue nuestra y la perdimos, si alguien puede tener algo o algo puede perderse”. En su charla, enamorándose, el profesor dice que todo eso es como un sueño y él no está acostumbrado a soñar, “Yo querría que este momento durara siempre” –murmura, tras lo que Ulrika afirma: “Siempre es una palabra que no está permitida a los hombres”.
Esta historia sería intrascendente para esta entrada sin su final por fuera del cuento que hace parte de la serie El Libro de Arena (1975). Borges muere en Ginebra en la mañana del sábado 14 de junio. Es enterrado en el cementerio Plain Palais. El 26 de abril anterior, Borges de 86 años, se había casado por poder en Paraguay con María Kodama de 49, quien encarga para su tumba una obra inspirada en las tallas del arte nórdico.
La lápida, que muestra un barco vikingo y a sus guerreros, incluye textos en ambas caras, uno en anglosajón, al frente, y en el reverso, unos trazos en escandinavo antiguo donde además debajo se lee: “De Ulrika a Javier Otálora“.
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Comentarios
clodomiro valiente
24 Octubre de 2010
8:07 pm
El colombiano un ser humano rendido a los pies de la parca a quien ha adoptado como su "diosa" tutelar, nos matamos por cualquier cosa o no las inventamos. De eso hay trillones de historia, por lo menos conocidas durante los últimos 200 años.