



Aunque pocos creerían que en pleno siglo XXI fuese posible revivir los tristes episodios de racismo y xenofobia que han dejado la huella del mal impresa en la historia de nuestro mundo, la idea de una nueva ola de discriminación, segregación y aislamiento, no parece hoy por hoy tan descabellada para los estadounidenses.
Desde comienzos y durante gran parte del siglo XX, en varias ciudades de los Estados Unidos, se realizaron distintos movimientos contra la población afroamericana. A través de hostigamientos, crímenes e intimidaciones, se vulneraron a fondo los derechos humanos de esta comunidad. Así, grupos como el Klu Klux Klan, cuyos integrantes cobardemente cubrían sus rostros con sabanas blancas antes de cometer sus atrocidades, sembraron el miedo en las familias negras y en todas aquellas que aunque no fueran de color, formaran algún tipo de amistad o cercanía con ellas.
Muchas injusticias debieron soportar los afroamericanos, injusticias que eran justificadas por la misma Corte Suprema, que en algún momento resumió el conflicto entre blancos y negros con la frase “separados pero iguales” (Separated but Equal), para limpiar conciencias haciendo falso alarde de que a ambas partes se les otorgarían las mismas oportunidades de vida, mientras se mantuvieran separados. Finalmente apareció un abanderado de la causa, Martin Luther King, quién hacia los años 50 se apropió de esta lucha y logró la aprobación de la Ley de los derechos civiles y la Ley del derecho al voto para las negritudes estadounidenses. Pese a su heroísmo y aunque muchos piensen que el racismo en Norteamérica es cosa del siglo pasado, hoy se pone en evidencia que es un mal vivo pero disfrazado.
La historia pareciera querer repetirse, ya no contra la sufrida población negra estadounidense, sino contra los inmigrantes de todas partes del mundo, pero especialmente los mexicanos y latinos que han llegado al país del Tío Sam en busca del tan anhelado y muchas veces esquivo “sueño americano”.
Estados Unidos es actualmente el país que alberga mayor cantidad de inmigrantes, cerca del 42%, según datos de la OIM para lo que va corrido del 2010. Una población muy significativa que se ha convertido en la mano de obra capaz de sostener el peso del capitalismo salvaje que mueve el poder dicho país.
Sin embargo, parece que la gran mayoría de los norteamericanos ignoran dicha situación, pues según el Departamento Nacional de Estadísticas de ese país, el 60% de los estadounidenses está de acuerdo con la aplicación de la Ley SB1070, más conocida como la Ley Arizona o Ley anti-inmigrantes.
Dicha ley, entró en vigencia el 29 de julio de este año, en medio de la polémica por quienes la consideran racista, entre ellos el Presidente Barack Obama, quién a riesgo de perder popularidad entre la población caucásica, instauró una demanda en contra de la ley, logrando que la juez encargada del caso, suspendiera varios artículos de la misma. Entre los artículos que están temporalmente suspendidos, se encuentra uno que dispone que los policías puedan retener por el tiempo que consideren necesario a cualquier persona sospechosa de ser ilegal, por cualquier tipo de falta, hasta comprobar su status migratorio. Así mismo, propone acelerar los procesos de deportación y cataloga como delito el hecho de no portar papeles. Cabe resaltar que aunque los mencionados artículos están actualmente congelados aún no han sido derogados y otros como el que castiga a las personas que recojan inmigrantes indocumentados de las calles, continúan vigentes.
Según la politóloga Maria del Pilar Sandoval, egresada de la Universidad de los Andes, en la ley se mezclan tintes xenofóbicos y racistas: xenofobia en sentido de marginar al inmigrante ilegal de la sociedad y racismo en la medida en que se asume que quién luce blanco es superior y por lo tanto no es criminal, o por lo menos no es sospechoso de serlo. Para Sandoval “la ley permite validar ambas cosas”. Pese a ello, resalta que es una situación complicada ya que hay que tener en cuenta que para los gringos, existe un imaginario difícil de erradicar, en el que se asocia a una persona con rasgos latinos, con “un ilegal que esta evadiendo impuestos y quitándote el trabajo”.
Aunque la ley está formulada para la población inmigrante en general, la verdad es que en la práctica, su objeto de búsqueda son principalmente los inmigrantes mexicanos y centroamericanos. Así lo afirma, Felipe Loffsner, inmigrante en el estado de Arizona y miembro activo de la red de colombianos en ese lugar. Loffsner asegura no estar de acuerdo con la ley por considerarla injusta y racista, “la gran mayoría de latinos son personas de bien, que vienen a sacar a su familia adelante que quieren estudiar, que quieren un mejor futuro para sus hijos y que son humildes y honestas”. Sin embargo, este colombiano asegura que muchos sectores habitados por latinos, se encuentran en mal estado, mal cuidados y resultan muy inseguros, lo que genera malestar en la población gringa.
De igual manera, Loffsner afirma que existe una “sectorización de la ley”, ya que si bien todos los inmigrantes latinos están sujetos a ella, la manera de tratarlos en el momento de las detenciones no es la misma. En el caso de los colombianos, el trato es mucho más tolerante y menos agresivo que el trato hacia los mexicanos o los centroamericanos, a quienes generalmente se les asocia con la delincuencia.
Uno de los abanderados de la puesta en marcha de esta ley, aparte de la gobernadora del estado de Arizona, Jen Brewer, es el Sheriff del condado de Maricopa, Joe Arpaio, famoso por sus prácticas poco ortodoxas en contra de los inmigrantes.
El 14 de junio de 1932, en Springfield, Massachusetts llegó al mundo Joseph Arpaio, para algunos “el sheriff más implacable del mundo”. El terror de los indocumentados en el estado de Arizona, es paradójicamente hijo de una pareja de inmigrantes provenientes de Nápoles, Italia. No obstante su infancia estuvo marcada por la ausencia de su madre, quien murió en el momento del parto y el desinterés de su padre, quién no tuvo gran participación en la crianza de Joseph.
Joe, como se le conoce, despertó desde joven un gran interés por vincularse con las organizaciones de seguridad de su país. Así, empezó enlistándose en la armada de los Estados Unidos, posteriormente se vinculó a los departamentos de Policía de Washington y Nevada, hasta que obtuvo un puesto en la DEA, cuya dirección asumiría posteriormente, hecho que lo condujo finalmente al estado de Arizona.
Este lugar ubicado en zona limítrofe con México, ha librado por años una lucha hasta ahora siempre fallida, contra la inmigración.
Desde 1954, con la llamada “Operación Mojados”, se ha tratado de disminuir inútilmente la entrada ilegal de personas al país. En los gobiernos Clinton y Bush, se realizaron operaciones similares, en las que no se cumplió con el objetivo y solo se contribuyó a la consolidación de grupos criminales en el sector que optaron por sacar provecho de la situación.
Las repetidas batallas perdidas han creado en muchos habitantes de Arizona una sensación de rabia hacia los inmigrantes. Para el Sheriff Arpaio, que desde 1992 ejerce este cargo en el condado de Maricopa, la población inmigrante se ha convertido en una obsesión y un reto. No contento con perseguirlos y retenerlos, el sheriff quiere difundir sus sentimientos de rabia en el resto de la población y con comentarios como en los que afirma que “pondría máscaras en todos sus agentes que tuvieran contacto con indocumentados”, enciende la discusión entre unos y otros.
Los inmigrantes del condado, especialmente aquellos de origen mexicano y centroamericano, temen caer en manos del alguacil, no obstante Arpaio y sus seguidores se re afirman en la tesis de hacer lo mejor y lo necesario por la seguridad del país, así ellos implique poner en práctica el famoso refrán maquiavélico de que “el fin justifica los medios”.
Lo cierto es que a raíz de la Ley SB1070, los ataques contra inmigrantes han venido creciendo y la idea de adoptar los cuestionados métodos de la misma para frenar el flujo de indocumentados, parece extenderse por todo el país norteamericano, en donde otros 9 estados, incluyendo Florida, han manifestado el deseo de plantear leyes similares.
La situación pone en evidencia la necesidad de una política migratoria que sea efectiva y eficiente para ambos lados del conflicto. Mientras eso sucede, la comunidad inmigrante deberá esperar que aparezca el Martin Luther King del siglo XXI a luchar contra las agresivas prácticas de personajes como Joe Arpaio, para lograr por fin un status digno en el país que tanto alarde hace de la libertad.



Comentarios
RUMON36
4 Noviembre de 2010
1:03 pm
SI,MARIA DEL MAR,LAMENTABLEMENTE ESTAMOS REGRESANDO A LO MAS OSCURO DE LA HUMANIDAD.
Elsa Tobon
3 Noviembre de 2010
5:40 pm
Que buena nota, Maria del Mar. Complementa dos que yo he escrito sobre el tema, "Suspenden la ley de Arizona pero continuan los muertos" y "Llamamiento a impedir el juego de las estrellas en Arizona". La ola de racismo y xenofobia no recorre sola a USA. Se han revivido esas prácticas en el mundo, contra todos los inmigrantes y sectores minoritarios: latinos, afrodescendientes, homosexuales, discapacitados, y hasta los gitanos, como señala otra nota de soyperiodista, escrita por Jhon Tafur, "Serait-ce possible? La situación de los gitanos en Francia", quien nos ilustró sobre un tema algo desconocido. Creo que es el resultado del resurgimiento de la derecha, que recorre el mundo. Es una marcha hacia tiempos oscuros, que deberíamos detener. Saludos y suerte. Estas en un buen portal.
moderador
3 Noviembre de 2010
12:46 pm
Bienvenida a Soyperiodista.com, un espacio de libre expresión. Muchas gracia spor el aporte. Esta nota fue incluida en la selección de la edición en Revistero Virtual.