Crónicas emigrantes - Tortuosa embotellada | soyperiodista.com
17 de Mayo de 2012
29 Marzo de 2011 | Crónicas emigrantes | Bogotá (Colombia)

Tortuosa embotellada

Tortuosa embotellada
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Recuerdo que en mi época de Universidad, se le daba al profesor “El cuarto de hora” el cual consistía en que por unanimidad se adoptaba una posición de salón: Si en 15 minutos no llegaba el maestro, se apagaba la luz, se cerraba la puerta y todos nos íbamos.

Sin embargo es muy probable que en la actualidad no le den el mismo tiempo al profe sino que necesariamente el consenso de los alumnos será otorgarle a éste, no un cuarto de hora sino mejor, hora y media.

¿La razón? Los trancones descomunales en la ciudad de Bogotá.

Indiscutiblemente dicha circunstancia que no solamente se advierte a las horas pico, sino que ya son comunes a cualquier hora del día, inclusive fines de semana, están llevando a la aparición de nuevas tendencias en la cotidianidad y en el comportamiento de sus habitantes.

Uno de los postulados de la Ley de la Atracción advierte que lo que constantemente se repite tarde o temprano será una inevitable realidad. ¿Se atrajeron los trancones, con esa trillada excusa, es que había un trancón? Obviamente que no, nada de este grave problema tiene que ver con la atracción sino más bien con la ley de la corrupción.

Lo cierto es que la citada excusa dejó de ser simplemente eso, para convertirse en una terrible y angustiosa realidad, si antes nos distinguíamos por ser incumplidos, definitivamente ya rompimos cualquier record, deberíamos los Bogotanos postularnos para el libro de Guiness Records.

Bogotá se convirtió en una ciudad totalmente imprevisible e inesperada, nadie sabe a ciencia cierta a qué horas va a llegar a una cita, nadie sabe si va a poder cumplir una diligencia, nadie puede imaginarse que va a pasar en el camino y que le imposibilite llegar a tiempo a su lugar de destino.

Dirán que soy un poco exagerada, pero en Bogotá se adelantan varias obras al mismo tiempo, calles principales totalmente destrozadas, cientos de desvíos, obras eternizadas por el fenómeno de la corrupción administrativa, tractomulas en todo su esplendor y bien campantes por la avenida Boyacá, Calle 13 y Avenida Ciudad de Cali, los temibles huecos, los frecuentes paros, las constantes lluvias, los siempre y muy ponderados varados, pinchados, estrellados, las inundaciones, la escasa inteligencia vial y la entrada en circulación de cientos y cientos de vehículos nuevos, se convierten en los ingredientes para la sopa, el seco y el postre del menú de movilidad de la ciudad y los cuales hicieron que la cotidianidad en la ciudad se vea alterada.

Ahora si, “ala mi chato en realidad de verdad” los cachacos somos los más impuntuales gracias a la corrupción, improvisación, mala administración, falta de planeación y ausencia de políticas por parte de las autoridades competentes, pero que en últimas producen los mismos efectos: Llegamos tarde a todas partes.

Por ejemplo las diligencias judiciales que se caracterizaban por ser muy puntuales, en la actualidad ya no lo son tanto, anteriormente se daba como un término máximo de espera entre cinco minuticos máximo diez, pero en la actualidad el plazo de espera oscila entre los 45 a los 60 minuticos.

No quiero imaginarme la angustia y el desespero que deben experimentar los familiares de los pacientes que son transportados en ambulancias, quienes deben llegar a una entrevista de trabajo, quienes deben presentar exámenes de estudio y laborales, quienes deben sustentar tesis, quienes deben cumplir una diligencia judicial, una cita u operación médica, quienes deben llegar temprano al colegio o a la Universidad, quienes tienen un jefe inflexible, quienes deben cumplir una anhelada cita de amor y en general toda la población de Bogotá, quienes observamos inmóviles como perdemos diariamente y como agua entre los dedos horas y horas de nuestras vidas embotellados en un trancón.

Me contaba una amiga quien era directora de tesis que uno de sus alumnos desesperado en uno de los tantos trancones de la ciudad, llamó desde el taxi a los jurados de tesis, quienes decidieron dar inicio de la sustentación vía celular pues el joven llevaba 50 minutos de retraso, otro de sus alumnos no pudo llegar a la ceremonia de graduación de su especialización por la misma causa.

Son tantas historias que han surgido debido al fenómeno de los embotellamientos viales que éstas merecen ser plasmadas en un libro para la posteridad y con el fin de que quede registrada la cruz tan pesada que tuvimos que cargar los capitalinos.

Estamos “embotellados” en la lámpara de la corrupción, de la ineficiencia, mediocridad y descaro, necesitando urgentemente un Aladino que frote la lámpara y nos libere de ese cruel y largo estado de embotellamiento y al cual sin lugar a dudas le concederíamos los tres deseos por sacarnos de tan tortuosa embotellada.

Por: Sandra Mercedes

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Comentarios

criticoncolombiano

criticoncolombiano

30 Marzo de 2011
3:38 pm

Cali va por la misma y salpicada por los Nule...

moderador

moderador

30 Marzo de 2011
11:25 am

Gracias por el aporte en Soyperiodista.com sobre la realidad de los trancones en Bogotá.

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

30 Marzo de 2011
12:21 pm

Sr Moderador, Gracias. Feliz Tarde.

Isaacs II

Isaacs II

30 Marzo de 2011
8:16 am

Cuando los gobiernos son locos, sus politicas son locas, el dinero los enferma, tanto, tanto, que todos esos millones de presupuestos que manejan como con pase de 5 categoria, los deslumbra y no los deja ver.
El dia que un equipo compuesto por politicos, economistas, lideres religiosos, tomen las riendas de los presupuestos del estado sin la diversidad de carteras, abra mas transparencia, este ministerio liderado por muchos y no por uno solo desembolsara los recursos para todos los temas gubernamentales, porque el sistema actual no funciono, colapso como el trafico, mandando lo que muy obligadamente nos quitan "en impuestos", a bancos donde facilmente se pierden, los banqueros no tienen quien los gobierne?

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

30 Marzo de 2011
12:20 pm

Isaacs II, tal como ud. refiere, necesitamos gobiernos y equipos honestos y comprometidos. Feliz Tarde.

osgir

osgir

29 Marzo de 2011
7:38 pm

Sandra, recordada, la puntualidad hace parte del talante personal. Pero ya ni talante nos queda ante el desastre de
una ciudad manejada por un Alcalde que manda a hacer su vestido DE SASTRE NACIONAL.

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

30 Marzo de 2011
12:18 pm

Circula un comentario en la ciudad de Bogotá, que a su letra dice: " A Japón lo destruyó un tsunami a Bogotá Tu-sami" Cordial Salundo, Feliz Tarde.

Shanita´s Information

Shanita´s Information

29 Marzo de 2011
7:32 pm

Totalmente de acuerdo con Ud. Sandra, he sido victima muchas veces de las angustias de no poder llegar puntual a una cita ( no siendo mi culpa ni falta de responsabilidad) sino como Ud. menciona, el "embotellamiento"... hace aproximadamente una semana tenia una cita mèdica en chapinero y salì con un tiempo de hora y media o cuarenta y cinco minutos...en buseta, pero de no ser porque tome un taxi, aùn despuès de unas 4 horas no hubiese llegado porque el trancòn en las americas era TERRIBLE, sin contar que cuando llegue a mi cita (con 15 minutos de retraso) el doctor habìa salido y afortunadamente regresò y decidio atenderme... definitivamente...necesitamos el Aladino....Bendiciones.

Sandra Mercedes

Sandra Mercedes

30 Marzo de 2011
12:15 pm

Hola Shanita, son tantas historias que han nacido a causa de los trancones de Bogotá, el pan diario de cada día, tiempo desperdiciado en un trancón, citas incumplidas, ansiedad, irritabilidad, lumbagos, etc, etc. ¿Será que hay un Aladino en la contienda? Un saludo. Feliz Tarde.