



Encontrar a Gregorio Samsa convertido en un miserable gusano dentro de las páginas de una pequeña novela escrrita por Frank Kafka tuvo en mí la misma sensación de encontrar al mismísimo escritor trepado en los hombros de un descabezado en el barrio judio de Praga.
El homenaje de la ciudad a uno de los escritores más influyentes del siglo XX se encuentra junto a la mezquita española, una de las más grandes del barrio judio, donde conviven iglesias y religiones, templos e ideologías de toda clase sin que se presenten las tensiones que en otras partes se producen por estas mismas situaciones.
Tiene uno el sentimiento de estar del otro lado de la realidad, de ese lado que sólo la literatura puede escrutar y representar. Una realidad sin cabeza, cuya presencia kafkiana es inprescindible en aquella Praga de silencios acompasados que es la que yo conocí.
Veníamos con mi hijo Darío de la Cracovia polaca, y más concretamente de los Campos se Auswitch, donde las huellas de la animalidad del hombre no dejan de lastimar el alma e incluso el cuerpo al mirar las cámaras de gas, las guillotinas, los hornos de la muerte, es decir, el dolor aun vivo en las alambradas y la paredes de los campos de concentración nazi.
De allí la urgencia de cambiar de ánimo. Así que fuimos directamente al barrio judio al encuentro con el mito kafkiano y salimos sin cabeza para pensar en cómo el checo genial se salió de la realidad tan fácilmente que inventó otra vez la literatura y para siempre.
Luego fuimos al Museo de Kafka, donde se puede apreciar los originales de algunas de sus obras y los elementos personales que hicieron parte de su vida, y terminamos el día en el Café Loúvre, el preferido del escritor, pensando yo en mis libros escritos y sin publicar, afectado profundamente por la estatua del descabezado de Praga que aun hoy ronda los sueños y los ensueños de mi cotidianidad.
Dejamos a Kafka en los hombros del descabezado y nos fuimos en tren a Berlín donde nos esperaban otras sorpresas y otros testimonios de la grandeza y de la debilidad humana.



Comentarios
carmen arevalo
13 Junio de 2010
6:23 pm
La grandeza de Kafka fue haber podido percibir al interior de las familias y de las relaciones cotidianas como se estaba tejiendo el ambiente propicio para que floreciera el nazismo.Indiscutiblemente Kafka fue un genio.