

(Audio con la carta de V.M. Siosi al presidente)
La carta de la indígena wayuu Vicenta Siosi al presidente Santos, estremeció al país. Es el lamento de una comunidad maltratada históricamente, una alerta frente al irreparable daño que causaría la desmedida explotación minera en el río Ranchería. Pero al tiempo es un hermoso relato del modo de vida ancestral de una etnia, similar a la conmovedora historia que dio a conocer Víctor Amela (La Vanguardia, Barcelona), de un nativo “Tuareg” del desierto Malí, Moussa Assarid.
Los dos casos dejan grandes lecciones de vida. El paralelo entre Vicenta y Moussa es grande. Ambos son orgullosos defensores de su auténtico estilo de vida, pero por casualidades del destino, en medio de la aridez, se convirtieron en escritores y periodistas. Siosi con el apoyo de una hermana (Trabaja como secretaria en Texaco) se formó profesionalmente con dificultades en la Universidad de la Sabana. Assarid inició estudios caminando unos 30 kilómetros diarios en el desierto buscando una escuela, motivación que nació en un rally Paris–Dakar, cuando una periodista le regaló “El Principito”, pero no sabía leer. Pidió autorización a su padre para estudiar y terminó becado en Francia. Su madre había fallecido en un sequía cuando era niño al lado de la mayoría de sus animales.
Los dos relatos son dramáticos. El tuareg describe su alucinante vida: “Tuareg, significa abandonados. Somos un pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso. - Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, en un reino infinito y silencioso. - Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es! Allí miramos las estrellas cada noche, y cada estrella es distinta de otra... Aquí, por la noche, miráis la tele. En la ciudad tenéis de todo, pero no os basta. ¡Se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!... - Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo”
Vicenta en su misiva entre otros apartes le dice al presidente: “los wayuu vivimos diseminados por este desierto que Dios nos dio. Las gentes viven de pescar en el río con atarrayas artesanales.. Las mujeres recogen cerezas, mamoncillos, coas silvestres y las venden por las calles de Riohacha… El Ranchería es el único río de los wayuu que atraviesa este territorio ancestral dando vida a nuestra vida. Al río vamos a bañarnos. Es una diversión exultante. Allí se encuentran los jóvenes, se enamoran, fundan lazos de amistad. Las mamas lavan ropa y los pequeñitos aprenden a nadar. Con el barro de las orillas las niñas fabrican juguetes: muñecas, tacitas, platicos que secan al sol. Los wayuu no tenemos teatro, salas de cine, rueda de Chicago, montaña rusa, ni parque interactivo, solo tenemos el río Ranchería preñado de mitos, leyendas, relatos y encantos. Nuestro transcurrir gira alrededor del río, él es la gracia y la vida aquí. Señor presidente, no permita que la empresa extranjera Cerrejón seque la única fuente de agua que poseemos, ayude a los wayuu”.
El mundo ha quedado conmovido con estas genuinas expresiones, capaces de cambiar la historia de una comunidad y de tocar a la sociedad sin apelar a revoluciones extremistas. Pero además son un llamado al orden para nuestra desaforada e “infeliz” vida urbana. Los citadinos difícilmente podemos asociar la vida nativa como un ideal para una vida realizada y feliz. Choca contra nuestra escala de metas y valores. El desierto es sinónimo de aridez, silencio e infinito. Pero también es terreno fértil para los sueños y la aventura; allí donde no existe competencia, ni consumo. La wayuu y el tuareg nos invitan a evaluar el sentido del desarrollo y la felicidad. ¡Qué sabiduría!
Apostilla: La carta de Vicenta Siosi, líder wayuu del clan Apshana al presidente Santos, puede verse ilustrada aquí: http://www.youtube.com/watch?v=odNGyhYewo8&feature=relmfu
Vicenta Ma. Siosi, es escritora y comunicadora, vive en Riohacha y trabaja en una librería. Escribe cuentos y novelas de amor. Pancho es su aldea wayuu, su pequeño paraíso aireado por un viento que sopla acompañado por mucha arena. Se le puede escribir al correo: apshana@hotmail.com


Comentarios
moderador
7 Mayo de 2012
5:52 pm
Nota destacada en la red de portales. Esta, en elespectador.com