

RESISTENCIA CIVIL INDIGENA: ¿SU SALVACION?
Por: Luis Eduardo Solarte Pastás
Los indígenas colombianos no están siendo asesinados más que hace unos años. Tampoco son víctimas de masacres de manera tan constante como en el pasado. Sin embargo, hoy la violencia contra ellos tiene otras modalidades: el desplazamiento, el confinamiento y el asesinato selectivo. La razón: los actores armados no titubean en su estrategia de control territorial y político.
“En las distintas regiones indígenas, sostiene Juan Houghton investigador del Centro de Cooperación Indígena (Cecoin), las comunidades con frecuencia se encuentran literalmente entre dos o más fuegos cuando allí operan los distintos grupos armados. Son tomadas como objetivos militares por unos y, por otros, a veces obligadas a servir a uno u otro grupo, lo cual las expone a todo tipo de represalias”.
Dentro de los pueblos indígenas se ha registrado un aumento en la violencia selectiva en contra de sus dirigentes y autoridades tradicionales, quienes representan la unidad de esas comunidades, y por ello han optado por la resistencia civil.
Los ataques contra las figuras más representativas de tales comunidades “revelan el atentado a las dinámicas de autonomía y resistencia de los pueblos indígenas de Colombia”.
En los últimos años, las zonas del territorio nacional en donde más violencia se registra contra los aborígenes son: la Sierra nevada de Santa Marta, el Pacífico colombiano y el sur del país, como Cauca, Nariño y Putumayo. Día tras día muere gente de los pueblos indígenas Wiwa, Wayuu, Nasa, Eperara, Awá, etc.
La búsqueda de control territorial de esas zonas se expresa en asesinatos selectivos, masacres, amenazas y el desplazamiento de pobladores indígenas. La hegemonía de grupos guerrilleros, de paramilitares y de bandas criminales, en donde ellos están asentados, marca la dinámica que está atrapando a los pueblos ancestrales.
Los lugares en que todavía sobreviven los indígenas son puntos estratégicos para los grupos armados ilegales con la finalidad de llevar a cabo acciones relacionadas con el contrabando de armas, los cultivos ilícitos, la producción y el tráfico de narcóticos, y el refugio de secuestrados.
Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la violencia política contra los indígenas es colateral a la violencia generalizada que se registra en el país. “No es una violencia directa contra ellos ni contra sus territorios. Lo que sucede es que están ubicados por donde los actores armados intentan abrirse campo.
En la actualidad vemos que muchos indígenas por proteger sus vidas y la de sus familiares ven en el desplazamiento forzado una posibilidad de continuar sobreviviendo. Pero también hay quienes han tenido que padecer el confinamiento por no poder trabajar en sus cultivos ni salir a hacer la compra diaria; pues, las acciones bélicas, las amenazas y el miedo, producto de los “dementes” que “juegan” a la guerra, ha hecho que centenares de indígenas estén siendo encerrados en sus propias comunidades.
Frente a todo lo que están soportando los indígenas tienen razón en levantar su voz, el puño en alto, como una forma de protesta al genocidio de que están siendo víctimas, aunque en ciertos sectores políticos y económicos del Régimen colombiano, también se los mire como un peligro, al cual hay que erradicar ante la fuerza que cada vez está cobrando su resistencia civil.
De continuar procediendo como se está procediendo contra los pueblos indígenas, en un futuro no muy lejano, estos serán tan sólo un recuerdo en la historia violenta de una Patria que día tras día se sigue desangrando ante la mirada estupefacta de una inmensa mayoría de colombianos que aún no entiende ni comprende el por qué de esta “guerra sin nombre” que en pleno Siglo XXI aún se continúa padeciendo…
solarpastas@hotmail.com


Comentarios
Francaditalia
24 Julio de 2012
2:09 am
Magdalena, Cauca, Nariño... son depositarios de una identidad a la que se le da la espalda, ignorando que lo verdaderamente americano en América son sus primeros habitantes.
luisalejandrodiaz
23 Julio de 2012
5:32 pm
Muy buean reflexión. Esperemos que no sea una estrategia para sacar a los índigenas del territorio, donde se supone hay gran riqueza minera