30 de Septiembre de 2014
12 Noviembre de 2012 | Denuncias

En defensa del derecho al aborto

En defensa del derecho al aborto
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Para nadie es un secreto que el tema del aborto es un tema polémico en el que muchos prefieren quedarse callados ya sea por ignorancia, conveniencia o miedo a entrar en contradicción con sus dogmas religiosos. El resto lo condena abierta y radicalmente repitiendo a rajatabla y casi fanáticamente los argumentos de la Iglesia Católica y otros grupos cristianos.

La polémica en torno al aborto viene desde tiempos inmemoriales y si sigue despertando tantas enconadas reacciones se debe a que involucra al mismo tiempo tres temas fundamentales: el derecho a la vida, la libertad individual, y el derecho de la mujer a la autodeterminación de su cuerpo.

Sin embargo, la falacia más grande en la que se incurre en este debate es en el de caricaturizar los frentes. En esto el aparato de propaganda del clero ha empeñado eficientemente su papel, incluido medios de comunicación. De esta forma por un lado están los “malos”, los “déspotas”, los “despreciadores de la vida” y “pro-abortistas” y por el otro los “buenos”, los “píos” los “amantes de la vida” y “defensores de la dignidad”.

Nada más falso y tendencioso afirmar que quienes luchan por la despenalización del aborto son personas que “odian” la vida. Esta es una tergiversación interesada en razón de intereses políticos, más que religiosos.

El aborto no es una acción que enorgullezca a nadie, mucho menos a las mujeres que son las directamente involucradas. No es que quien luche por este derecho le “guste” o “disfrute” perversamente con el aborto. Nada más falso. El aborto es en todo caso una medida extrema y radical. Podría ser como se dijo de esta última elección: “optar por el mal menor”.

Partiendo de este punto se puede entender un poco mejor la polémica en este tema tan espinoso y que dada su complejidad se puede enfocar desde la medicina, la antropología, la filosofía, la psicología, el derecho y la religión.

Tamaña empresa que generalmente lo único que logra es que las involucradas callen y tengan miedo de expresar sus opiniones por temor a “la condena social y moral”.

Para darle orden a esta argumentación hay que empezar por denunciar lo que se esconde detrás de muchas de nuestras leyes que es lo que se ha denominado “LA CULTURA DEL TUTELAJE” en el cual la mujer no puede decidir sobre su propio cuerpo y en donde el Estado se presenta como el padre que “Sabe” y “decide” sobre lo que es mejor o peor para la mujer.

Este Estado influido directamente por la Iglesia Católica prohíbe y sanciona según criterios dogmáticos y muchas veces caprichosos sin tomar en cuenta los argumentos y las opiniones de las personas directamente involucradas. Al contrario se dedica a “Zatanizar” o “caricaturizar” cualquier protesta o medida de fuerza que busque un cambio real. Esto no hace sino revelar la necesidad urgente de un Estado Laico que garantice los principios democráticos.

Respecto al punto más álgido de la polémica y que es el “caballito de batalla” de Cipriani y compañía: el del derecho a la vida, suscribo totalmente lo manifestado por Mario Vargas Llosa: “Es absolutamente ocioso discutir sobre si el nasciturus, el embrión de pocas semanas, debe ser considerado un ser humano –dotado de un alma ,según los creyentes- o sólo un proyecto de vida, porque no hay modo alguno de zanjar objetivamente la cuestión. Esto no es algo que pueda determinar la ciencia; o mejor dicho, los científicos solo pueden pronunciarse en un sentido o en otro, no en nombre de la ciencia, sino de sus creencias y principios, igual que los legos.”

El más claro ejemplo de ello ha sido la tremenda bronca que se generó en razón de la famosa “píldora del día siguiente” o POSTINOR 2 . En donde la Conferencia Episcopal con sendos comunicados la fustigó y tildó de abortiva, además de mover sus influencias en diferentes instituciones, incluida el congreso, para evitar su venta en las farmacias peruanas.

El asunto era, otra vez, cuando empezaba la vida ¿En la fecundación en sí? o en ¿la insertación del huevo fecundado en el útero?.

Esta es una verdadera discusión bizantina y si seguimos por ese lado podríamos remontarnos hasta aquellas sectas que pensaban que la vida ya “había sido otorgada por Dios” desde los mismos espermatozoides y por lo tanto se debía cuidar el semen para no “atentar contra la vida”. Aunque suene ridículo es la misma lógica de la polémica hoy.

El problema es que en ese punto entró el dogma cristiano a decir que “Sí, que allí hay vida” y como el Estado no está separado de la IGLESIA esta “verdad” se ha llevó al plano del derecho y por eso La Constitución de 1993 determina en su artículo 2º inciso 1º que toda persona tiene derecho a la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física y a su libre desarrollo y bienestar, a ello añade que “el concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece.”

Lo cual es realmente caprichoso a todas luces. El debate en materia penal también es abundante pero si analizamos con datos en la mano nos daremos cuenta como la penalización del aborto no ha inhibido para nada el mismo. Lo único que logra es un verdadero perjuicio social y discriminatorio.

Social porque vemos como muchísimos padres de familia tienen hijos en condiciones en condiciones paupérrimas y sin la mínima posibilidad de formar adecuadamente a su prole. Recuerdo una respuesta brillante de la Dra. Martha Hildebrandt en el Francotirador ante una pregunta de Jaime Bayly cuando se le preguntaba sobre el tema: “Los legisladores peruanos están siempre peleando por el No nato, pero el nato parece que no les importara”. La pobreza también es un atentado a los derechos humanos.

Y es discriminatorio porque la penalización del aborto solo perjudica a quienes tienen bajo recursos, porque quienes tienen los medios económicos pueden practicarse todos los abortos que quieran con médicos particulares o simplemente viajar al extranjero. El resto, la mayoría, “que se jodan” poniéndose en manos de aborteros y brujos que al final solo le causarán la muerte o un daño irreparable. Qué importa, la ley vela por la vida del no nato.

El único camino sensato que queda es la despenalización del aborto, una realidad terrible y extrema pero que no nos da el derecho a intervenir en algo que solo debe ser materia de decisión de la mujer, afectada directamente en su cuerpo y en su psique. Esta es una lucha por construir una auténtica democracia y así como es condenable que el Estado obligue al aborto como fue en la India o como es en la China, también lo es que se obligue a la mujer a tener los hijos que por - x motivos- , no desea tener. Las mujeres tienen la palabra.

Por: ANDDY JOEL LANDACAY HERNANDEZ/

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