02 de octubre de 2014
15 Noviembre de 2012 | Denuncias | (Colombia)

Ruta para un futuro

Ruta para un futuro
Foto:OSCAR SARASTY CHASQUIS

RUTA PARA UN FUTURO. DEPARTAMENTO DE NARIÑO

Por Miguel Oviedo Risueño

El departamento de Nariño está ubicado al sudoeste de Colombia, en la frontera con el Ecuador y el Océano Pacífico. En los últimos años, el conflicto armado vivido por el país se ha extendido a este departamento, que junto con otros constituyen una especie de corredor estratégico entre la zona costera y el centro del país. Se trata de una región en la que está presente la disputa del control territorial entre grupos guerrilleros, paramilitares y la fuerza pública, siendo un escenario para el tráfico de armas, drogas y fumigación de los cultivos de coca.

Los contextos y escenarios cambiantes han caracterizado a nuestra sociedad nariñense en los últimos años y marcan una serie de nuevos interrogantes hacia la intervención en lo social. Estos cambios pueden observarse a partir de diferentes esferas que abarcan desde lo socioeconómico hasta el sentido de la vida cotidiana en las diversas y heterogéneas tramas sociales actuales.

La crisis de las pirámides, la llegada de grupos delincuenciales a los espacios de socialización, como la familia, el barrio, la escuela, la universidad o el trabajo muestran el surgimiento de interpelaciones dirigidas especialmente a un sentido, a la posibilidad y necesidad de una reconfiguración de la cual se es testigo en forma aturdida y desorientada.

Pero esta crisis en la que se desenvuelve nuestro Departamento también da cuenta de un conflicto que poco a poco ha hecho que se pierda, identidad y pertenencia:

Lugares donde los habitantes de nuestro Departamento se materializaban en imágenes esperadas y previstas por el todo social. Hoy no se ven y se idealizan formas de enriquecimiento rápido, dinero fácil o pensamientos que desvirtúan nuestra idiosincrasia.

La crisis de incertidumbre que atraviesa nuestra sociedad nariñense, acompaña esa distribución de nuevos contextos, donde lo que sobresale es una gran diversidad de cuestiones que van construyendo un sentido diferente a las palabras y construcciones discursivas ligadas a las nociones de; educación, familia, trabajo, futuro, sociedad, donde el común denominador en estos nuevos discursos muestra la emergencia del cambio en los jóvenes, hacia una violencia inventada y propuesta a la fuerza como un nuevo ordenador de la sociedad.

En Nariño las sociedades de pandillismo y delincuencia organizada, reemplazan a las sociedades disciplinadas, en otras palabras las nuevas cimentaciones de lo social, generan relaciones violentas, donde el otro deja de ser un constructor de identidad y confianza para transformarse en un objeto que puede ser un impedimento para el desarrollo personal o un competidor "enemigo", en la lógica de la sobrevivencia.

En Nariño, la desigualdad marca, no solo nuevos territorios, sino especialmente nuevas formas de terror.

Un terror al encuentro con un vacío donde el rechazo se expresa desde la mirada hasta el recorte de la libertad. La desigualdad social se transformó en un nuevo elemento de control, en el cual la desigualdad social disciplina a la sociedad.

Se trata ahora de pertenecer a lugares, espacios sociales, donde nunca quedan claras las reglas del juego que marcan la forma ilegal. Para ser ellos mismos. “Se es el cuerpo sin cabeza”, mutilada, marcando las zonas de la certeza.

Así también, los deberes a los que estábamos acostumbrados en nuestro contexto Nariñense, como habitantes del sur de Colombia se transformaron sintiendo ahora esa fragmentación social y pérdida de noción de pertenencia a un Departamento que no ha logrado salir o equilibrar su centro de gravedad, para mirar hacia el futuro,

Nariño con cada uno de sus pueblos sigue siendo una sociedad, donde la recuperación del pasado desde lo trágico, es su esencia, pero también desde lo beneficioso está volviendo lentamente, tal vez, comenzando a construir nuevas formas de la verdad, por fuera de los discursos únicos.

Una sociedad donde el porvenir sigue transitando una ruta opacada por la incertidumbre y la falta de convicciones que permitan pensar en proyectos de futuro en forma colectiva.

Por: MIGUEL ALFREDO OVIEDO RISUEÑO/

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