29 de Julio de 2014
24 Noviembre de 2012 | Denuncias | (Colombia)

La "educación" colombiana

La "educación" colombiana
Foto:jeaa

Como parte de los derechos humanos la educación es consubstancial para el auténtico desarrollo de los pueblos. Toda persona tiene derecho a la educación y ésta es indispensable para evolucionar, para prosperar, para crecer. Eso dice la cartilla. ¿será cierta toda esta belleza?

En Colombia la educación ha venido deteriorándose y ahora es una tarea que se finiquita cuando el presunto estudiante recibe un diploma o título, documento que debe servirle para ingresar al ciclo del desarrollo económico. Pera esta interpretación de lo que es educación es de por sí peligrosa porque restringe la tarea educadora al suministro de información y si como está de moda internet facilita el acceso a la misma, la labor se circunscribe a entregar unas certificaciones de que alguien sabe cosas aunque sin declarar hasta que punto, por lo cual mucho profesional puede dejar bastante que desear pero no obstante pertenecer a la élite: Es profesional.

Esta concepción de educación ha introducido una limitación de la cual Colombia es excelente discípula: La persona puede ser idónea para realizar una tarea por la cual puede devengar un ingreso económico pero sin que tenga capacidad para pensar en el por qué de esa función, de dónde, por qué, para quién, etc. Cómo quien dice un ser programado para ayudar a producir pero sin poder cuestionarse sobre su real papel. Una visión castrada del conocimiento.

Para llegar a ese propósito la “educación” en Colombia viene sufriendo graves retrocesos que se han dado impunemente porque nadie ha cuestionado cual es la esencia de ese decorrer. Es más, muchos con su ignorancia aplauden todo pensando que entre más fácil sea adquirir conocimientos, entre más elementales sean, pues también será más sencillo diplomarse aunque haya carencia de profundidad.
Desde hace setenta años cuando un bachiller sabía ( o por lo menos tenía bases ) latín y podía comprender los fenómenos sociales hasta hoy, se han dado reformas que suavizan – por decirlo así – el proceso de educar, pero que generan las secuelas del que no sabe aunque se le certifique lo contrario.

Las mutaciones van desde la forma de calificar, la forma de imponer tareas y vigilar su realización, hasta el tipo de materias. Antiguamente – para mejor entendimiento – se calificaba de cero a cinco ( recordar los famosos cinco aclamados ). Luego esta forma de evaluación pasó a de uno a diez, luego por letras, luego por objetivos cumplidos y aún se llegó a evaluar a puntajes cercanos o superiores a treinta, todo en un afán de maquillar el propósito educativo para llevarlo paso a paso a la mediocridad.

Se suprimieron materias, (urbanidad, civismo, historia, entre otras ) y las justificaciones fueron impuestas internacionalmente para evitar subversivos. La urbanidad al enseñar a comer con cubiertos les abría los ojos a los pobres respecto de un mundo mejor. La cívica formaba buenos ciudadanos que como tales conocían de sus derechos y deberes ante la sociedad. La historia daba a conocer los hitos pero éstos podrían generar ideas peligrosas. Y así. De libros profundos ( más o menos ) se pasó a cartillas elementales. Incluso las editoriales captaron ese cambio y de muy buenos autores se pasó a los autores por contrato que estos fondos enganchaban para escribir anónimamente, por lo cual usted no puede recordar con cuales autores aprendió lo que aprendió en su bachillerato. El objetivo se cumplía: Educación sencilla para cuasi-capacitar.

En las universidades también se dio esa transformación. Carreras con menos requisitos, menor profundidad. De paso con ese “modus operandi” se daba un negocio propio del neoliberalismo. El profesional sale con grandes lagunas que tiene que comenzar a superar con especializaciones, luego con másteres y con doctorados exclusivistas por lo costosos, lo cual nos dice indica quienes pueden aspirar a ellos. Ya hay la polémica porque para satisfacción de los estudiantes pero para malestar del país se cuenta con universidades que están impulsando que las carreras de pregrado que son de cinco años pasen a ser de cuatro, cambio que sacará de taquito materias indispensables para la información como la ética, la deontología – entre otras – el manejo del idioma castellano, la filosofía, la antropología, etc. dejando apenas la formación ( obreros con título, obreros sin capacidad de pensar y entender pero idóneos para hacer lo que interesa al sistema ).

Entonces causa pesar que dentro de la pauperización de Colombia se esté en una campaña para que todo ciudadano esté titulado, para que hasta los peluqueros estén diplomados, con lo cual se dirá que somos una nación con altos índices educativos, pero asegurando que ninguno sea capaz de entender su funcionamiento en la sociedad. No hay nada más grave que creer que se sabe cuando la realidad es de crasa ignorancia. Vanidad de vanidades, diploma tras diploma pero poco de entendederas. Atraso mental camuflado, pero todos tan contentos.

Por: Jorge Enrique Acevedo Acevedo/

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Comentarios

Dhiego Fdo.

Dhiego Fdo.

24 Noviembre de 2012
10:35 pm

La educación en Colombia es retrógrada, aqui hay especializaciones para que algunos aprendan a discriminar.

Fercho_Salazar

Fercho_Salazar

24 Noviembre de 2012
6:43 pm

La verdadera y más importante educación es la que se imparte desde la cuna, pero en la que más se falla en éste país que no està "formando" hombres, està creando y criando monstruos.

ladypapa

ladypapa

24 Noviembre de 2012
5:22 pm

En mi opinión yo considero que quien estudie algo, debe tener un diploma que lo acredite, peluqueros, cocineros, telefonistas, electricistas, etc., una cosa es certificar una habilidad, otra es la formación de pensamiento.
En este punto se raja casi todo el mundo, debido al impacto económico del modelo social.