27 de Noviembre de 2014
10 Diciembre de 2012 | Denuncias | (Colombia)

Inseguridades alimentarias en Latinoamérica

Inseguridades alimentarias en Latinoamérica
Foto:Free

Por Giovanni E. Reyes (*)

Uno de los indicadores más aceptados respecto al grado de funcionalidad que puede tener un país, es el de reducción en su pobreza.  Sin embargo, también otras características deben tomarse en cuenta, tal el caso de seguridad alimentaría que tenga y asociado a esto, el porcentaje de población que padece hambre o desnutrición crónica.

Recientemente, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) dio a conocer la situación nutricional en Latinoamérica, en el informe Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe.  De conformidad con esta información existe, un dato que permite ser optimistas: la región pasó de tener 65 millones de personas con hambre en el período 1990-1992, a tener 49 millones de latinoamericanos en condición de desnutrición crónica en 2011.

La falta de capacidad para acceder a alimentos va asociada con las condiciones de pobreza e indigencia en la región.  En este sentido, en términos de número de personas, la región pasó de tener 136 millones de personas viviendo en la pobreza en 1980, a tener 65 millones de latinoamericanos en esa condición en 2011.  La cifra, como puede apreciarse aumentó, aunque en términos de porcentaje de población ha descendido.

Al adentrarse en las cifras se van percibiendo las notables diferencias entre los países.  En el conjunto de naciones que están mejor, en cuanto a tener menos del 5 % de su población con hambre, se encuentran los siguientes países: Argentina, Cuba, Chile, México, Uruguay y Venezuela.

De este primer grupo resaltan los casos en los cuales los gobiernos han jugado un papel determinante, más allá de la dinámica de los mercados.  Esos son los casos de Cuba y Venezuela.  En cuanto a Argentina y México es notable que alcance ese grado, aunque es preciso señalar que la inequidad también puede observarse en esos países, en especial entre los centros urbanos y las áreas más rurales.

Chile ha consolidado un panorama en donde, aún con la notable inequidad en la distribución de la riqueza, si se ha evidenciado una reducción significativa en los niveles de pobreza.  Situación que, por otra parte, ha sido característica de Uruguay, quien a diez años de la impresionante crisis a que fue arrastrado por los problemas de Argentina (diciembre de 2001) da muestras de mantener uno de los sistemas de mejoras sociales más sostenidas de Latinoamérica.

El promedio de población con hambre en la región es de 7.7 %. Países que se encuentran por encima de ese nivel, pero sin presentar escenarios tan graves –en términos comparativos con la región- son Costa Rica (6.5 % de su población) y Brasil (6.9 %).

Los integrantes del grupo con mayores niveles de población con hambre son Haití (44.5 %) Guatemala (30.4 %) Paraguay (25.5 %) Bolivia (24.2 %) Nicaragua (20.1 %) y Ecuador (18.3 %).  De este grupo vulnerable preocupa mucho la situación en Haití, Guatemala y Nicaragua.  En estos países el fenómeno se ha tendido a estancar en el mejor de los casos, cuando no a agravarse.

El caso de Paraguay es notorio.  Es un país que en los pasados tres años reporta, en al menos dos situaciones, crecimientos arriba de 10 % de la producción total económica, pero eso no se traduce en mejoras sociales, de acceso a alimentos – que es algo por demás esencial - para la población.

En Costa Rica, se tenían los datos que el problema del hambre había sido superado ya, pero de nuevo vuelve a dar muestras claras de estar presente en una sociedad que tradicionalmente –junto con Uruguay y Chile - posee de los indicadores económicos y sociales más estables en la región.

De manera contrastante, México, Venezuela, Argentina y Chile también presentan significativos niveles de obesidad, con cifras de 33, 31, 29 y 29 % de la población adulta, respectivamente, presentando este tipo de problemas.

El papel de las instituciones estatales y su coordinación con el sector privado de los países es clave para superar el problema del hambre en la región.  Lamentablemente esta capacidad de los estados se ve amenazada en muchos casos por la presencia de burocracias tan sofocantes como aletargadas.  En esas condiciones no son pocas las ocasiones en las cuales el mal manejo de fondos o la abierta corrupción deja con menos recursos, entidades que ya de por sí, cuentan con presupuestos limitados.

No obstante lo anterior, uno de los casos más sobresalientes en la lucha contra la desnutrición crónica y la pobreza en la región, lo estableció el gobierno del presidente Ignacio Lula Da Silva en Brasil (2003-2011) quien implementó los programas Hambre Cero y Bolsa Familia.  Mediante esas iniciativas se brindó lo que se evidenciaría como una eficaz asistencia federal a las familias más pobres.

En general, y desafortunadamente para los esfuerzos que buscan escenarios de desarrollo económico y social sostenible en la zona, no es noticia que Latinoamérica es la región más inequitativa del mundo.  La concentración de ingresos y de beneficios, y la exclusión de oportunidades sobrepasa a lo que ocurre en otras zonas subdesarrollas, tales los casos de África al sur del Sahara – los países del norte tienen petróleo - y del Sur de Asia.

De allí que se requieren recursos que puedan posibilitar el “apalancamiento social” para los sectores menos favorecidos o bien claramente empobrecidos con las crisis recurrentes que se presentan.  Es aquí en donde se requiere con mayor acento, la eficacia, eficiencia y oportunidad en el logro de resultados por parte de las instituciones públicas.

El hecho de que la población se sienta marginada de las oportunidades que puede traer el crecimiento económico resta legitimidad concreta a las instituciones de los Estados y a los procesos de desarrollo democrático.  De allí los riesgos latentes de que dirigentes autoritarios puedan establecerse en la región, desvirtuando los mecanismos de alternancia y de revocabilidad en el poder público.

(*) Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard. Profesor de la Facultad de Administración de la Universidad del Rosario. 

Por: Universidad del Rosario Universidad del Rosario /

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