

Las madrugadas recientes no han sido fáciles, soy un búho de por vida y desde otras vidas, y las cosas oscuras no pueden seguir siendo oscuridad. Eso te cuento a tí, mi niña hermosa y a los que lean.
No creo en esa frase que la ropa sucia se lava en casa, me resulta el golpe más siniestro a la dignidad humana, una perversa interpretación movida por la oscuridad moralista de las instituciones. El mundo es disfuncional y en esta misma disarmonía radica su armonía, en saber saltarla, vivirla y criticarla.
El 29 de marzo de 2012 que te llamé y estabas en el Norte, y que te pareció cautivante, de una energía total que aún mantengo por tí y no me agotaré en ese amor, que luego a manera anecdótica te conté otras cosas, como parches catárticos, pues esa noche estuve a punto de ser abusado sexualmente en la siniestra Bucaramanga, algo me echaron entre el Parque de las Palmas y el peligroso parque de San Pío.
Ser dantesco podría serlo, ser amarillista y que por suerte no me ví desnudado, pero sólo cuento que el ejercicio de la violencia sexual en estos tiempos se ejecuta de manera deliberada y sin remilgos. Las amenazas habitan en cada filo de los sentidos de quien mira y quien es observado.
Cuando no es total y físico, nos bombardean la mente con la ficción de la violencia sexual a través de la maquinaria de las telenovelas - y otras realidades massmediáticas-, por tantas décadas ya y trasladando la categoría ficcional a la realidad y la gente se acostumbra a no denunciar, a mí me costó todos estos meses hasta hoy.

