25 de Noviembre de 2014
26 Diciembre de 2012 | Denuncias | (Colombia)

La Justicia Colombiana

La Justicia Colombiana
Foto:www.google.com

Colombia es un Estado de Derecho, lo cual significa que su gobierno funciona con base en una normatividad jurídica previa. Previa porque las normas existen antes de que se den los hechos para que ese equipamiento jurídico funcione rectamente. Y aunque en la historia de este país ha habido épocas tortuosas hay que reconocer que en este momento su presidente Juan Manuel Santos Calderón rige los correspondientes destinos buscando proyectar al máximo el respeto de lo que hemos dicho al comenzar estas líneas: El Estado de Derecho. 

Causa entonces extrañeza, asombro, estupor, que Colombia haya podido subsistir durante casi dos meses sin justicia. No se entiende como una nación estable puede funcionar sin que el poder judicial opere y sin que – aparentemente – pase nada. Porque nunca el gobierno se pronunció con un carácter propio de estadistas para entrar a resolver esta crisis que ha perjudicado a muchos y que genera secuelas ante el contexto internacional.

 Si la batalla de Colombia ha sido por tener reconocimiento internacional como un país decente, en el que la comunidad internacional – repito pueda confiar, . . . ¿ Cómo se cree que se va a ofrecer una buena imagen para ese proceso conocido como globalización para que las famosas multinacionales – que son las que hacen realidad la globalización – tengan la certeza de que sus caudales pueden estar tranquilos en esta tierra o – mejor – que sus inversiones pueden estar seguras porque hay con quién contar en caso de la eventualidad de una demanda ?  ¿  Cuál es el mensaje para que la comunidad internacional no crea que Colombia es una sucursal de Ruanda, el mal conocido país africano y sus talibanes ? Y peor: Ahora que somos mirados por todo el mundo por el caso de Nicaragua . . . ¿ Cómo se interpretará el mensaje de que aquí se piensa es en desconocer un fallo del prestigioso – aunque no nos guste – tribunal de La Haya ? Sin  lugar a dudas en alguna parte del planeta algunos inversionistas deben estar nerviosos.

 Pero la cosa no puede quedar ahí. No es únicamente el evento del paro judicial que en un Estado de Derecho no puede durar dos meses sin que nadie actúe en concreto para resolverlo  ( qué no sea la solución policiva de mandar los funcionarios huelguistas a la cárcel). Hay muchos mecanismos democráticos establecidos por la Constitución Nacional para resolver estas cosas sin que el Estado de Derecho quede maltrecho. Pero digo que la cuestión no queda ahí no más, porque la visión de un Estado de Derecho que no considera importante el funcionamiento de la justicia, comenzó con la pasada “reforma” de la justicia que por haberse convertido en un adefesio hubo que cerrarle el paso antes de que fuera aprobada en el congreso. Esa “reforma” que se iba a colar fue el primer acto de esta obra de teatro que nos indica que de verdad en Colombia la justicia está en súper- crisis.

Porque a esa “reforma” se le iban a entronizar unos cambios que resultaban peor que lo actualmente vigente. En concreto, la “reforma” no generaba algo que en sí fuera la creación de una nueva buena senda para que la justicia se convirtiera en auténtica justicia. Con temas como la preparación intelectual de sus operadores no se metía. Con el asunto de la lentitud de los procesos tampoco.  Y en fin con lo que en sí es el meollo de la justicia, no se mezclaba. Todo iba a seguir igual, menos los privilegios para la élite que se lucra del ejercicio del Derecho desde la perspectiva de la calidad de funcionarios judiciales de alto nivel.

En cuanto a los aspectos qué son sustanciales, qué son la esencia de la justicia, todo se lo han dejado siempre a los frecuentes códigos que son impuestos sin conocer la opinión de los ciudadanos que son los directamente afectados ni de los abogados litigantes que son los que más saben de las dificultades del ejercicio de lo que llaman “la litis”. Porque esos aspectos son manejados a la ligera y a lo sumo  se ha llegado en Colombia es a oralizar los procesos, pretender resolverlos en audiencias en donde se parte de la idea de que quien demanda por el hecho de demandar tiene la razón. Mientras que el derecho de defensa está limitado a unos pocos minutos de intervención. Se ha trabajado para instaurar el sistema del “repentismo jurídico” en donde no se necesita saber Derecho sino ser un ágil para hilvanar ideas sagaces, con las cuales se puede salir airoso aunque la justicia termine averiada.

Para que haya una reforma que soliviante el panorama que se vive en pleno año 2012, hay que empezar por ponerle fin a ese alud de normas jurídicas que todos los días surgen y que cada vez más cambian las reglas del juego, entorpecen el accionar de la justicia y nunca aportan algo positivo para mejorar la administración de la misma.  Por el contrario, generan una inestabilidad que perjudica el Estado de Derecho, inestabilidad que solamente los abogados que litigan comprenden. Ese es un gran problema. 

 Los juzgados – por su parte – acusados de morosidad, se encargan de los procesos de cobranza de obligaciones civiles y comerciales, procesos tales que les copan más del noventa por ciento de su tiempo. Más parecen sucursales de los bancos, de las corporaciones, de las grandes empresas, todas las cuales abusan – desde luego – de  su posición dominante. Y no les dejan tiempo para los demás procesos. 

Para reformar la justicia quizá se debiera intentar romper con los paradigmas tradicionales.  Colombia tiene que ser capaz de buscar un camino original y novedoso para solucionar sus problemas de justicia. No es simplemente imitando a los demás países con instituciones que aquí no funcionan y que en otras partes también funcionan mal.

 Es la hora de que se creen entes que no sean del resorte de la justicia y que  con un criterio administrativo se apliquen con exclusividad al manejo de la cobranza. Que las deudas se miren como el resultado de negociaciones y sus consecuencias sean resueltas más con criterio empresarial que con el criterio maniqueo de la concepción clásica de estirpe romana que habla precisamente de ejecutar y de rematar porque esa era la costumbre hace dos mil o tres mil años. Se debieran crear – además - juzgados exclusivos para las acciones de tutela que se encarguen solamente de este tipo de procesos, para que daba su calidad perentoria no afecten a los demás procesos que normalmente se dan en un juzgado. También se deben crear juzgados especializados en hacer únicamente pruebas, para que éstas una vez recaudadas se puedan presentar al proceso propiamente dicho y así le quede al juez más sencillo proceder a dictar la sentencia. En fin, estas son algunas ideas básicas para comenzar a reformar la administración de la justicia colombiana.  

Por: Jorge Enrique Acevedo Acevedo/

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Comentarios

luisalejandrodiaz

luisalejandrodiaz

27 Diciembre de 2012
10:30 am

La justicia está pasando por debacle conceptual. La inversión se rige por contratos de estabilidad jurírica, es el fundamento de ia inversión depredadora y fomentadora del desempleo

osgir

osgir

27 Diciembre de 2012
7:52 am

Con la Justica que opera en Colombia es mejor que no opere.

Lucho_perez

Lucho_perez

27 Diciembre de 2012
3:22 pm

!De acuerdo!

antonin

antonin

27 Diciembre de 2012
6:48 am

Esto del paro, es una injusticia de la justicia colombiana