23 de Julio de 2014
5 Enero de 2013 | Denuncias | (Colombia)

La Dirigencia Colombiana

La Dirigencia Colombiana
Foto:www.google.com

Cómo es de suponer todo conglomerado, todo ente, toda organización tiene sus líderes, con mayor razón un Estado. Colombia no es la excepción, tiene su conjunto de líderes, de dirigentes que son los que conducen las riendas y que con ellos se ha hecho la historia, que es en resumen ese conjunto de hitos que buenos o malos han constituido la vida real de este país.

 

Todos estos líderes los agrupamos en una sola expresión: La dirigencia; son los que dirigen y como no puede haber líder sin seguidores, es lógico concluir que esta élite tiene su caudal de respaldo, lo cual en el fondo sirve para que se perpetúen llevando las cosas siempre en el mismo estilo y con los mismos paradigmas, con sus muchos seguidores qué en lo bueno y en lo malo los respaldan . . . y los aman.

 

Hasta aquí todo pasa. La complicación se produce cuando ejercemos el análisis de la trayectoria de sus realizaciones. Y ahí se hacen las comparaciones aunque sean odiosas. Porque siempre hay distancia entre un Winston Churchill o un Charles de Gaulle y uno de nuestros heliotropos del poder. Ah, porque el liderazgo es sinónimo de poder y en consecuencia nuestra gente que tiene el poder es la que tiene el liderazgo y tiene el liderazgo porque tiene el poder. Estas dos virtudes están interconectadas, no se dan independientes, solas.

 

No es por denostar de nuestra dirigencia pero cuando se repasa la historia de doscientos años de independencia y se aprecian tantas dificultades, tantos problemas mal solucionados, tantas cosas pendientes y tantas amenazas de crisis por cosas que están casi que reventándose sin arreglo por décadas, se puede llegar a una primera conclusión: ¿ Qué tal que nuestros dirigentes hubieran sido los encargados de poner fin a la primera o a la segunda guerra mundial ? Quizá el mundo se hubiera acabado.

 

Porque en verdad conflictos como el de Nicaragua nos ponen de cabeza y nos muestran una gran masa que sostiene como novedosa teoría que después de veinte años de esperar el fallo de un proceso lo que hay que hacer es desconocer ese fallo, lo que nos permite vislumbrar el perfil del liderato colombiano actual ( y de siempre ); francamente si persiste esa forma de resolver los grandes conflictos hay que apagar y salir corriendo.

 

Entonces así podemos entender el galimatías que hubo de darse cuando se perdió Panamá. Y así podemos entender por qué sesenta y pico de años después no sabemos por qué se dio “el bogotazo” porqué nuestros líderes están despistados como cualquier hijo de vecino. Pero no vayamos tan lejos, tampoco entendemos que pasó con la toma del Palacio de Justicia ( hecho más cercano ) y así sucede en todo.

Nada se aclara, nada se entiende, nada se resuelve pero lo cierto es – sinceramente – que ahí va la Colombia “a trancas y mochas” haciendo historia, algo así como “a machete” – de conformidad con la expresión popular - o dicho en palabras más elegantes, a contrapelo de las necesidades del pueblo. Cualquiera dirá que no es obligación saber la verdad de todos estos hechos, y a ese que así dice, hay que manifestarle que también es el colmo que de todo lo que pasa en Colombia nadie responde y cuando el dirigente está acosado por los ciudadanos que exigen de quienes se auto-declaran jefes naturales que expliquen su accionar, entonces lo que balbucean es: “Fue a mis espaldas”. Y si la circunstancia se agudiza: “Le pido perdón al país”. ¡ Y todos tan contentos ! (Esa es una opción que pueden incluir los “falsos positivos ).

Nuestra flamante dirigencia resulta que no sabe nada de lo que acontece en la República de Colombia y por eso confiesa que todo ocurrió a las escondidas. El interrogante inmediato es: Y . . . ¿ Es posible un líder que no sepa lo que pasa con lo que presuntamente dirige o cree dirigir? ¿Es posible que exista liderazgo en medio de la irresponsabilidad?

Quizá nuestra élite directora se queda en los cocteles, en las inauguraciones, en las condecoraciones y en los asesores que no son tales sino simples amigos qué creen que saben. Pero cuando ya están contra la pared, y no pueden negar, entonces la fórmula salvífica es “pedirle perdón al país”. Y todo el conjunto de ciudadanos queda feliz porque el dirigente “nos pidió perdón”, creyendo que ese perdón sí sirve para algo. Pero eso sí se cuidan de renunciar. Eso no es con ellos. Entonces las diferencias con Winston Churchill o Charles de Gaulle – valgan los ejemplos – son cada vez más grandes.

Porque estos prohombres y muchos otros de talla mundial supieron retirarse a tiempo, cuando reconocieron que había terminado su periplo político. Acá la gran mayoría - casi todos – luchan por perpetuarse y si no estamos mal, piensan que aún desde la otra vida pueden seguir mandando recados para seguir dirigiendo. ¿ Por qué este país no puede tener estadistas? ¿Por qué la ciudadanía no exige los mejores dirigentes?

 

Adenda: Conste - eso sí – que en Colombia hay personas de mucha capacidad a quienes – como se dice – “les cabe el país en la cabeza” pero muchas de esos privilegiados cerebros no tienen interés en entrar en la vida pública para con sus ejecutorias hacer muchas de las cosas que la república requiere; ellas prefieren seguir con su trayectoria en el sector privado.

Por: Jorge Enrique Acevedo Acevedo/

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