23 de Abril de 2014
12 Enero de 2013 | Denuncias | (Colombia)

La partidocracia colombiana

La partidocracia colombiana
Foto:pizangoplinio.blogspot.com

“Partidocracia” es una palabra que no está reconocida en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero que significa “el gobierno de los partidos”. En concreto en este caso nos referimos a los partidos políticos colombianos, a esas organizaciones políticas por medio de las cuales algunos ciudadanos acceden al poder estatal para dentro de su accionar enrumbar los destinos de la colectividad, esa que los politólogos llaman país, nación, república, estado; términos estos que no son sinónimos, de conformidad con los mismos.

 

 

Los partidos políticos en Colombia – como en todo el mundo – mueven la vida de un país. Se supone que están integrados por los seguidores de la misma ideología. En Colombia tradicionalmente existen el partido liberal y el partido liberal. Cada uno desde hace más de cien años ha desarrollado una labor que hasta hace poco tiempo les permitió llevar al poder a sus miembros más destacados. Líderes como Alfonso López Pumarejo por el partido liberal, se encargaron de modernizar a Colombia y de darle un tinte social al funcionamiento político por medio de algo que se llamó “la Revolución en Marcha”. Siempre los liberales fueron más dados a fortalecer los beneficios para el ciudadano de la calle, que los conservadores que en eso siempre han sido más exclusivistas para dejar todo para sus dirigentes ( o jefes naturales, como dicen).

 

 

 

Pero como en Colombia siempre hemos vivido en medio del atraso en todas las áreas del desarrollo, también es cierto que estos liberales y conservadores han manejado a su gusto el destino de toda nuestra gente y que como grupos políticos que son han supeditado el crecimiento, la prosperidad y el progreso a las conveniencias políticas ante todo. Razón entonces para que después de muchas décadas de tener el poder se fueran desgastando. Se les fueron muriendo sus líderes y no hubo quienes tuvieran la misma talla para reemplazarlos. Y ese mutis por el foro de sus jefes naturales ( para seguir con el término ) los llevó a la sequía electoral porque gradualmente fueron perdiendo su poder de convicción.

 

 

 

Este declive a su vez permitió que se fueran creando nuevas agrupaciones de esa índole. Fueron gestándose nuevas fuerzas políticas pero que no tienen un fundamento ideológico y apenas se han quedado en el afán electoral. Algunas de esas nuevas fuerzas han sobrevivido a varios eventos electorales y siguen proyectándose como guías del concierto de la vida de este país. Otras han nacido, crecido y muerto. Pero – en resumen – no se ha dado en Colombia un proceso para que una organización de estas haya podido trascender y proyectarse como sustituta de los partidos originales citados ya. Y la prueba de ello es muy elemental. Que se les pregunte a sus dirigentes cual es la plataforma ideológica que persiguen y se verá que esta no existe. Que lo único que los cohesiona es el afán electoral, el llegar al gobierno para manejar algo que genera dividendos que es el presupuesto nacional ( aunque sean capaces de negarlo a pie juntillas ) y de que hay intereses exclusivos de esa índole. Lo cual conduce a muchas de estas alternativas a ser calificadas como “partidos de garaje”, que funcionan con cierta similitud con las “iglesias de garaje”: Para obtener ganancias sin que exista profundidad en sus planteamientos. Pero – valga decirlo – los liberales y conservadores también han incurrido en esas prácticas que se llaman “clientelistas”. No es mal únicamente de los “partidos de garaje”.

 

 

 

Como hay entonces desconexión entre prosélitos y dirigentes, estos partidos no tienen suficiente fuerza aglutinadora y uno de sus fenómenos consecuentes es el de la abstención electoral. No tienen vigor para aumentar su caudal y para comprometer a sus copartidarios. Esa es una crisis de la política en Colombia y algo que conduce a que más se considere que lo que por aquí se ejerce es politiquería antes que política en el buen sentido de la expresión. Dicho de otra forma: Que los políticos van por los puestos, por los contratos, por el efectivo del dinero estatal como una forma de vida y no de servicio social.

 

Cómo los partidos políticos van es tras de los cargos públicos, del ingreso que generan los contratos con el estado, del dinero que surge del presupuesto nacional, de la corrupción de “cuello blanco”, su resultado concreto en el compromiso que debiera existir para regir los destinos de la patria es nulo. Y el reflejo se ve en el congreso nacional. Allá que es en dónde nacen las leyes porque el poder legislativo las crea, no hay trabajo serio, no hay responsabilidad social, no hay sentimiento nacional trabajando por el bienestar del pueblo así sea con la visión de la derecha o de la izquierda. Los partidos políticos en Colombia apenas ofrecen un producto que se denomina EXPLOTACION COMERCIAL DE LA POLITICA, explotación que les sirve apenas a ellos, los detentadores de esas colectividades. Y como ello fructifica así en el nivel nacional, pues la enfermedad hizo metástasis y también contaminó las asambleas y los concejos y por esa senda el mal se fortaleció. O al contrario, porque el político comienza su decorrer de corrupciones en el concejo y va ascendiendo y perfeccionando sus tramoyas para graduarse con honores en el senado o en la cámara de representantes. Pocos llegan directamente al estrado nacional. Sea como fuere el mal es culpa de los partidos políticos que tienen el músculo para tergiversar la vida del pueblo.

 

 

 

Al comenzar este texto me he referido a los dos partidos más visibles en la historia de Colombia. Pero debo dedicar algo a otros partidos que tienen años de vigencia pero sin éxito alguno. Me refiero a los de izquierda. Son muchos los intentos, los dirigentes, las organizaciones y las directivas acerca de sus postulados, los que la izquierda ha originado pero pese a ello ha sido muy poca su prosperidad. En el fondo los izquierdistas por ser voceros conspicuos del pensamiento revolucionario se han quedado en las recomendaciones marxistas-leninistas y entonces se han caracterizado por su intransigencia, la cual les merma su caudal, su fuerza y sus resultados concretos. No tienen pegamento para triunfar, pululan las divisiones, las guerras intestinas y a veces cuando se les da la cuestión y pueden perfilarse, fustigan traiciones a su ideario con lo cual deben volver al principio: Recomenzar su trabajo y perder la trayectoria. Basta un ejemplo muy reciente: El Polo Democrático, que fue una buena idea política para reunir a los izquierdistas ( y no tanto izquierdistas ) pero ya se ve cómo sus ejecutorias no han sido las mejores, cómo han caído en escándalos coincidentes con lo que tanto han criticado a los políticos tradicionales, por lo que prematuramente se comienzan a desprestigiar, pasando el tiempo y no cuajando algo representativo. En lugar de crecer pues . . . decrecen.

 

 

 

Terminemos haciendo una crítica sobre el funcionamiento en general de la “partidocracia” colombiana. Partidos, lo que se dice partidos políticos no hay. Los que fungen como tales no tienen un organigrama, no tienen una planificación, no tienen quien haga un trabajo de campo coherente. No hay administración, son simples nombres y agrupaciones de gente que por todo proselitismo político lo único que hacen es gritar vivas ( y abajos, también ); son personas que operan en campaña ( temporada en que los tienen en cuenta ) y nada más. Por ello se puede decir sin muchas dudas que después de vueltas y revueltas lo único que quedará es el sector de los liberales y de los conservadores, que subsisten por la tradición de su historia de muchos años, historia que a pesar de sus yerros los saca a flote y no los deja extinguir. Los demás – lastimosamente - permanecerán por unos cuantos años para ajustar ciertas movidas electorales y hasta ahí llegarán. No se han preocupado por elaborar una estructura y esa carencia les cerrará el futuro. No más.

 

Por: Jorge Enrique Acevedo Acevedo/

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