29 de Julio de 2014
19 Febrero de 2013 | Denuncias | (Colombia)

Diego Árias y sus coincidencias con las Farc

Diego Árias y sus coincidencias con las Farc

Joaquín Robles Zabala*

 

El solo título, aunque entrecomillado, produce escozor y exacerba los ánimos de quienes han tenido la desgracia de haber perdido, en algún momento de su vida, a algún pariente o amigo por culpa de las irracionales acciones de las Farc. El señor Diego Árias, quien firma como analista político y excombatiente del M-19, en un artículo publicado recientemente por Semana.com, titulado “¡Qué pena! Yo coincido con las FARC”, ha expresado en pocas líneas su punto de vista sobre la agenda que esta organización delictiva lleva a cabo en La Habana con los delegados del gobierno del presidente Santos.

Produce escozor no solo porque las Farc han cometido cientos de crímenes de lesa humanidad y son, sin duda alguna, los abanderados en el país de las extorsiones, los secuestros y reclutamientos de menores para la guerra, sino también porque atentan sistemáticamente contra la infraestructura de desarrollo de la nación, dinamitan torres de energía y oleoductos que contaminan ríos que abastecen de agua a los campesinos que dicen defender. Asimismo, derriban puentes que les permite a la población rural sacar al mercado los alimentos que son producto de sus cosechas y activan explosivos a la orilla de los caminos por donde transitan los niños que van a sus escuelas.

Decir entonces que se está de acuerdo con las Farc es, en pocas palabras, aprobar desde lejos cada una de esas acciones horrendas que tanto dolor le han causado a millones de colombianos. No creo que estos señores tengan algo que aportarle al país más allá de la sangre que han derramado a lo largo de casi cincuenta años. No creo que estén dispuestos a abandonar el lucrativo negocio del narcotráfico para ocupar un asiento en el Congreso de la República. Las razones son sencillas: la Constitución de Colombia no se los permitiría y los delitos de lesa humanidad no prescriben, por lo que la CPI estará siempre ahí para recordárselos.

Siempre he creído que las ideas son más peligrosas que las balas porque no se les puede parar, y porque cuando encuentran el espacio propicio, les pasa lo mismo que una plantula en manos de un jardinero: crece, florece y se multiplica. La paz a cualquier precio puede ser mucho peor que la misma guerra porque se convierte en caldo de cultivo para impunidad, y la impunidad nos lleva al ojo por ojo, a la búsqueda de una justicia personal que podría desembocar en otro baño de sangre que nos dejaría consecuencias desastrosas para el país y, por supuesto, para su economía.

Decir entonces que se está de acuerdo con las Farc es como avalar la conducción de un automóvil bajo los efectos del alcohol. Es cierto que la dejación de las armas por parte de los grupos irregulares no nos garantizaría la paz absoluta, pero sí dejaría un alivio en el bolsillo y la conciencia de los colombianos e incentivaría la inversión social y la producción del campo, punto que, para los descendientes de Marulanda, es sumamente clave, pues llevaría, según han declarado, a una mejor distribución de la tierra y a una mayor atención del Estado colombiano a esas regiones que han sufrido, a lo largo de muchas décadas, el abandono de los gobiernos de turno.

Pero lo curioso de este hecho que las Farc consideran trascendental, es que ellos mismos se han negado reiterativamente a reconocer que sus numerosos frentes de guerra han contribuido al despojo de tierras en varios departamentos del país y han producido el desplazamiento forzado de cientos de familias campesinas. Para la muestra están los informes de los ministerios de Agriculturas y Defensa, según los cuales este grupo tienen en su poder más de un millón de hectáreas de tierra productiva y sus actividades ilícitas les dan ganancias superiores a los tres mil millones de dólares anuales, superando en ganancias netas a empresas legalmente constituidas como la cadena de almacenes Éxito y la línea aérea Avianca.

No creo que una persona, mediadamente equilibrada, pueda coincidir, en algún punto, con un grupo que ha asesinado sin ningún remordimiento a miles de colombianos indefensos. El maestro Héctor Rojas Herazo aseguraba en alguna oportunidad que ningún crimen puede ser justificado, aun cuando las condiciones sociales de los individuos sean adversas. Mucho menos, creo, se puede intentar justificar un centenar de muertes. Si los planteamientos políticos de los hijos de Marulanda tuvieran verdadera justificaciones, sus acciones guerreristas serían como una patada en el trasero de la sociedad. La paz a cualquier precio no es un acto de justicia para nadie. Y las Farc no son tontas. Los 36 muertos del Nogal reclaman por sus victimarios, y los cientos que no registra la televisión también.

Esto, sin duda, debe saberlo el señor Diego Árias. Pues las Farc son una organización criminal, y antes de sentarse a hablar sobre una sociedad más incluyente debieron lavarse las manos ensangrentadas. Es lo mínimo que se les pudo haber exigido para incentivar la credibilidad en los millones de colombianos que aún desconfiamos del proceso de diálogos. Y hasta esto se han negado a hacer.

*Joaquín Robles Zabala es profesor de comunicación y literatura de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

 

Por: Joaquín Robles Zabala/

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Comentarios

Lucho_perez

Lucho_perez

20 Febrero de 2013
11:59 am

Quien "coincida" con las Farc... està literalmente jodido, y nos tiene jodidos.. No es nada cuerdo coincidir con una "causa" basada en la muerte y la violencia.

KarlosFer

KarlosFer

19 Febrero de 2013
4:58 pm

De acuerdo las Farc mas que una organización criminal, son narco terroristas, que no solo trafican droga, trafican vidas humanas (los niños que reclutan y los civiles y militares que secuestran) En un país con un ápice de verfguenza y moral, crimenes atroces deberian castigarse con la pena capital, pero aqui se le premia a estos terroristas, los indultan, les dan visa y los mandan a estudiar en el exterior o a beber ron cubano..