22 de Agosto de 2014
27 Febrero de 2013 | Denuncias | (Colombia)

Ley Antidiscriminación, un problema de opinión

Ley Antidiscriminación, un problema de opinión
Foto:Nafer Velaides

 Opinar no es delito según el Procurador.

Con este concepto Alejandro Ordóñez procurador colombiano, solicitó a la Corte Constitucional derogar la Ley Antidiscriminación que en la actualidad rige en Colombia y que fue sancionada por el actual presidente Santos; de acuerdo a este planteamiento, esta ley viola el derecho constitucional de la libre expresión, una verdad que solo el gobierno no ve.

Hasta ahí no solo está el alcance de esta solicitud, sino que ello ha revivido de nuevo y a buena hora, el debate sobre el derecho de opinar en Colombia sobre todo cuando de opinar se trata en temas relacionados con las minorías; decenas de casos se van conociendo en la cual se han pretendido cercenar la opinión y callar la boca a las personas en asuntos morales cuando se violan los fundamentos de la convivencia como en el caso de la comunidad LGBT, donde a muchos pastores y sacerdotes han pretendido de enviarlos a las cárceles por atreverse a levantar una voz de protesta en temas sobre el matrimonio, y la adopción de niños de esta comunidad.

No se puede violar la constitución impidiendo el goce de derechos como el de la libertad religiosa, cuando se expresa una posición en lo ideológico en lo moral y religioso. En los recientes debates como los del concejal cristiano Marco Fidel Ramírez y La administración del Alcalde Gustavo Petro, se evidencia lo sesgado de esta ley en proteger conceptos que milenariamente la sociedad ha rechazado.

Alguien dijo: “no se puede sacrificar un mundo para pulir un verso” y cómo se nota la razón que tenía este pensador; la moral y los principios de la sociedad, no se puede llevar al plano de la democracia ni del poder; existen unas líneas invisibles pero reales, que delimitan estas fronteras, hay unas consideraciones que nos gustaría se hicieran los impulsadores de temas contra la vida y la moral, por ejemplo quienes impulsan el aborto, a ellos no le negaron el derecho a nacer, quienes dicen que una pareja del mismo sexo pueden casarse, ellos no se levantaron en un hogar así, fueron concebidos por papá y mamá, incluso los impulsadores de estas medidas en las salas legislativas pertenecen por lo general a hogares de formato tradicional.

No es delito opinar y quienes se vanaglorian con esta medida, creo que tienen una enorme responsabilidad en el paulatino deterioro de esta sociedad.

Lógico que no hay que discriminar a las personas, pero tampoco se debe discriminar el pensamiento de los que defienden las causas morales.

El demandante de esta ley, es el ex senador  cristiano Víctor Velásquez que viene haciendo una férrea lucha contra este y otros atropellos que apuntan directamente a profundizar una brecha de desigualdad en asuntos religiosos en Colombia, donde tenemos constitucionalmente libertad religiosa pero no muy lejos está la igualdad religiosa. Otro es el concejal Marco Fidel, quien viene batallando férreamente en la defensa de la moralidad de los bogotanos, sobre todo en el tema de familia; pero quedan en deuda varios congresistas cristianos con opinión y poder pero que no se han atrevido a sentar sus puntos de vista al respecto, y cuando lo hacen se les nota la falta de carácter porque no hablan a profundidad de estos asuntos, dejando a un lado el compromiso con quienes les han elegidos creyendo que se tiene una representatividad moral en las curules del Congreso en Colombia. Irónicamente esta ley es de autoría del Senador Cristiano Carlos Alberto Baena, y uno no se explica como precisamente esta ley viola los fundamentos de los principios cristianos, y la libertad religiosa de opinar libremente en lo moral y qué bandera se levanta ahí que beneficie por lo menos la colectividad del pueblo cristiano que se dice representar.

Por algo en Colombia somos fácilmente predecibles; se conocen a leguas el futuro accionar de los políticos dependiendo de los partidos que representan, sacrificando la verdadera esencia de los gobernantes, que es buscar el bienestar integral de las gentes independiente de las creencias que se tengan, no se puede desarmar una sociedad  de 46 millones de piezas, para armar un rompecabezas de un centenar de fichas.

Por: Nafer Velaides

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