Por: Javier Santamaría
Columnista y critico de TV
El día de ayer un comunicador-periodista fue víctima de un típico caso de fleteo tras haber efectuado una transacción bancaria en una entidad de la ciudad, sujetos armados a bordo de motocicletas de alto cilindraje lo abordaron cuadras más adelante, mientras se desplazaba rumbo a su residencia en un taxi conducido por un primo suyo, ambos fueron amedrentados y obligaron al taxista a entregarles la llave del carro, procediendo en fracción de segundos a hurtar la suma de dinero que había retirado minutos antes. Los delincuentes huyeron raudos en sus motocicletas llevándose un botín de cerca de 5 millones de pesos.
El periodista mantiene la hipótesis de una eventual complicidad de la cajera, quien según él se demoró demasiado en el trámite del retiro del efectivo. El gerente de la entidad bancaria asume que el periodista debió solicitar previamente el servicio de escolta policial dispuesto de manera gratuita y más cuando el monto a retirar era alto. La única alternativa que ofreció el gerente para colaborar en la investigación, era facilitarle al cliente, en un lapso de tiempo prudencial, el video de las cámaras para la identificación de los posibles sospechosos.
La verdad de esta situación es que la delincuencia que opera el sistema del fleteo está muy bien organizada y no da tregua en sus tácticas operativas y de inteligencia, en la que interviene una cadena de cacos conocidos como “campaneros” que se mimetizan entre los clientes del banco para estudiar a sus posibles víctimas, muchas de las veces abren cuentas en los bancos para sustentar su permanencia en los mismos o acceden a ficticias transacciones para hacer la fila, situación que les permite visualizar a detalle quien efectúa movimientos grandes de dinero en las cajas, para posteriormente alertar vía celular a sus compinches, los expertos en manejar las motos de alto cilindraje quienes esperan atentos en las inmediaciones ese llamado en clave para concretar el trabajo final.
No se pueden hacer señalamientos de complicidad a mansalva a los cajeros de las entidades bancarias, ni tampoco descartarse totalmente, pues aunque los parámetros de selección cada vez son más estrictos, precisamente con el ánimo de garantizar la idoneidad en todos los aspectos de los cajeros, puede darse el caso de la infiltración de personas no gratas ligadas a estas bandas.
El éxito de estas bandas se centra especialmente en la falta de toma de medidas de prevención por parte de los usuarios bancarios, quienes pese a las constantes advertencias y campañas pedagógicas siguen dando papaya y de la buena.
“El llamado paquete chileno”
Cierto día me encontraba haciendo fila en un banco para pagar una cuenta, me ubicaba algo distante de la caja, adelante había una señora ya mayor, vestida con un uniforme de aseadora de una empresa y tras ella un individuo de unos 36 años, bajito, algo corpulento, calvo, trigueño, vestido de jean y camisa manga larga, gorra y con un carriel atravesado, llevaba un paquete en la mano, denotaba cierto nerviosismo y azare, al lado, en la otra fila y cerca a la señora había otro individuo alto, vestido formalmente, quien trataba de entablar charla con la señora. Vi como el sujeto del carriel de repente tiro el paquete cerca a los pies de la señora y luego muy rápidamente, cuando ella se viró, lo recogió y se lo mostro, al abrirlo se veía un manojo de billetes de alta denominación, el otro sujeto que estaba al lado trataba de abrumarla, de envolatarla, percibí que intentaban convencerla de salir del banco con ellos, pero la señora reaccionó y a voz en cuello les grito.
___/¡Picaros me quieren hacer el paquete chileno, no! ¡Pues se jodieron, yo soy boba y ya me lo conozco!
Ante la sorpresiva reacción de la señora ambos sujetos se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. La señora era la aseadora de una oficina cercana a la cual sus patronos la habían convertido en mensajera, tenía la misión de hacer todas las consignaciones y retiros, una vez cumplía sus funciones como aseadora.
Los cacos saben, que las empleadas de servicios generales convertidas a fuerza en mensajeras, llevan consigo dinero y por ende se convierten en una de sus víctimas más usuales, por la facilidad en que logran envolverlas con el cuento del paquete lleno de plata.
Los cajeros automáticos también son sitio predilecto de su accionar y sus víctimas preferidas son los adultos mayores que llegan hacer retiros solos, en especial el día del pago de su pensión. Muchos de estos abuelos y abuelas, no tienen quien los acompañe a la diligencia o ellos mismos se obstinan en ir sin acompañante, convirtiéndose en presa fácil de los campaneros y fleteros, a razón de que no manejan con habilidad las funciones de cajero y ellos muy comedidos se ofrecen a prestarle ayuda al abuelo en apuros tecnológicos, procurando hábilmente obtener la clave, momento justo en el que realizan el cambiazo de la tarjeta débito y el posterior retiro del dinero consignado al ingenuo y confiado abuelo.
Hoy en día lamentablemente no se puede confiar en nadie y más si uno se encuentra en una corporación bancaria o un cajero automático, hay que tener claras todas las recomendaciones, no se puede recibir ayuda de extraños, entablar charla en las filas de los bancos, entregarle dinero a personas distintas a los cajeros y si se retiran o consignan fuertes sumas de dinero en efectivo, recurrir al servicio de escolta policial gratuito.
Estos campaneros no siempre se visten informalmente de jean, camisa manga larga, gorra y carriel terciado, con el paquetico apretado en la axila o cargado en la mano, también se visten de sastre, corbata y maletín ejecutivo, dando el aspecto de ser alguien muy importante y adinerado.
En los bancos suele haber un solo guarda de seguridad, quien por lo general debe permanecer apostado como momia detrás de los cajeros, impidiéndole detectar a los campaneros camuflados. Otras veces se puede mover por toda la oficina y de su habilidad para detectarlos depende la neutralización de su estrategia de inteligencia preliminar. No justifico entonces, que a un hombre de seguridad bancario se le pague solamente el salario mínimo, pues su riesgo es muy alto.
Las cámaras que se instalan en los bancos pertenecen a compañías de monitoreo generalmente radicadas en Bogotá y cada operario de monitoreo tiene a su haber una gran cantidad de entidades bancarias, lo que hace difícil la oportuna detección de estos campaneros en flagrancia. Los funcionarios operativos de monitoreo llegan de entrada por salida al banco y son fácilmente detectados por los campaneros que bajan la guardia mientras hay moros en la costa. Igual situación sucede con los agentes policiales encargados de la vigilancia del sector bancario, su recorrido es amplio y solo entran a firmar una minuta y salen rápidamente, solo como para dar constancia de su fugaz visita.
La delincuencia no descansa y cada día están implementando nuevas estrategias para lograr su cometido exitosamente, ellos van por lo que van y no les importa cegar una vida, ¡la seguridad es responsabilidad de todos, no podemos seguir dándoles papaya servida a estos cacos!.
jahesa@hotmail.com



Comentarios
jogafi
5 Febrero de 2011
1:51 pm
Javier, duro pero cierto lo que dices, la delincuencia aumenta geométricamente en ésta la otrora capital del cielo... ahora es la capital del DUELO, con tanto "muertico" como se les dice cuando los APILAN en medicina legal.
En menos de un año, he sido victima en dos ocasiones de los asaltantes, con full revolver en mano, en una de las oportunidades MENORES DE EDAD... de aquellos a los que la LEY... AMPARA, es decir TIENEN LICENCIA PARA MATAR... y que son el futuro del país...
Anteriormente nos engañaron con el cuento arriero de la seguridad democrática, ahora es la prosperidad...pero para los cacos...
Saludo cordial.
criticoncolombiano
5 Febrero de 2011
8:18 pm
Lamentable, pero es asi Jogafi, los delincuentes juveniles hacen de las suyas y las ley los ampara, irónico e inadmisible.
Dorita1923
5 Febrero de 2011
9:21 am
Don Javier, le comeno que hace como seis meses un yerno mío fue asaltado tras salir del banco, lo curioso del caso es que estaba casi vacio, solo tres personas haciendo fila y todas mujeres, el no noto nada extraño, pero cuando llegó a un semáforo unos 10 minutos despúes de haber salido del banco dos tipos en una moto lo intimidaron y le robaron el dinero, es ahí cuando se hacen especulaciones respecto a la vinculación de los empleados del banco con estos delincuentes.
moderador
4 Febrero de 2011
5:03 pm
Nuestra solidaridad. Que la denuncia públuca se convierta ne una investigación que rinda frutos.
osgir
4 Febrero de 2011
3:47 pm
El hampa en este país cambió de cancha . Ahora juega como visitante gracias a la INSEGURIDAD DEMOCRATICA.
criticoncolombiano
4 Febrero de 2011
3:19 pm
No demos papaya, quien no oye consejos...
GINAESCHEBACK
4 Febrero de 2011
3:17 pm
El servicio de aocmpañamiento de la policía es gratis, de eso soy testiga y muy efectivo, usemos esos pocos recursos de protección que aún nos quedan.
Gracias por la información Javi