

Colombia en los últimos veinte años, sufrió un proceso de desindustrialización intensivo. De allí, que el aporte de la industria manufacturera al PIB nacional disminuyó pasando de 21.4% en 1990 a tan solo 13.6% en el año 2000. Con la merma de la base industrial del país, y la llegada de multinacionales sin que mediara ningún tipo de control, las fuentes de empleo empezaron, como era lógico, a desaparecer.
Lo paradójico del asunto, es que el grito de inconformismo de los jóvenes, que era lo lógico, se ahogó con la utilización de un nuevo término. “Emprenderismo” palabra que por cierto ni siquiera aparece en el diccionario de la RAE. La protesta justa contra la entrega de la producción y el trabajo nacionales a empresas foráneas y un puñado de “cacaos” se cambió por seminarios sobre creación de empresas con presentaciones en power point de tipos en corbata subiendo una montaña, y frases que por si solas no solucionan nada como "mirar el árbol no nos deja ver el bosque",o "cada problema es una oportunidad." Los asistentes salían con una infinita melancolía porque no se les había ocurrido esa genialidad, esa idea de negocio que los iba a volver millonarios.
Al lado de las cajas registradoras de esos hiperalmacenes que llegaron a ese paraíso tributario que es Colombia si se es una empresa extranjera, se vendían toda clase de libros que invitaban a enfrentar con nuestra malicia indígena y con argumentos metafísicos a verdaderos emporios mundiales. Algunos como El Secreto, que logran darle tintes de chamanismo a los postulados de la física cuántica. Un cuento barato pero bien echado.
Lo cierto es que en Colombia, menos del 5% de las iniciativas de creación de Pymes sobrevive, y si lo hace, las personas dueñas de la iniciativa son premiadas en ferias como Expo Camello. Con tan pocas oportunidades cuentan los pequeños empresarios que quien sale adelante merece ser premiado. Y creo que con razón.
En una economía decente, la inversión privada nacional debería tener mejores oportunidades de surgimiento. ¿Cómo? Inicialmente recuperando el arancel de aquello que se produce en nuestro territorio. De igual manera, esas exenciones tributarias que la “confianza inversionista” le ha dado a los extranjeros deberían concedérsele a nuestros empresarios, que en medio de la desesperación responden por el empleo de miles de personas cuyo consumo local es en últimas, lo que mantiene vivo el mercado interno.
El INVIMA, y la DIAN, implacables en el seguimiento, cojos en la atención y el acompañamiento, de los ciudadanos, (hay que llamar al INVIMA a solicitar una información a ver como nos va) los pares de zapatos chinos a menos de diez mil pesos que inundan las calles, los perversos TLCs, y el favorecimiento de unos pocos por parte del gobierno, (Agro ingreso seguro o las zonas francas de los hijos del presidente Uribe) son generadores de gastritis para el empresariado Colombiano y lo dejan en el más adverso perverso de los escenarios.
¿La culpa es de la vaca? Lo dudo. Más bien, de un paquete de medidas que durante años han empobrecido al país y desestimulado nuestra economía. Medidas que por cierto, fueron tomadas por todos esos políticos que hoy por hoy, tienen garantizado su reencauche bajo la sombrilla del mal llamado Proyecto de Unidad Nacional.



Comentarios
lugue79
6 Julio de 2010
9:15 am
El emprenderismo, o emprendimiento, -segun la región-, es basura burocrática. Programas como Jovenes con empresa, Fondo emprender, Cultura E y afines..son crueles. Ojalá se les hiciera un análisis con indicadores de rendimiento sobre inversion, y eficiencia de impuestos pagado sobre nomina, para que vieran que se van millones de pesos que no se recuperan en impuestos. Ahi vamos, simulando que trabajamos en crear una cultura de empresarismo, para la que nuestra cultura no da, porque preferimos el trabajito bien pagado, con prestigio social asegurado.
numeroinverosimil
6 Julio de 2010
5:17 pm
Alentar la cultura del riesgo empresarial, de persecucion de tus propias metas con apoyos, orientacion y ayudas está bien, el caso es si el gobierno la incentiva adecuadamente o no. Si por un lado alienta y por otro pone trabas y da beneficio injusto a terceros foraneos en liza ¿de que sirve?
De todos modos el espíritu emprendedor se debe alentar y apoyar las nuevas ideas en su desarrollo, pero no es la panacea, no todos podemos ser empresarios, como tampoco podemos ser todos trabajadores por cuenta ajena, como tampoco todos licenciados universitarios, ni todos peones de construccion.
Un cordial saludo
numeroinverosimil
6 Julio de 2010
7:51 am
Es fácil decir que cada cual tienen que "emprender" y salir adelante, cuando se ve como los negocios existenten fracasan y los nuevo ni consiguen sostenerse, todo ello por medidas incorrectas que incentivan lo foraneo al tiempo que desincentivan lo propio.
En muchos lugares se está cometiendo ese error, o algo peor, tal vez se esté haciendo con algún propósito... No quiero ser mal pensado, prefiero pensar que es simple estupidez... Si alguien lo cree defendible que lo defienda...
Me ha gustado el artículo.
Un cordial saludo