Denuncias - La ciudad que podría arder | soyperiodista.com
17 de Mayo de 2012
23 Agosto de 2010 | Denuncias | (Colombia)

La ciudad que podría arder

La ciudad que podría arder
Foto:http://www.google.com.co/imgres?imgurl=http://www.elvocerous.com/images/stories/

Un hombre se presenta en una estación de policía con su camisa manchada de sangre. Acaba de cometer un crimen execrable, los celos enfermos lo han hecho apuñalar 38 veces a su esposa y dejado huérfano a su hijo.

Es liberado en dos ocasiones en menos de 48 horas y ha huido. Un joven es herido en un intento de robo, los hampones han sido capturados, el joven quiere presentar una denuncia. En la estación de policía le informan que debe ir a Medicina Legal, para ser evaluado. En el lugar no lo curan, solo toman su declaración y dan constancia de que en efecto esta herido, cuando vuelve a la estación, le dicen que han liberado a sus agresores. Cuando trata de indagar, de exigir y protestar, los policías lo amenazan.

Un joven profesor, acompañado de su novia saca dinero de un banco en un sector residencial, por alguna misteriosa razón un criminal sabe del trámite y los asalta. El joven se resiste, o incluso,  ni siquiera tuvo tiempo, el criminal le dispara y lo asesina. Huye, pero es herido y finalmente es aprendido por la policía, es posible que salga libre.

La inseguridad se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad, está tan arraigada en nuestro día a día que no sabemos andar por el mundo sin mirar sobre el hombro, sin sospechar, sin tener miedo. Todos los días miles de historias circulan de boca en boca, las urgencias de los hospitales se llenan de angustia y desolación, las estaciones de policía rompen record en dejar libres a toda clase de sabandijas, con tal de no diligenciar los formularios o redactar los informes o sencillamente porque los criminales les ofrecen un dinerito. Los gobernantes de turno, sin importar su tendencia, hablan de cifras, citan estudios, todo con tal de evadir temas incómodos. Los altos mandos de la policía se esconden detrás del discurso de honor y servicio, mientras sus subalternos, en su mayoría, tratan de sobrevivir con un sueldo paupérrimo o viven tratando complementar sus sueldos con otros ingresos poco ortodoxos.  

Todos los días los ciudadanos se sienten desprotegidos, vulnerados, temerosos. Nuestro sistema de salud es una estructura corrupta, ineficiente, plagada de burócratas vulgares y lobistas codiciosos. La fuerza policiaca está plagada de mediocridad, corrupción, abuso e inoperancia. Son incapaces de hacer bien las cosas, todo lo hacen a media marcha, con desgano, siempre dispuestos a la tajada. El sistema de judicial es absurdo, atrasado, lleno de vericuetos y vacios que hacen que impere la impunidad sobre la ley.

En estas condiciones, los límites de la decencia son cada vez más difusos y la violencia más desenfrenada. La ciudad se ha hecho un lugar impredecible y feroz, donde el peligro acecha agazapado a mitad del día, en cualquier calle o avenida, en el servicio público, en un centro comercial, en el norte o el sur, en el oriente o en el occidente. Vivimos asfixiados de angustia y miedo, sin saber si vamos a volver por la noche a nuestras casas. Estamos cansados.

El cansancio deteriora la fibra que sostiene nuestra cordura. Esta lasitud de la justicia y las fuerzas de seguridad desafía nuestra noción de civilización, orden, democracia y justicia. Por supuesto, hay que entender que esta situación es el resultado de una crisis profunda y añeja que está llegando a un punto de quiebre. Estamos al borde de un estado de caos y desenfreno. ¿Qué va a pasar cuando a los ciudadanos honestos se les agote el papel de víctimas? ¿Cuándo decidamos que la justicia y la policía no son de utilidad?  ¿Qué la única justicia depende de nosotros?

La respuesta es aterradora, pero probable dado el grado de decadencia al que hemos llegado. Las personas están hartas de sentirse amenazadas y ven enemigos en todas partes. Desde el mendigo que deambula con su costal al hombro pidiendo limosna, pasando por el muchacho que fuma un cacho de marihuana bajo la sombra de un árbol, el homosexual que se pasea con su pareja por la calle o la ancianita que saca a su perro a pasear.

Cuando se agota la sensación de seguridad, todos somos sospechosos, todos somos enemigos potenciales y sobre todo, desarrollamos la necesidad imperiosa de buscar recuperar esa impresión de seguridad perdida, y que mejor manera de hacerlo que armándonos y luego organizándonos, hasta que algún palurdo tendrá la idea de hacer algo. Reinará, por unos momentos, un silencio tenso. Nadie se va a atrever a dar el siguiente paso, hasta que otro asiente y los otros también asienten.

Entonces, de un momento a otro, un grupo de ciudadanos, comunes y corrientes, que buscaban colaborar con una buena causa, se convierten en un grupo de limpieza social, que decide que el muchacho que se fuma el cacho, el homosexual, el mendigo o la ancianita son dispensables, amenazantes y su eliminación necesaria para “salvar” la cuadra, la manzana, el barrio, la ciudad e incluso el país, entonces vamos a comenzar a matarnos unos a otros.

Si las condiciones no cambian, si las autoridades políticas y de seguridad no asumen sus responsabilidades, desde lo micro hasta lo macro, la ciudadanía va a desbordarse hasta consumirse en la hoguera de su propios crímenes. Necesitamos soluciones de fondo, leyes consistentes, severas, entidades administradoras de justicia sólidas, comprometidas que las hagan cumplir y una fuerza de policía eficiente, honesta y responsable con su papel.

De lo contrario la ciudad va a arder.

Por: Juan Felipe Ladrón de Guevara/

Cómo le pareció esta publicación?
No hay votos

Opiniones

1

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión. Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí

Comentarios

Humo Report

Humo Report

25 Agosto de 2010
9:15 pm

Excelente artículo, y como lo dice usted es el resultado de una crisis PROFUNDA y AÑEJA, que se está reflejando en la decadencia de valores en la sociedad actual, y que se ha venido desarrollando por las IINJUSTICIAS e INEQUIDAD SOCIAL de muchísimos años atrás, con gobiernos que solo miran sus intereses y los intereses de los "poderosos" económicamente hablando.
Las ciudades principales ya empiezan a "arder" y como ejemplo se puede citar a Medellín donde la guerra entre pandillas es pan de cada día. ¿a dónde iremos a parar?