

Son 23 años desde la última vez que un hincha de Millonarios cantó campeón y celebró con todos los fierros, tal y como lo han venido haciendo los hinchas de los demás equipos a excepción de unos pocos casos, porque desde que el campeonato cambió a la modalidad semestral, en Colombia queda campeón cualquiera, menos un grande, Millonarios.
En la noche del martes los hinchas de millonarios sufrieron, cantaron, soñaron, se esperanzaron y al final gozaron con la victoria. En la noche del martes hubo quienes hicieron lo posible por trasladarse a la fría e histórica Tunja y al final no pudieron ver el juego, todo porque el estadio la Independencia no estaba preparado para recibir una final y menos tratándose de la hinchada mas grande del país.
Desde la Guajira hasta el Amazonas, desde los Llanos hasta el Chocó hay un hincha de Millos. En la noche del martes no solo se consigue la victoria, se da un paso importante para el campeonato, sino que además se jugo bien, ordenado, con actitud y jerarquía.
Por momentos la pregunta de todos era sobre, de qué manera se iba a traspasar la barrera interpuesta por Gamero y sus 10 defensores, pero sobre todo a una de las figuras de la cancha, el juvenil y excelente portero Cristian Bonilla.
Tal vez por todo esto el triunfo de Millonarios cobra mayor valor, en frente no estaba cualquiera, talvez no era el Nacional con todas sus copas, no era el rival de patio, el archienemigo Santa Fe, no era el América de Cali, el otro 13 veces campeón, no, era el Chicó que de chico no tiene nada, el protagonista de los últimos campeonatos, el de la localía complicada, el del técnico combativo y guerrero, el del presidente temerario, el Chicó que venía de eliminar al Nacional en su propia cancha, aunque en cuanto a fútbol, por lo menos en la noche del martes, quedó en deuda, no queda duda que el de frente era un rival con oficio.
El partido por momento se le complicaba a “Millos”, obligado a ganar por historia, por tradición, por hinchada y por nómina, pero ni Toloza con su desbordado individualismo, ni Moreno con sus disparos a cualquier lado, ni Candelo con sus pases milimétricos podían encontrar la fórmula.
Transcurrieron 82 minutos para que al final llegara el momento del éxtasis, el premio al trabajo de la semana, para lo que trabajan técnicos y jugadores, su majestad el gol. Y vino de las piernas del último de los mohicanos, el último gran ídolo de la afición, el hombre de la cantera, el bogotano, el de la casa, quien mas sino Rafael Robayo, que con pase de Tancredi logró deshacerse de la marca y eludir al arquerazo Bonilla y mandar la pecosa al fondo de la red. Horas antes el mismo jugador había sufrido la pérdida de su abuelo, pero no importó al momento de empujar el balón o quizá le dio más fuerza y convicción para hacerlo en honor a su “abue”.
Millonarios se llevó la victoria de este primer episodio de la final de la Copa Postobón, que además da un cupo a la Copa Sudamericana del siguiente año. Todavía hay una semana de por medio y antes está el Pereira y surgen varia preguntas como, el técnico volverá a sacar un equipo mixto como lo hizo ante el Quindío? millos en su casa con estadio lleno saldrá a espera al Chicó?, el Chicó saldrá a cambiar la historia aunque en materia ofensiva en su propia casa dejó dudas?. Todo está dado para que en la semana Gamero y Páez planifiquen esta final y se jueguen sus mejores cartas.
Será otra semana donde el hincha de Millos volverá después de 23 años sentir la ansiedad del triunfo, de la victoria, de volver a levantar una copa así sea la Copa Postobón, una semana en la que hablará con su vecino, sus amigos, su portero, el taxista sobre cual será la alineación, la manera táctica, se sacará tiempo para sintonizar los programas de radio, en fin se respirará ambiente de fútbol y de título en Bogotá del que será testigo el remodelado y mundialista Campín. Solo esperamos que el invierno colabore y que el cielo este despejado….. y azul.


