25 de octubre de 2014
19 Enero de 2013 | Deportes

La honradez que se perdió...

La honradez que se perdió...
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Después de seguir de cerca esta novela en la que se convirtieron los lamentables hechos del dopaje de uno de los más “grandes” ciclistas de la historia, Lance Armstrong, queda un sinsabor quizás de lo que no se ha dicho y en mi opinión nunca se dirá.

El uso del EPO, cortisonas, testosterona y transfusiones sanguíneas, hechos confesos públicamente por el ciclista tejano, destapó nuevamente la polémica sobre el uso indebido de sustancia y de prácticas al margen del reglamento deportivo, en todas las disciplinas deportivas, pero principalmente por ciclistas de alto rendimiento.

La afirmación de Armstrong, que era "imposible" ganar el Tour de Francia sin consumir algún tipo de sustancia prohibida, desata también un cúmulo de interrogantes frente a la verdadera condición de los pedalistas y al sentido real que tienen en la actualidad las carreras de ciclismo en el mundo, pues el norteamericano también aduce en su entrevista televisada, que consideró como algo "normal" dentro del deporte del ciclismo ya que formaba parte de una "cultura".

¿Es pues entonces normal, doparse para ganar? Si Armstrong lo hacía, ¿lo hacían los demás?, entonces podríamos pedir, que otros grandes campeones de la época hablen, que cuenten sus experiencias frente a este espinoso caso.

Ya en el 1999, Marco Pantani, aquel italiano que ganara el Tour y el Giro del 1998, se vio envuelto en un gran escándalo de dopaje, al observársele altos niveles de hematocritos en su sangre, lo que sugería un caso de dopaje con EPO, finalmente “El Pirata” murió en el 2004 de una sobredosis de cocaína, y se fue a la tumba sin revelar la verdadera historia de la cual se le acusaba.

Todo es incierto, aunque para casi todos, es claro develar, que detrás de grandes triunfos y gestas ciclísticas, hay un halo invisible de dopaje entre, sino todos, si la gran mayoría de protagonistas de las mismas. Es malo caer, en creer que todos los ciclistas de la época y de las nuevas generaciones utilizan sustancias ilegales para mejorar el rendimiento, pero si desconcierta en determinados momentos, la aparición de espectaculares estrellas, que parecen salidas de “otro mundo”, con capacidades de esfuerzo anormales, imbatibles, con un poder de recuperación extraordinaria y en algunos casos, fulgurantes estrellas del deporte con “vida útil” de menos de diez años, con picos de rendimiento altos, pero que caen vertiginosamente de un día para otro.

Se añoran a los Bernard Hinault, Eddy Merx, Jacques Anquetil, Fausto Coppi, Stephen Roche, Luis Herrera, Sean Kelly, Pedro Delgado y muchos más, que con talento, dedicación, entrenamiento, pero sobre todo con profesionalismo, se entregaban en las carreteras del mundo para demostrar que el ciclismo es un deporte de esfuerzo, de valentía, pero finalmente de honradez, de esa honradez que se ha perdido, con el fin de buscar un triunfo, una camiseta de líder, un trofeo o verse al final de una larga jornada, en el lugar más alto de un pódium.

El deporte debe ir más allá de un triunfo, de una medalla, el deporte debe ser eso tan sencillo que nos enseñaron de niños y que ahora les enseñamos a nuestros hijos, el deporte debe ser el compartir, el “competir” sananamente, no en busca de un triunfo a cualquier costo, sino una disciplina, una modo de vida, que si los triunfos vienen…, pues bienvenidos, antes de ser un gran triunfador, un gran campeón, se debe ser un gran ser humano, el cual debe ser reconocido primero, por sus calidades personales y por la honradez, esa que le enseñan a uno desde la cuna, y que desafortunadamente, como en el caso de Armstrong…, se perdió.

Por: Javier Morales/

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