16 de Abril de 2014
21 Enero de 2013 | Deportes | (Colombia)

El Hombre al que muchos odian

El Hombre al que muchos odian
Foto:Rigoberto hace 35 años en las canchas cerca al Aeropuerto El Edén en Armenia

42 años ejerciendo, 6 golpizas, el tabique roto y en promedio más de 5 mil partidos dirigidos como arbitro de fútbol amateur en el Quindío, es todo lo que ha pasado desde el día en en que Rigoberto Ortegón Castañeda comenzó con este trabajo por curiosidad y se quedo por vocación.

Este hombre de negro, como les dicen popularmente en el mundo del balón pié, es odiado siempre por el equipo perdedor en todas las circunstancias. Nació en Armenia hace 63 años pero se crio en la vereda el Caimo a unos kilómetros del casco Urbano. Como el gran promedio de jóvenes del país, Rigoberto jugó fútbol desde los 12 años hasta los 19 cuando por muchas lesiones, uno de sus patrones y debido a sus constantes ausencias laborales, lo puso a escoger entre el juego o el empleo. Gano la necesidad económica y el fútbol lo guardo en un cajón de los recuerdos y las frustraciones.

Primer tiempo:
Meses después de prestar servicio militar como soldado adjunto del batallón Cisneros en donde estuvo 18 meses, un amigo le hablo de la posibilidad de ganarse unos pesos como arbitro de fútbol los fines de semana. No lo pensó dos veces y lo tomó como un pasatiempo en el que lleva metido 4 décadas y contando.

Su primer encuentro como Juez central fue el mismo año en el que Brasil se corono campeón en México en el año 1970 y fue en una cancha del colegio INEM de Armenia en el campeonato intercolegiado. Errores que no faltan le llevaron a tomar malas decisiones durante el encuentro las cuales terminaron con reclamos airados por parte de padres y dirigentes, afortunadamente nada serio que lamentar.

Pero de anécdotas es de lo único que se puede hablar en tantos años de correr detrás de los jugadores que corren detrás de un balón. Rigoberto recuerda que mucho después de su debut y ya curtido por el polvo y el sol de las canchas que están cerca del Aeropuerto el Edén, dirigió un encuentro en el que había unos hermanos mellizos en el mismo equipo. Efectivamente luego de una jugada violenta de parte de uno de ellos terminó expulsando al jugador equivocado. En medio de las efervescentes protestas se tuvo que retractar de su decisión.

Meticuloso y desconfiado

Con 63 semana santas de vida, como el mismo lo dice en tono burlón, nunca ha dejado que nadie le empaque su maleta de arbitraje. Siempre se cerciora de llevar las tarjetas, 2 pitos, guayos e incluso un reloj de repuesto en caso de que el oficial falle, además de dos uniformes por si un equipo lleva el mismo color de su ropa.

Siempre llega una hora antes al encuentro aunque oficialmente estos empiezan 15 minutos después de lo pactado, cosas de nuestra cultura Colombiana. En su voz levemente ronca se nota la pasión y la entrega incondicional por el oficio y con vehemencia asegura que jamás se ha vendido para favorecer un resultado de un partido hacia un equipo en particular. Le han insinuado hacerlo algunos dirigentes o inversionistas, claro, sobre todo en finales donde las apuestas jugosas afloran en el fútbol de barrio y empresarial, pero dice que el que se vende luego se ofrece, además atenta contra sus principios éticos.

Este consejo se lo ha dado a muchos de sus pupilos a quienes les ha enseñado los trucos del arbitraje y pese a que muchos de ellos han logrado incluso superarlo, algunos no siempre le han hecho caso y no han terminado con dignidad su recorrido en las canchas.

Todos tienen una madre

Doña Amparo Castañeda, su señora madre, era una partera campesina de mucho temple y vigor que los crió a el y a otros 13 hermanos como la pobreza la dejó, al lado de su esposo Jose Ortegon. Hoy 36 años después de su muerte causada por cancer, rigoberto no puede olvidarla todavía y no por nostálgico, porque no lo es en los más mínimo, lo que pasa es que los sábados y domingos en cualquier cancha polvorienta o con gramilla del departamento, siempre y por cualquier motivo se la recuerdan como la trabajadora sexual que nunca fue; Eso lo hacen los jugadores, técnicos o simplemente hinchas apasionados que siempre serán intolerantes.

“Esos insultos son parte de la rutina”, asegura casi con resignación y frente a eso no queda más que poner oídos sordos y seguir con su trabajo como sin nada hubiera pasado. Si el madrazo viene de un jugador, una tarjeta roja soluciona todo. Si es de parte de un directivo pues lo tiene que retirar del campo de juego y si es de un aficionado ahí si ni modo. Por eso no se desgasta. Tiene las armas legales del fútbol para protegerse.

Los errores se pagan con sangre

Lo que si no es un gaje del oficio arbitral muy fácil de aceptar y de lo que no ha tenido como protegerse, es de las 6 golpizas de las que ha sido víctima en todo este tiempo. Una de ellas fue hace 18 años en la cancha del barrio la Isabella. Sucedió después de expulsar a un jugador que lo atacó por la espalda, este hecho le dejo como huella el tabique roto. Se fue de cirugía estética.

La última agresión la vivió en el 2009 en el estadio de Calarca. Los ánimos estaban subidos en una semifinal y cuando menos pensó, luego de una sanción justificada la gente se tiró de la tribuna a la gramilla. Una verdadera batalla campal fue lo pasó. Recuerda que se enfrentó el solo a 8 aficionados al mismo tiempo y que le dieron con el alma. Sus colegas asistentes de línea corrieron con la misma suerte y pase a que intentaron refugiarse fue inútil.

Otro recuerdo inolvidable de su carrera fue lo que le pasó en el Municipio de Motenegro, cuando le toco correr desde la cancha directo a unas plataneras que estaban cerca para escapar de la multitud enardecida que pedía justicia, justo a quien es el encargado de impartirla. Tuvo que dejar sus cosas tiradas en el camerino y quedarse escondido hasta tarde y salir cuando todos se habían marchado.

A un paso de la A:

A los 41 años de edad y en el mejor momento de su carrera deportiva, cuando su paso por la categoria primera C y la primera B tenían el éxito y regularidad exigidas y justo cuando ya se veía con escarapela de profesional en la A, una circular de la comisión arbitral decía, según sus propias palabras, “que no querían saber nada de árbitros mayores de 40 años. Que era mejor no perder el tiempo con ellos”. En ese momento todo terminó y conformarse con seguir en las canchas de futbol amateur de barrios y veredas fue su único destino.

El pitazo final:

Hoy día, pese a los achaques físicos que llegan con los años y que son casi justos a los 63 que tiene cumplidos, Rigoberto sigue estrenando 2 veces por semana y del retiro es mejor no hablar. Siempre lo contempla pero nunca lo hace efectivo. En eso lleva 6 años para decidirse pero lo máximo que dura sin dirigir encuentros es 2 meses. Es en la cancha de futbol donde siente que los años no pasan y que el tiempo se detiene ante sus ojos. No se envejece. Es ahí donde sabe que 42 años corriendo detrás de 22 jugadores que corren detrás de un balón no lo han hecho rico ni famoso pero han sido gratificantes. Inolvidables.

 

 

 

Por: robinson castañeda/

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