31 de Julio de 2014
26 Febrero de 2013 | Deportes | (Colombia)

Eliminatorias 2014: Colombia vs Bolivia y la coca

Eliminatorias 2014: Colombia vs Bolivia y la coca
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Ya en menos de un mes, el próximo jueves 23 de marzo, a las 6:00 p.m. el estadio "Romelio Martínez" o "Metropolitano" de la ciudad de Barranquilla, será una gigantesca y profunda olla hirviendo por el calor y la humedad propios de la ciudad, a esa hora exacta y encima, por el también inmenso y ensordecedor calor de los casi 60.000 fanáticos que se encargarán con sus caribeños gritos de asfixiar y freir allá abajo, en la sartén verde de la cancha, a los jugadores de Bolivia que con sólo pisar la cancha quedarán más agotados que la boletería, cuando se enfrenten a Colombia en el partido de vuelta por las eliminatorias para el mundial Brasil 2014.

El de ida ya lo ganó Colombia con gol de Falcao, en La Páz, con 5 grados de temperatura.

Pobres bolivianos, la gran mayoría de ellos al no tener oportunidad de jugar internacionalmente salvo un par de excepciones como Martins el argentino nacionalizado boliviano y por ahí tal vez otro, de apellido Quinteros, los demás no han jugado en el fútbol europeo, asiático, africano o latinoamericano. Ellos juegan en sus equipos locales, en una altura geográfica, como La Paz o Santa Cruz de la Sierra, donde de si saltan mucho, para dar un cabezazo, le pueden pegar accidentalmente a una nube, a un pájaro, o a un avión, en vez del balón.

Cuando bajen desde la gélida altura de La Paz, al macro-horno de Barranquilla, simplemente se van a sancochar.

Y no habrá té de coca, ni hoja de coca -que para ellos es un orgulloso cultivo- ni nada de coca, que les devuelva la energía a sus piernas, principalmente cuando promedie la mitad del segundo tiempo. Para entonces estarán más que fundidos, simularán que están atentos y que corren, pero solo en su mente, porque su cuerpo de baja estatura y frio por naturaleza, será vapuleado sin misericordia por casi 45 grados de calor infernal, fogonazo en el aire que será para ellos como cuando llegan de un frio día de lluvia allá, en La Paz, entran a su casa, van a la cocina y abren el horno para ver lo que están cocinando, pero lo cerraran casi de inmediato, como a los tres segundos, porque el vaho hirviendo que sale por la boca del horno les resulta simplemente insoportable.

Esa misma sensación térmica, la tienen que soportar durante noventa minutos y no solamente en la cara sino en todo el cuerpo, ni más ni menos que frente a esta selección Colombia, agresiva,aceitada, coherente y Pekermaniaca.

Y como dije, ante 60.000 costeños emberracados gritándoles.

Eso, no es poca cosa.

Este agotamiento físico y mental lo deben capitalizar al máximo los colombianos no solo para ganar, sino para aplastar a los Evos, sacudiéndole por lo menos 5 veces las mallas, obligando al portero a que vaya resignado a sacar de la garganta de su portería el balón que como un bocachico queda atrapado en las redes.

Y con todo respeto, no para humillarlos.

Sino porque necesitamos de ese partido, el gol diferencia.

Pobrecitos los bolivianos, van a sufrir seriamente, cuando quieran una bocanada de aire, les entrará por sus labios resecos ese calor que le va a quemar los pulmones, al tener problemas de respiración, no les llegará suficiente aire al cerebro, sentirán el mareito que le llaman soroche de altura, y a su vez no podrán ordenarle a las piernas que corran, porque tal atizante orden se convierte en un suplicio que raya con la agonía.

Al terminar el primer tiempo con sus uniformes empapados de sudor, entraran al aire acondicionado de su camerino (que no va a funcionar a última hora...) de visitante y desesperados querrán coca, coca en té, coca en hoja, o coca en Coca-Cola, y si le preguntan algún colombiano, costeño y además mamador de gallo, que si tienen de alguna otra coca, el colombiano les entregará, el palito que se une por una piola a una bola con un hueco a ver si la embocan.

Porque esa coca también es colombiana y viene desde nuestros ancestros.

Saldrán al segundo tiempo, bañados, con uniformes nuevos y al minuto 20 más o menos, manos en jarra, lesiones demoradas, y todo lo que puedan disimular para resistir los embates furiosos, precisos y veloces de once camisetas amarillas de que para rematar les transmitirán más calor visual, de un equipo colombiano que sabe que en instancias anteriores quedó eliminado por un gol diferencia.

Y que esta vez, no va tener ninguna consideración. No puede. Y no debe.

Y si los bolivianos en camiseta de color fresco verde o blanco, miran a las tribunas que los rodean, verán otras 60.000 camisetas amarillas que los llevarán al límite del desfallecimiento y se querran ir cuando para rematar, la afro-melena rizada y amarilla del pibe Valderrama se mueva al ritmo del Joe, mientras escucha en su transistor la canción: “En Barranquilla me quedo”.

Cuando el pitazo final, les anuncie que el suplicio terminó, apenas tendrán fuerzas para tratar de quitarse un camiseta pesada otra vez por el sudor, colgársela al cuello y desear regresar a La Paz, esta vez no para abrir el horno, sino la puerta de la nevera, detrás de la cual, seguramente tendrán una generosa jarra de te té helado.

De coca, por supuesto.

Para que les ayude a pasar el trago amargo.

Pobrecitos…los vamos a ahogar!!!

 

Alfonso Acosta Caparrós

alfonsoacostacaparros@gmail.com

 

Por: Alfonso Acosta Caparros/

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