

Lamentablemente los jóvenes somos catalogados casi por el mundo entero como las personas más perdidas, impredecibles y sin caminos seguros que puedan existir. Que vivimos del placer y jugamos con los derroches avaros que nuestro cuerpo permite. Que el alcohol, sexo, drogas y en casos contrarios algunos cuántos libros son los patrones de nuestra vida. Y que probablemente nos hacemos los de los oídos sordos con tal de no aprender de los mayores ni simular el respeto que verdaderamente no merecen.
Dicen que cada hijo es el reflejo de su padre, o quizá en casos más extremos todo lo contrario. Esto se debe a que desde que nacemos somos seres absorbentes de información, que crecemos con la cultura del ejemplo e imitamos a quienes son los responsables de nuestro aprendizaje y por ende la imagen de nuestro futuro. Así pues en el primer caso está el hijo con cara de padre en versión pequeña, sin identidad y totalmente vulnerable a cualquier tipo de critica que su jefe le pueda realizar, en la segunda versión tenemos a aquel joven que se rehúsa a llevar la vida de un mayor que probablemente esta mas perdido que unos cortos 18 años.
Por eso juzgar a la adolescencia es como creer saber lo todo sin poder decir nada. Nadie sabe cuán influyente es la crianza que ofrecen los mayores sobre nosotros. Y muy pocos se imaginan que mientras callamos o renegamos de cualquier situación, hay un agente critico que nos confunde la cabeza diciendo que ejemplo hay que seguir; si quienes se supone nos preparan el camino no han logrado ni construir el de ellos mismos.
Una adolescencia perdida es el producto de los caprichos de un joven que cree que su ejemplo está por debajo de sus ideales y que aunque en muchas ocasiones no sea del todo cierto. Créanme son muy pocos los padres que se detienen a pensar en la muestra de vida que brindan a su legado y mucho menos analizan las consecuencias de las acciones que pueden traer para los menores.
Por eso adultos antes de nombrar a la desventurada juventud, primero reflexionen acerca de su vida, crezcan y sean fieles a sus ideales. Pues ya hemos visto jóvenes con espíritu de grandes y grandes sin una gota de este.
Ana María Martínez.



Comentarios
osgir
22 Enero de 2012
6:35 am
La "epigenética" enseña que el SER HUMANO es, cuando nace ,un producto de los genes y del ambiente que en nueve meses, o menos, tuvieron estos. Luego, sigue el mismo cuento pero ya ,no solamente con la influencia MATERNA ,sino con la influencia de otro IGNARO : el padre..