

Por Javier Hernando Santamaría
Quizás el fallecimiento de una escritora para televisión no suscite tanto despliegue en medios, como si lo genera la muerte de un actor o cantante famoso, a lo mejor porque su trabajo pilar de ese gran armazón que erige la televisión, no tiene el reconocimiento merecido aún y todos los laureles y reconocimientos se los llevan otros.
Mónica Agudelo partió a la eternidad esta madrugada en la ciudad de Bogotá tras padecer un cáncer, era una mujer a la cual poco le interesaba figurar o robar cámaras, fue la pupila más consagrada que tuvo el maestro de maestros Bernardo Romero Pereiro, a su lado conjugaron éxitos tan recordados como Señora Isabel, La maldición del paraíso, Sueños y espejos y Sangre de lobos.
Los libretos de Mónica siempre se caracterizaron por estructurar diálogos elaborados y profundos que esquematizaban a la perfección la esencia interior de cada uno de sus personajes, sin duda una cualidad heredada de su maestro y tutor, a quien le fascinaban las escenas largas acompañadas de diálogos, casi monólogos con gran carga emocional que conectaban al televidente de inmediato con la escena, moviendo sus fibras más intimas y creando empatía instantánea que se mantenía hasta el último capítulo de cada novela o serie.
Mónica Agudelo vivó tan solo 55 años, un paso fugaz por esta vida donde ella hizo lo que más le apasionaba: escribir historias de la vida compinchada con la estructura del melodrama, un genero que manejo a la perfección en telenovelas como La hija del mariachi, la cual escribió a tres manos junto a su hermano Felipe Agudelo y Mauricio Miranda, fallecido el año pasado, esta producción literalmente enamoro a Latinoamérica.
Entre sus trabajos figuran también: La madre, Amor sincero, la teleserie Hombres que se emitió en México, Brujeres, La costeña y el cachaco, La madre y Eternamente Manuela entre otras.
La muerte es inexorable para todos los seres vivos, empezamos a morir desde el mismo instante en que abrimos los ojos a la vida, hay quienes asumen esta transición con gallardía y entereza, sobre todo cuando una enfermedad letal nos acorta el camino, pero la mayoría de nosotros lo hacemos con temor al desconocer a ciencia cierta que pasara después y por eso evadimos hablar del tema o nos refugiamos en nuestras creencias religiosas, nunca nos preparamos para ese momento que tarde o temprano ha de llegar…
En la eternidad, Mónica Agudelo, Bernardo Romero y Mauricio Miranda deben estar tertuliando de lo lindo, satisfechos de saber que su valioso legado sirvió para construir lo que hoy es considerada la meca latina de la televisión, desde arriba inspiraran a las nuevas generaciones de libretistas. ¡Paz en la tumba de la señora Mónica Agudelo!
jahesa2011@hotmail.com



Comentarios
ladypapa
2 Febrero de 2012
4:04 am
Debemos alegrarnos de que fue una mujer que supo hacer, de su afición su trabajo, que lo disfrutó a su manera . Algo que no muchos podemos hacer.
luisalejandrodiaz
30 Enero de 2012
2:07 pm
Mucha inaginación en sus textos y un derrame de esparcimiento para los televidentes. Feliz tarde.
Francaditalia
30 Enero de 2012
3:01 am
Como bien lo escribes, un libretista, un guionista, permanecen en la sombra de los directores, cuando son ellos los que le dan vida a las historias. Gracias por la info.
jogafi
29 Enero de 2012
8:49 pm
Una mujer que muere muy joven, luego de perder la batalla contra el CA, dejò buen legado para la televisiòn, merecido recodarla Javier,
Paz en la tumba de Mònica y fortaleza para su familia.